Es terrible presenciar…

‘Escribir’ se ha vuelto -desde hace un poco- una tarea muy dolorosa y al mismo tiempo, paradójicamente, una necesidad, un clímax, una terapia compulsiva.

Me cuesta horrores, pero lo hago porque me dolió, me duele, me ha dolido y me dolerá siempre la urgencia de comunicar y estructurar lo dicho; es sin duda una forma nueva de pensar. Y así es como uno toma sus propias decisiones, la vida que quiere vivir sin ir más lejos. A veces, las palabras se resisten y caen como gotas; otras, esas mismas gotas, van erosionando la identidad.

Pese a todo, dentro de una gran caverna se vive mejor, interpretando las luces que se reflejan en la pared mientras las palabras colorean el espacio vacío y reverbera la luz, los sonidos se acomodan en la música y las intuiciones se desgranan por las paredes como líquenes, pequeñas plantas que apenas tendremos tiempo de catalogar y elaborar una taxonomía erudita y adecuada a nuestra anatomía. Porque nos colonizarán las flores, precisamente por eso, será el tiempo de la escritura.

Nightingale.
Nightingale.

…la agonía lenta.

a,

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