Thema probandum.

‹‹Es un sonido sordo, sí. Regurgitado. Una paloma con una lombriz en la boca volando a un nido (¿dónde estará ese nido? ¿serán libres los pájaros?) Ahora podría distinguirlo como una voz más entre la gente. Un mugido estéril. Entonces. Me desdigo de lo dicho. Es un ronquido animal y sin embargo, metálico. Parece como si tuviese miedo de él. No quiero tartamudear y sin embargo, no paro de darle vueltas a la definición de este toro mecánico vertical. Una polea cuya tensión soporta una caja de muñecas. Una jaula de muñecas. Barrotes de acero con tigres, malditos. Maldito ascensor. Bastardos 210x105cm. ¡Plank! ¡Plank! ¡Plank! Ha llegado a su piso y la puerta no abre. Una pegatina que dice: “Sujeto 1 con el pelo recogido en dos agarra a sujeto 2, de altura notable, como medio borrado”. Al lado existe una pegatina de sujeto 1 con el rostro tachado por una llave. Por ejemplo. O una uña. O una mirada fija con sueño, rostro hastiado y vacío. Este ascensor no llega a donde debiera. ¿A dónde quieres que llegue exactamente? A mi destino. Y ese lugar, ¿por dónde queda? Planta tres. Bien. Los botones son negros y las letras blancas. Son huellas digitales, bis de relojes digitales que obviaron su ser analógico por pura anacronía. Abre la dichosa puerta, sujeto 2. Abro la retruécanos door. Cómo suena. ¿Hubiese en el mundo sonido peor? De vida tan concreta. De melodía tan reiterativa. Tu vida depende de un gong, gong, gong. Sales y una cortina desteñida y triste te recibe bailando porque alguien se ha dejado la ventana abierta. Ciérrala y píllate el dedo con ella. Que late el dedo, mujer. Late algo, al fin. Y obviar que sujeto 2 dice tu nombre acompañado de unas palabras que no te molestas en entender mientras efectúas diez o doce pasos (no más, te lo prometo, lector) y entras a un lugar, lugar. Un sitio cuya ventana está rota. Donde no existen árboles, nido, pájaros y libertad. Y donde un trozo de madera está colgado de la pared reemplazando al rostro de alguien que, probablemente, no existe y si lo hace se llama Bob Dylan o Virginia Woolf o la historia de cómo entendí el mecanismo de la palabra. Y así. Sólo baldosas de mármol. Piedras. Losas cardíacas. Estancias. No tengo miedo de él. Pero sí, tengo miedo de ella, la childhood. Y alguien no para de repetir tu nombre, tu nombre, tu nombre…››.

Brote de sed de estar y sed de ser, ser.
Brote de sed de estar y sed de ser, ser.

a,

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