Gajes del oficio.

‹‹Carmen Martín Gaite diría que la búsqueda definitiva del interlocutor es un fracaso rotundo desde el momento cero. Debemos mantenernos constantes y generar nuevas vías comunicativas a través de la memoria y los objetos que han dejado huella en nosotros a lo largo de nuestra vida. Por eso pensé que todas las experiencias humanas seguían un mismo patrón encauzado en esta línea, si bien algo pesimista, pero muy esclarecedora de todo lo que estaba viviendo en aquel momento. Al no encontrar a quien contarle… todo era oscuro, tan terrible… comencé a leer todo lo que caía en mis manos: recomendaciones, estanterías de autores jóvenes, última novela francesa, el comienzo de la debacle en Latinoamérica e incluso poesía de esas jams en las que sólo se habla de culos, tetas y labios para configurar el espectro de una chica o de un chico que vimos una vez y nunca lograremos alcanzar, en un semáforo para más señas, cogida o cogido de otra mano que nunca sería la nuestra. Pensaba de forma continua en un cuento de Mercedes Cebrián sobre un hombre enfermo (muy huérfano), un vicio algo curioso por otro lado, era un adicto a la cultura. Dejé pasar algunos meses, sustituí la palabra escrita por la imagen (por ese miedo ficcional de migrar de una enfermedad o otra causa de aislamiento) y las películas eran peor, infinitamente peor. Una tarde estuve viendo “De aquí a la eternidad” de continuo, cada vez que la ponía encontraba uno de tus rasgos en blanco y negro y pensé, no, no puede ser, esto también me sucede en la calle, cuando camino y creo verte en todos los dientes, que son como espejos. Cogía de aquí y de allí, a mi antojo. Y qué contaminada estaba. Quería que tu belleza fuese simbólica, el pretexto era el plano bicolor. Pero ellos no son tú, son distopías de ti, tenías que significar. Tú eres fruto de multitudes, yo, por suerte, soy una en todas. Sin duda fue un gran fallo por mi parte. Si quería concretar mi presente, debía aliviar de subjetividad mi pasado y comprender, por fin, que nada de lo que pudiese conocer me produciría una experiencia inmediata. Lo más instantáneo sería entonces tomar los cuernos del toro y sentarme a escribir. Para cuando terminé mi novela (en torno a unas cuatrocientas, cuatrocientas cincuenta hojas, no más es lo que ocupas, mi amor) me recorrí todas las editoriales de la ciudad en busca de alguien que, como yo, sintiese esa necesidad de leerse y reconocerse. En cuanto hube publicado, me di cuenta de que por fin había logrado expulsarte, decirte au revoir. Pronto conocí otros mundos, otras personas y tú comenzaste a pertenecer también a otros, porque yo ya nada tenía que decir sobre ti. Nos habíamos separado definitivamente. De hecho cuando te vi en aquel escaparate de novedades me sonrojé pensando en nuestra amistad pasada. Nada más. Lo nuestro sería en el tiempo un perpetuo á bien tôt››.

Qué difícil es a veces todo.
Qué difícil es a veces todo.

a,

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s