Manos apuradas

Diciendo que eran solamente libros, pura literatura prohibida, le dijo con esa boca de azucena mojada.

Tengo miedo torero, Pedro Lemebel.

Con la fragilidad que se deduce

de tenerte de nuevo

entre mis brazos,

otra vez en mis ojos

espero en silencio

cómo se inicia

la conversación pactada entre tu

lectura y tú, un diálogo en el que

interviene una sinuosa armonía,

unas palabras que se intercambian y

nos hacen presentes.

Who's her?
Who’s her?

a,

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