(cierre.)

La confirmación ha venido precedida de una carta del Club Vips. Decía: ¡Ha llegado el momento! Invitándome a usar una aplicación nueva para mi teléfono móvil. No me interesa…no entiendo muy bien el mecanismo tecnológico and devices. Bueno, respecto a una de las oraciones anteriores, el convite no estaba dirigido únicamente a mí, también al resto de integrantes de ese dichoso club tan de élites y de descuentos 2×1. He terminado de decir estupideces -por fin-, y ahora me presento, nerviosa, para decir algo con sentido y muy sencillo. No volver a escribir al no hallar respuesta alguna, salvo preguntas salvajes que no soy capaz de responder y que se multiplican como cucarachas. Dejo todo lo escrito durante estos ¿cuatro años? a su suerte en este páramo absurdo y tonto de Internet. Adiós, mon amour, adiós. Siento la decepción. No volveré a escribir. Clic. [Ya no. No existe lugar para una deformación más. I can’t handle it anymore].

Ibid.

Hans Bellmer.
Hans Bellmer.

Andrea.

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los cuerpos caídos.

Eras pobre,

tan sólo un pequeño niño pobre

acurrucado entre una manta y un almohadón.

Eras pobre, pequeño y pobre

con las manitas frías de jugar fuera

y las ropas manchadas de barro y tierra.

Eras pobre, pequeñito y pobre.

Los dientes separados, una culebra en el cuello

y unas cangrejeras para no hacerte daño con las piedras del río.

Pequeño chico pobre, pequeño niño precioso.

Ahora tumbado en la cama rompes la noche

con ronquidos de oso cavernario.

La realidad inquieta se remueve entre tus aguas

de piernas, gimiendo estas piernecitas de niñita absurda y tonta.

*

Era pobre,

tan sólo una pequeña niña pobre, mirando

la silueta de un hombre dormir.

*

Lempicka.
Lempicka.

a,

(últimas conversaciones)

De todo lo que podríamos haber dicho sobre nada.

Ahora el silencio es más leve,

hemos terminado por no hablarnos.

Ni siquiera los teléfonos quieren

oír el sonido al comunicar.

Ahora la noche es más holgada,

tus jerséis en la silla se aburren.

Ni siquiera la esencia, tu calor

último aire. Sé del giro y la voz.

Hemos amado mucho y bastante mal.

Arrogantes, siempre disponibles a

un mensaje de distancia y, ¿ahora?

Ni siquiera una urgencia, tonterías.

Del número que palpitaba con luz

Sólo oye: Cuídate. Adiós, luv.

*

Los amantes del Pont -neuf.
Los amantes del Pont -neuf.

a,

NP-in-da-nait.

Me debatía en la noche: terminar un trabajo que no acabaría aquella oscura, oscura noche, es decir, afirmar tajantemente que me quedaba hasta pasadas las dos de la mañana por mero academicismo lúdico (todos sabíamos que no terminaría jamás, no aquella noche y disculpen que escriba tanto la palabra «noche», pero mi registro es parco y titilan los astros azules a lo lejos).

El caso es que sentí la honda necesidad, como de pronto, de escuchar hablar a Nicanor Parra. No me inquietaban sus anti-poemas, no, para nada, aquello había quedado tan sumamente lejos… tan sólo quería su voz, su voz en la noche, en repetición continua y anodina hasta que lograse caer dormida y no pensar más en el trabajo, trabajo, trabajo…Accedí a una página en la red y acabé en otra en la que su nieto -pero qué guapo y cuál de ellos y cuán frívola yo, yo, yo- pronunciaba el discurso que su abuelo tendría que dar con motivo del Cervantes, que por fin, redios, por fin le concedieron y bueno.

Él, seguro, en aquel momento, en este dulce y tierno momento (2:13h) y con sus más de cien años cogiendo el auto debía estar riéndose desde otro punto del planeta en el que es aún de día y no hay una muñequita de porcelana tecleando absurdas palabras, palabras sobre la condición de ser mujer, lo que significa y nada. Nada por morirse a estas horas por escuchar unas palabras de Parra, el poeta. ¿Sabes quién te digo, no?

Todo iría bien si este señor no fuese físico y poeta, pero nadie es perfecto, a no ser que faldas y a loco, en la noche.

*

Parra9

a,

Tengo miedo.

*

Lloro a todas horas.

Cuando tengo miedo, lloro.

Siempre tengo miedo.

