Francisco Nicolás, ESE sistema.

Entrar en apreciaciones sobre su aspecto físico nos lleva al error y al fin de esta conversación. Otrora sería matizar diciendo: “no posee un rostro corriente sino psicopático”. Abriríamos entonces, un turno de preguntas o intervenciones medianamente grotescas, en su mayor parte, que recalcarían una y otra vez la sístole mediática y anecdótica del problema, desviando el verdadero horror social que destapa. ¿Quién es este tipo y qué hace metiéndose en mi poco informativo noticiario diario?

En 2005, a la muerte de Karol Wojtyla, cuyo alias en la vida terrenal fue Juan Pablo II (¡te quiere todo el mundo!), un tipo de apenas once años, se colaba entre banderas del Vaticano, polacas y españolas (¿por qué?) en la concurrida plaza de Cibeles, en Madrid. Aquella noche, su madre acababa de desenredarse una modesta melena castaña en el barrio de Prosperidad mientras su marido decía, “que no, que no tiene nada que ver. Los calcetines en el lecho conyugal no arrancan el romanticismo, mujer”. La ropa del aparador parecía ropa encima de una aparador incluso con la luz apagada. Un niño comienza a llorar. “Mamá, el Papa ha muerto, debemos ir a Cibeles, mamáaa…”. En lugar de mandarle callar, se dirige a su marido: “mira lo que dice tu hijo”-. “También es tuyo”. El padre, lejos de reírse y harto de las pataletas del crío que sintoniza continuamente Radio María en el coche, le dice a su esposa: “Así me podré fumar un cigarro sin que me mandes a la calle antes de dormir”. Retoman el diálogo con la ropa desordenada y toman el metro, aún abierto, en dirección la antigua gran casa de postas de la capital. Allí, pierden a su hijo durante unos instantes, que desde que llegaron no paraba de mirar de un lado a otro y de comprobar un teléfono roto y abultado (finísimo para entonces) con impaciencia, dispositivo que regalaron a su madre y rompió al buscar las cosas del bolso. Al borde de las lágrimas, su mano ase una cadena de oro de la virgen del Pilar, la madre encuentra a su hijo y el padre abre el nuevo paquete de tabaco rubio. Su hijo se halla hablando con lo que parece ser una reportera de la cadena local. Está muy apenado, tiene el pelo revuelto y habla con cierta solemnidad de la bondad de la mano derecha del jefe. Esa noche había recibido llamadas y numerosos mensajes, según dice, sobre una concentración de católicos que desean responder con alabanzas al trabajo de una parte de la vida de un hombre. Él debía estar allí, y así se lo hicieron saber sus contactos (¿contactos?). Tomó la determinación de sacar a sus padres de la cama, aquella noche no habría sexo monótono y lánguido. Sexo de bostezo. Al llegar a casa, el chico se mete en su habitación con las orejas coloradas y una libreta en la mano bastante pintarrajada. Comienza a reírse de forma nerviosa y se mete en la cama, la luz se apaga. “¿En qué hora?”, se pregunta el padre. La madre mira hacia la pared de rugosa y se hace la dormida mientras se coge de las sisas de un triste camisón.

Aún no sé de qué se sorprende la basca. Una estrella había nacido ese día. Es evidente que la sociedad de masas ha llamado a un nuevo orden social y que, desestimando la ficción burda anterior, se ha creado un personaje que personifica la picaresca de este país, la facilidad de entrada a un sistema si se posee un pensamiento, una vocación profesional, una estética y unos padrinos adecuados. Existen momentos, contados, en los que de dicho tejido, emergen unos entes que orbitan como satélites (de nadie y de todos) que se dedican a agitar conciencias provocando repulsión, rechazo e ira, en el caso de Francisco Nicolás Gómez (optar por su apodo televisivo me parece no llamar a las cosas por su nombre, sino hacer chanza de la realidad), o la aparición de una oración compuesta que posee variantes según el contexto, que viene a decirnos: “no, no me gusta pero es necesario que se produzca una llamada fuerte de atención”, como es el caso del señor Pablo Iglesias. Como aquí siempre hemos sido de extremos, que si tortilla de patata o cocido (sin denominación de origen). La única imagen que se me viene ahora a la mente sobre España es la de un páramo angosto y asolado por la desertización en el que,  de cuando en cuando tras alguna que otra lluvia, proliferan hongos que como dicta la asignatura de conocimiento del medio de sexto grado: “Colonizan poblaciones gracias a la humedad ambiental. En su mayor parte contribuyen a la manutención del ecosistema, en otros, se constituyen como parásitos asociados a otros hongos. Existen, en cambio, algunos que también son tóxicos y que en caso de ingerirlos, provocaría la muerte de un individuo adulto. No obstante, los excursionistas recelan de dichos organismos y deciden mostrarse indiferentes por temor o por falta de información “.

Menos mal que al menos le han dado el Cervantes a Goytisolo. Oh, no. Espera.
Menos mal que al menos le han dado el Cervantes a Goytisolo. Oh, no. Espera.

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