Inconsciente

Siempre he sido tremendamente iconoclasta. Y no me importa decirlo, es más, hasta diría que reconocer los vicios es saludable: te permite respirar con mayor socarronería -si cabe. Por eso, cada vez que pienso en hacerme un tatuaje, que de seguro no me haré en la vida, me paso eligiendo versos tardes y tardes, como si el tiempo, acaso, no importase, como si el tiempo, acaso,  fuese algo que se puede recuperar y que además cotiza al alza como valor de mercado para hacernos ganar siempre. La realidad es que siempre perdemos. Busco siempre aquel conjunto de palabras que me definan, busco al fin y al cabo y como dice Esther Tusquets (diosa entre las diosas…), “una mano ausente que siempre me lo da todo hecho desde fuera”. Tiendo también a ocasionarme obsesiones con fruición, como escuchar The Smiths hasta que la disquetera dice “hasta aquí” o depositar todas mis esperanzas en bolígrafos bic de tinta negra que nunca habían tenido una vida mejor. ¿Dónde está? ¡Lo había puesto aquí…! Suspenderé el examen… Si bien es cierto, lo que nos atañe aquí, no es tanto la representación de un objeto al que adorar like a prayer, no. Más bien la desobjetivación de los mismos y la conversión en continentes de nuestros miedos y torpezas. El horizonte de nuestra esperanza en multitud de ocasiones se ve mermado por las estupideces que aterrorizan nuestra vida y que la dejan deshabitada .Propensos  a la deshumanización, nosotros mismos nos comportamos de forma tiránica con todo aquello que nos rodea. Nuestra apariencia física y exterior se ve asimismo destrozada por esta concepción hastiada del gusto. Uno de los temas que me obsesionan en extremo es el de los cuerpos. Por no hablar de las pieles, el caminar descalzo sobre una superficie rugosa, el calor de la intimidad -cuya única oportunidad, parece ser, desde la voz- a dos, y la delgadez.  Lo que me interesa realmente es la noción psicológica de la realidad del mundo que se maneja en dicho estado físico de mutismo, indiferencia absoluta y desmemoria del tiempo. Nada más. Ni mentar la enfermedad, por lo frívolo y lo fácil que resulta. Por lo tanto sí, revestimos nuestros lugares de la manera que más nos apetece. Pero nunca pensamos si aquellas estancias y proyecciones de nuestros más profundos anhelos e ideas, las que han podido materializarse, están de acuerdo con el endiosamiento artificial al que las sometemos. Mi gabardina nueva es tan sumamente hermosa, que podría casarme con ella. Y eso que no creo en el matrimonio. Siempre he pensado que es algo absolutamente vocacional. Lo peor es que no existe una motivación consciente, los objetos acuden en el instante preciso.

Black and white study photograph for an unknow painting -Alphonse Mucha
Black and white study photograph for an unknow painting -Alphonse Mucha
ART -Nouveau , Alphonse Mucha, artista checo.
ART -Nouveau , Alphonse Mucha, artista checo.

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