Tengo miedo de que las cosas empiecen a aburrirme, aún más de que ellas se aburran de mí. Y me echen, me rehuyan para siempre: no las cosas, las personas. Tengo miedo de no saber si podré estar en algún lugar sola. Este temor se adentra en mi cuerpo desde una epifanía sucia: una conversación con una amiga en un servicio de una biblioteca. Me veo preguntándole estúpidamente “y cuando vas sola al gimnasio, ¿no te da apuro?”. Lo que en realidad quiero decirle es que si no siente miedo. Miedo de sentirse sola, aunque sólo sea por un momento y ni siquiera sea cierto. Unas palomas arrullan desde alguna oquedad de las vigas del edificio.

Me aterroriza el hecho de no poder recordar lo que digo, cómo y cuándo lo digo. Sólo me basta mirarte y ver que tú ya no recuerdas si es mayo o diciembre y comes mirándonos y riéndote al asistir a un festín de lentejas y solomillo en sábado con unas personas que parece que te quieren. Tenía miedo de que no te acordases de mi nombre aquel día al abrirte la puerta. Temía que tan sólo entrases y sonrieras al pasar a mi lado. Yo ya no sería nadie; habría muerto en tu memoria. Se embruteció mi miedo y aún pude tener más.

Cada vez que escribo tengo más miedo. Por hacerlo mal. Por hacerlo bien y acertar. Errar. Errata. Error. No escribas, es un acto de amor. Y la lectura de otros empieza a ser sangrante. Tengo miedo de que ya no me quieras. Y que un día me digas “eres bonita, pero esto se acabó”. Pero eso ya sucedió antes, mucho antes de conocernos, y sin embargo temo, porque la historia es cíclica, circular, repleta de anacolutos y saltos sintácticos abruptos. Temo ser un punto. Un pequeño, diminuto punto. Como esas pruebas de tatuaje que te hacen en tiendas cavernarias de la ciudad y te hacen volver a la semana siguiente para ver que la piel no ha enrojecido y que todo va bien. Temo ser una prueba de algo que no puedo interpretar o representar: no reconozco el cuerpo, no me reconozco en él. No me pertenece. Yo no soy más mi cuerpo. No parece existir el amor, no hay rastro del sexo. Por eso tengo miedo de decirme a mí misma ‘mujer’. El sueño de la razón no se pronuncia a este respecto.

Lo único que no tengo miedo es a crecer. (Corrijo) Lo único que no temo es el paso del tiempo. Eso ya no me da miedo. Pero tengo miedo, porque aquello ya pasó y aún tengo miedo.

Lloro a todas horas.

Cuando tengo miedo, lloro.

Siempre tengo miedo.

*

Supongo que… debemos elegir el camino de los valientes, como Rosa Chacel.

Rosa Chacel.
Rosa Chacel.

a,

(así camina la historia, hija)

¿Podría ser más clara, más sencilla, más pura?

Paco Umbral.

*

Parezco una perra romántica

lamiendo sangre

acurrucándome en las sienes

pidiendo abrazos en trozos,

ladrando sobre mis ancestros.

Parezco una perra romántica y abandonada

tocándose las piernas

asiéndose los pechos

comprobando que una sigue siendo mujer

hablando sobre la soledad. Qué si no […]

Parezco una perra romántica, abandonada y sola.

Y basta ya, por favor, basta ya. El teléfono.

Sin sónar. No se mueve nada, no hay nadie. Ya nada:

Hundida como una perra romántica, sepultada en el agua

de todas las bañeras de Europa.

Soy una perra romántica, abandonada, sola y triste. Soy una perra romántica,

una puta perra romántica.

*

DCIM110GOPRO

*

A.

(filtro 1:00)

Hay personas que no están preparadas en absoluto para la vida: hola, formo parte del problema.

Apenas sé meter una bolsa de palomitas pegajosa en el microondas y pulsar el botón. Click. Hace poco aprendí a regular el tiempo. Se iban haciendo de treinta en treinta segundos. Pero sí sé meter cervezas en la nevera, eso siempre se me ha dado bien. Y quedan bien, muy bien, con una fina capa de escarcha por encima que me gusta lamer y restregártela por el cuello, sí. Oh, sí.

*

Socialmente soy nula. No me hago a las convenciones. ¿Dos besos? ¿A quién? ¿En qué planeta? Saludar. ¿Por qué? ¿Qué queréis? No he hecho nada, fue Duchamp.

*

No sé qué significa “querer a alguien”. ¿Es subir una fotografía en una red social? ¿Que acepten el ente apersonal que forman vuestras dos lenguas juntas en una de esas pics? Os-tra-cis-mo. ¿Vestir igual? ¿Hacer planes como si hubiesen pasado tres años desde que decidiste modificar tu estado del facebook por justmarried? A quién engañáis. Por qué os mentís. No permitís que la gente normal se ame. Les colonizáis como microbios infectos. Hacéis que hablemos de vosotros como “esas parejas”. Sois unos separatistas. Cada vez que creo entenderlo leo en mi teléfono “tú y yo. para siempre”. Me bloqueo. ¿Qué querrá decir siempre? Not found dude. 

