Historias de violencia

Cuando me planté ante un papel a decidir sobre lo que me quería escribir o me gustaría llegar a, el sujeto de la escritura -dicho de forma bastante pretenciosa-, comprendí que debía centrarme en algo que desconociese de forma casi total, por no eludir el estúpido casi. Las relaciones humanas me inquietan y me maravillan en tanto que me asustan de forma espantosa. Me parece que el lenguaje te permite reflexionar, escupir la verborrea y ponerlo todo el orden. No sé si nosotros mismos admitimos un equilibrio del caos, pero en fin, en fin. Avanzando un poco más, supe que todo se reducía a historias, éramos como relatos invertebrados y que teníamos el corazón, como dice Siles, escrito y reescrito con caracteres cuneiformes. Por eso creo, y sobre todo en el amor, que somos como diminutas conversaciones. Historias de violencia. El amor, hablando de otras cosas, lo es auténticamente, es como una vorágine. Nosotros somos escalofríos: somos lo que nunca habremos de ser. Y de ahí la provocación.

a,

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