(alma del corazón, cantares)

ven esta noche a mi sueño un instante,

ven que te oiga, con levísimas flores

Olvido García Valdés.

Hoy nos han dicho “todo vacío confunde el silencio”, y es verdad. Es cierto porque alguna de las mentiras que nos creemos cada día tenía que calar en nosotros en algún momento. Tal vez no nos hayan insistido en esto, quizá haya sido mi memoria quien ha trazado estas palabras de forma poco hábil en el recuerdo a corto plazo que en este momento escribo con el temor infundado de olvidar para siempre. Lo que sí sé, lo sé, que cuando nos sentimos solos estamos como deshabitados y de ahí el sinónimo, en mi opinión poco acertado, de vacío. Significan cosas muy diferentes, de hecho tan diferentes que…; cuando quiero decir estoy atontada, como vacía digo, explícitamente, que nada antes me había llenado y que yo era como un recipiente, una oquedad que ya no, ya no espera nadie, a nada. Si por el contrario quiero referirme a mi angustia torpe y sin raíces me diré estás deshabitada, mujer y entonces constataré que todo el mundo se ha marchado y que nadie queda ya, nadie. Por eso a veces me prohibo pensar qué puede estar saliendo mal; estoy escogiendo mal las palabras. Nosotros no, en cambio, nosotros somos un grupo de críos que todo se creen porque no escuchan. Quizá, por tanto, yo que sé, tengamos escucha selectiva mientras jugamos.

La culpa es de uno, y nada más. No del otro.

El carro de heno, El Bosco.
El carro de heno, El Bosco.

a,

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