*

Cuántos años se deben tener para dejar de usar pantalones cortos. “La edad reside en la mente”. Y en las cremas capitalistas -y divinas- que te compras, las entrevistas de trabajo que hagas. Los disgustos. Los chicos. Las chicas. Tu primera cana (Perdona, ¿cita para el jueves? El jueves, sí) El tiempo existe. Y tú. Y yo. Y ellos. Y más.

Me han regalado, a lo largo de toda mi poca vida, tres relojes. Están cuidadosamente guardados en un cajón de mi habitación, no me preguntes cual, con la pila parada y decolorándose poco a poco. Es casi metapoesía: no sirven para nada. Tienen la esfera esmerilada. No quise que el tiempo se viese bien. Tal vez a las cinco sean las siete y a la una sigamos durmiendo como se nos trajo al mundo. A esto último, ¿por qué?

*

No estoy, en absoluto, preparada para la vida. Quisiera fumarme un cigarro y volver a hacer que mis dientes ronroneen el humo. Chirrido. Pero en este país de mierda las niñas no pueden fumar, no pueden fumar aún. ¿Cuándo termina uno de estarlo? ¿Nunca? Dime que es así. La teoría de Darwin va a ser efectiva en mí. Nevermore, nevermore. Niñata inmunda forever. Niñita linda si sintonizas PASIÓNTV.

*

Las horas. V.W.
Las horas. V.W.

A.

(filtro postmoderno)

A un  lector reciente.

Cuando algo no te sale bien es sencillo, de verdad: insiste. Con las palabras sucede algo muy similar pero como se trata de unas entidades pequeñas y abstractas el proceso tan sólo puede describirse por analogía. Bien, tengo una zapatilla izquierda Vans (de colores, muchos colores) que no quiere entrar en pie izquierdo con calcetín de dinosaurios y uñas pintadas a excepción de la última empezando por la izquierda también. Suena una música de eso que llaman chillin… digamos que de una de esas listas de música ambiente, qué digo, de esas miles de listas elaboradas por ¿Dios? que teóricamente se encaminan al enunciado que predican: Electronic study music. Si hubiese dicho ESM hubiese conseguido otro clímax que, sinceramente, no me interesa en absoluto. Meto el pie como puedo y voy aflojando los cordones grisáceos por las salidas, las copas que les han caído, y la ceniza de los cigarrillos. Adelanto el talón y, justo cuando parece que ya lo tengo, baaam ahí se queda y debo apoyar el pie contra la pared y mancharla con una huella estándar que ahora llevan los modernitos en las fundas de sus molones iPhone comprada en la Fnac. Íbamos a pintar precisamente esta primavera. Ya es primavera y seguimos sin comprar pintura.

¿A la pared? ¿A nosotros? ¿Contra quién va la pintura? ¿Contra los museos? ¿Contra las mentes? ¿Qué espacio quieren rellenar? ¿Por qué hablo de arte cuando sólo estoy hablando de mansapinturaparataparboquetesymanchasenmijodidapared?

Sigo haciendo fuerza y giro contra el suelo, ahora sí, el suelo, y noto como el calcetín va bajando: no pienso sacar el pie. La zapatilla ya está dentro. Me levanto y aliso mi camiseta negrasinmás y cuando me dispongo a salir a la calle me doy cuenta de que no. Que no quiero caminar incómoda. Al suelo again. Y vuelvo a hacerlo como si se tratase de un ritual. Y no. A mí la derecha no me interesa ni para calzarla, no. No es que me haya olvidado de que tenemos dos pies, porque los tengo sobre la acera. Sobre el cielo y a ras de la espalda.

*

Con la escritura es cuestión de insistir, moldear, alcanzar cierta comodidad. Sin comparaciones cutres, sin alomorfos, sin fonemas, sin ornamentación. Que sólo diga aquello que tú quieres decir. Only one thing left. También existe la incomodidad, pero provocada por nuestras propias sensaciones, lo invisible, lo visible. Lo más oscuro. ¿Qué no quieres contar? o sin tilde ¿Que no quieres contar? Pues terminas haciéndolo. Ése es el lugar que ocupa la escritura. Lo que quieres contar según lo quieras decir. 

*

Diseño de Geoff McFetridge. Meteos, si queréis, en su Tumblr. Hace las portadas de The Whitest boy Alive.
Diseño de Geoff McFetridge. Meteos, si queréis, en su Tumblr. Hace las portadas de The Whitest boy Alive.

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