«el-silencio-es-tentación-y-promesa»

mi cuerpo nunca más

podrá recordarse.

Alejandra Pizarnik.

*

He necesitado el silencio como abismo conspicuo del eco de mi voz. He deseado la lectura como cuerpo; también he anhelado la temática del alimento humano. Dejar de escribir no significa, valga la redundancia, dejar de escribir: tan sólo simboliza dejar de otorgar materialidad al hecho de cohabitar con un flujo de existencia difícil. Y el mío es un pensamiento de mujer que se reconoce en su género, un ideario firme, vivo… también cambiante y multiforme. Es, prácticamente, el manifiesto de un arquetipo narrativo. Daniel Innerarity nos dirá, no sin razón, que la no-escritura nos hace correr un grave peligro, caer en lo que denomina «atrofia narrativa». Por lo tanto, se podría decir que «escribir» es, netamente, alimentarse de los «cuerpos» dichosos conformados por la poca seguridad que transluce la imagen «aliento-sobre-nuca». El miedo sobre mí es el miedo proyectado de los otros ante mi imagen. Escribo para no morir y, además, escribo para dibujar los trazos gráciles de mi identidad sobre mi piel, único lugar donde puedo leer auténticamente.

Ahora puedo pronunciar sin miedo «ha pasado el tiempo»,

siendo cierto. Mi «yo» lo requería. Era mi «yo», mi todo «yo» en su más grotesco esplendor.

Sin ropa: en carne viva.

¡Hola!

*

Cindy Sherman.
Cindy Sherman.

*

A,

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