Historias de violencia.

Il vous aime, c’est secret, lui dites pas que je vous l’ai dit.

Quelqu’un m’a dit, Carla Bruni.

‹‹ En la pared, alguien había escrito quemando el yeso con un mechero “LSD”. Comenzó: “la belleza es provocación, insiste en algo que existe en nosotros y anuncia la apertura del ojo”. Con sus palabras me trasladó a un muelle neoyorkino, junto a unos edificios de metal y cemento. Llevaba unas sandalias y las uñas estaban pintadas de dos colores distintos. En ese momento poco me preocupaba y tal vez fuese eso precisamente, mi acto poético más joven, siendo plenamente consciente de que es, a día de hoy, una afirmación pretenciosa. El suelo se distribuía en listones de madera con unos dos tornillos a cada lado. Nos detuvimos (había más conmigo), frente a un museo que exponía cuerpos de presidiarios donados a la arbitraria labor del arte. Materia fragmentada llamada a desaparecer bajo un cartel que adjuntaba un título triste y un breve comentario. Una voz me hizo volver. ¿Sí?- pregunté. ¿Me estás escuchando?- se estaba riendo de mí. Al otro lado, estaban fumando, tras la ventana. El frío estaba entre nosotros. Volví la vista hacia sus ojos y entendí de pronto a Ozzy Osbourne arrancándole a un murciélago la cabeza con la boca y escupiendo sangre a sus fanáticos. Éstos reprodujeron el acto con palomas blancas en vídeos que subieron a la red y se viralizaron. Comprendí las películas de Esteso y Pajares, aquellas en las que salían chicas suecas restregándoles sus pechos por la cara, riéndose sin parar mientras ellos sabían que al apagarse la luz roja volverían con sus mujeres de rulos y bata de flores. No olvidéis el olor a croquetas que se queda en el pelo. Y que si el acto lírico mayor es bajar a la calle con un fusil y disparar de forma arbitraria, algo que pese a Bretón, no sucedió ad hoc, sí llegó a hacerlo antes. Por lo tanto y de nuevo: los franceses no son el origen cierto de nada. O de casi nada. Tan sólo de señalar elementos integrados en una fotografía que habían quedado ensombrecidos por el dedo de alguien. A Canalejas ya le habían asesinado delante de un escaparate de una tienda. Su agresor se reflejó en el cristal de la tienda de libros (¡era una librería!), en sus anteojos y en su retina. ¿Lo relevante? Antes de morir, expresó a sus amigos, en el transcurso de una cena su temor a sufrir un atentado. Lo cual descarta que fuese una casualidad. Por ello, nos encontramos ante una concepción de lo poético consciente y sobre todo representada como un hecho inminente. Tanto es así que, retomando aquellas palabras, tuve que transformarlas. Las presencias que habían existido en mi memoria no dormían, permanecían impasibles. En silencio. Pero ahora, mostraban una predisposición utópica para la conversación. Y se había accionado desde una identidad materializada en un cuerpo, a su vez productor de deseo. Miré tus labios y pensé, acostarnos no es un acto poético, sino una imagen que destruye la fantasía del sexo: si ocurriese lo que pensáis todos que trata de traslucir este relato, una nectarina se lanzaría al aire y sería atravesada por una espada llena de óxido y polvo. La imagen de la fruta sobre el suelo sería espeluznante. Sangraría como un cerdo de matanza ››.

Siempre me gustó Man Ray.
Siempre me gustó Man Ray.

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