NP-in-da-nait.

Me debatía en la noche: terminar un trabajo que no acabaría aquella oscura, oscura noche, es decir, afirmar tajantemente que me quedaba hasta pasadas las dos de la mañana por mero academicismo lúdico (todos sabíamos que no terminaría jamás, no aquella noche y disculpen que escriba tanto la palabra «noche», pero mi registro es parco y titilan los astros azules a lo lejos).

El caso es que sentí la honda necesidad, como de pronto, de escuchar hablar a Nicanor Parra. No me inquietaban sus anti-poemas, no, para nada, aquello había quedado tan sumamente lejos… tan sólo quería su voz, su voz en la noche, en repetición continua y anodina hasta que lograse caer dormida y no pensar más en el trabajo, trabajo, trabajo…Accedí a una página en la red y acabé en otra en la que su nieto -pero qué guapo y cuál de ellos y cuán frívola yo, yo, yo- pronunciaba el discurso que su abuelo tendría que dar con motivo del Cervantes, que por fin, redios, por fin le concedieron y bueno.

Él, seguro, en aquel momento, en este dulce y tierno momento (2:13h) y con sus más de cien años cogiendo el auto debía estar riéndose desde otro punto del planeta en el que es aún de día y no hay una muñequita de porcelana tecleando absurdas palabras, palabras sobre la condición de ser mujer, lo que significa y nada. Nada por morirse a estas horas por escuchar unas palabras de Parra, el poeta. ¿Sabes quién te digo, no?

Todo iría bien si este señor no fuese físico y poeta, pero nadie es perfecto, a no ser que faldas y a loco, en la noche.

*

Parra9

a,

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