Divertido ahora escribir la palabra “plata”.

Sois pas si dramatique, c’est trop facile de faire le don Juan.

Oh là, là!  Esteman ft. Monsieur Periné

‹‹El hecho de ser latinoamericano no me llama -por sangre- a la desobediencia civil. Aquello de las ovejas y los lobos quedó algo atrás, no obstante, y sin que sirva de precedente, nos pastorearon hacia Europa y una vez allí nos dijeron: “Construyan grandes mitos, enseñen lo enfadados que están”. Por ello fuimos testigos de las pestes, de los campos, comercio de armas (esto algo menos, pero que no sea visible no quiere decir que no exista) y de los muros pintados de “hijos de puta, nos lo robaron todo, nos despojaron incluso de la nada, nos dejaron desnudos”.  Y de los jeans y el pelo largo, que ya nos dejábamos, pese a la tortura de los calvos. Especialmente, de los calvos que se llaman “Juan Carlos”. Nos obligaron a llevar unos zapatos desgastados modelo Oxford, y una chaqueta de cuero cuyo color haya desvirtuado al propio animal del que se despellejó. Camisas sin planchar todo el año y, si acaso, debajo de ellas, unas camisetas blancas, como dadas de sí, que francamente no le sientan bien a nadie y que contribuyen, de manera terrorífica, a hundir la libido de la señorita con la que decida follar, a buen precio, casi siempre. Otras veces debo invitar a copas en un bar con nombre mezclado, el paso intermedio del baile que permiten disfrutar lo chic y lo folclórico mientras son observados. Como a caballo de polvo y tarjeta de crédito sin dinero. Y como con nuestros ojos no era suficiente, ni con el testimonio que dábamos entre barrotes dijeron: “Ustedes. Ustedes: todos. El continente será escritor”. Por lo tanto soportábamos tres cruces del ser latinoamericano: inmigrantes, exiliado es más romántico; delincuentes (drogadictos y viciosos, herencia yankee: y si Miami efectivamente fuese Cuba, sería como adquirir lo nuestro contaminado por doble y set de partido); y escritores. E infieles. Cuarta sentencia. Yo que apenas sé hacer una lista de la compra sin mi tableta electrónica. Una cosa le digo respecto a esto último. No vaya usted ahora a tacharme de post-moderno. Tan sólo tengo una tía abuela tirana, lejana y de Nicaragua. Más allá de lo que aquí llaman la línea roja, concretamente, cinco estaciones de metro, quizá seis. ¿Patrimonio Latinoamericano? ¡Qué sé yo! Ahora por favor, ¿me dejarán coger mi maleta e irme de esta maldita, maldita estación de tránsito? Mi mujer va a ahogarme y eso sí que será una brutalidad. Una verdadera historia de violencia y fracaso como no llegue puntual al cumpleaños de la nena››.

– Crónica de un vídeo que le grabó un policía en prácticas a un pobre hombre que había perdido el equipaje en el aeropuerto Adolfo-Suárez-Madrid-Barajas (el pueblo consiente). Se viralizó en cuestión de dos días y me lo colgaron en el tablón de Facebook.

Y a mí. A mí también me gusta este pose tan sartreano.
Y a mí. A mí también me gusta este pose tan sartreano.

a,

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