Alguien nos arroja hombres sobre los hombros.

(Protéjame esto, proteja esto a quien lo expone)

Y todos estábamos vivos, Olvido García Valdés.

*

Una vez acomodados los límites de la escritura, si es que los hubiera, caminamos perdidos, entre las luces de las tiendas que van a cerrar y los restaurantes, oscuros en su mayoría, que están por abrir. Nos dirigimos sin ningún tipo de rigor hacia cualquier lado, como una mano que camina sobre otra y nos introducimos en lo que consideramos nada por quererlo todo. Una tienda de segunda mano se convierte en cualquier cosa que signifique querer siempre, sin obsesiones. Por eso tiene sentido que las cosas que han sido vividas una vez lo sean una segunda, y que nosotros, meros re-constructores de los vacíos perdidos nos hagamos cargo de volver a encontrar al resto con lo hundido. De rechazar una pequeña maleta de piel por parecernos pequeña. De decir que no a una camiseta de un grupo triste y neo-folk que nos parece nueva. Y de sospechar de todos aquellos que deciden abrir una tienda de dichas características en un núcleo geográfico abandonado y solitario, a veces aplastado por una lágrima, una lluvia espesa y tórrida que es la misma ciudad, que como he dicho en mil ocasiones, nos devora lentamente. De sospechar por su color vocal, su acento terriblemente argentino, y nuestra contradicción de entrar en un sitio -tarde, mucho más tarde, cuando tengamos la boca en llamas y nos sangre de puro odio a todo lo de “allá afuera”-, en el que nos pondrán una hamburguesa terriblemente yankee, estableciendo un monólogo de abismos, impartiendo una clase de historia, y es que todo es política en el amor. Todo es política, mi amor. Y tú, sin embargo, te ves tan sereno siempre, te ves tan tranquilo ante todo esto, que desconoces que eres el hombre que salva el mundo, una vez y otra, y siempre de nuevo el mundo. El mundo, mi amor, que es política. Es una política del amor. Es una historia de violencia, te digo. Señalas con tu dedo ,mientras tanto, el asfalto. Mojado. Y me escuchas.

El hombre que salvó el mundo.
El hombre que salvó el mundo.

a,

Post-deseo, pre-amor.

Dedicado a un “fingidor” que me presentó a John Donne: “¿Por quién se doblan las campanas?”

¿Cómo voy a explicar por ti cosas que ni siquiera sé?

Sangre en el ojo, Lina Meruane.

No desconfío del silencio o de ti mismo.

Temo: palabra ajena / cuerpo raro / beso huraño.

Ecos contra la pared de nada, nadie, nunca.

Golpes mentales hacia una escritura

de vaivenes en nuestra deriva.

Ahora. Ya en serio. Sobre todo el abandono.

O la dimensión de tus glóbulos (rojos, blancos) anulando

la función del amore, mio amore.

En tu ciudad irrumpo de todas formas como un dinosaurio de

cartón -piedra en una pantalla

pequeña y sórdida. Sin volumen. Sin telemando. Sing, sing en

China o prisión de Ossing, NY. Cualquier lugar de tu geografía: todo es Varsovia sin

ti. Y cuantísima tristeza.

El nuevo lord de mi estantería.
El nuevo lord de mi estantería.

a,

Francisco Nicolás, ESE sistema.

Entrar en apreciaciones sobre su aspecto físico nos lleva al error y al fin de esta conversación. Otrora sería matizar diciendo: “no posee un rostro corriente sino psicopático”. Abriríamos entonces, un turno de preguntas o intervenciones medianamente grotescas, en su mayor parte, que recalcarían una y otra vez la sístole mediática y anecdótica del problema, desviando el verdadero horror social que destapa. ¿Quién es este tipo y qué hace metiéndose en mi poco informativo noticiario diario?

En 2005, a la muerte de Karol Wojtyla, cuyo alias en la vida terrenal fue Juan Pablo II (¡te quiere todo el mundo!), un tipo de apenas once años, se colaba entre banderas del Vaticano, polacas y españolas (¿por qué?) en la concurrida plaza de Cibeles, en Madrid. Aquella noche, su madre acababa de desenredarse una modesta melena castaña en el barrio de Prosperidad mientras su marido decía, “que no, que no tiene nada que ver. Los calcetines en el lecho conyugal no arrancan el romanticismo, mujer”. La ropa del aparador parecía ropa encima de una aparador incluso con la luz apagada. Un niño comienza a llorar. “Mamá, el Papa ha muerto, debemos ir a Cibeles, mamáaa…”. En lugar de mandarle callar, se dirige a su marido: “mira lo que dice tu hijo”-. “También es tuyo”. El padre, lejos de reírse y harto de las pataletas del crío que sintoniza continuamente Radio María en el coche, le dice a su esposa: “Así me podré fumar un cigarro sin que me mandes a la calle antes de dormir”. Retoman el diálogo con la ropa desordenada y toman el metro, aún abierto, en dirección la antigua gran casa de postas de la capital. Allí, pierden a su hijo durante unos instantes, que desde que llegaron no paraba de mirar de un lado a otro y de comprobar un teléfono roto y abultado (finísimo para entonces) con impaciencia, dispositivo que regalaron a su madre y rompió al buscar las cosas del bolso. Al borde de las lágrimas, su mano ase una cadena de oro de la virgen del Pilar, la madre encuentra a su hijo y el padre abre el nuevo paquete de tabaco rubio. Su hijo se halla hablando con lo que parece ser una reportera de la cadena local. Está muy apenado, tiene el pelo revuelto y habla con cierta solemnidad de la bondad de la mano derecha del jefe. Esa noche había recibido llamadas y numerosos mensajes, según dice, sobre una concentración de católicos que desean responder con alabanzas al trabajo de una parte de la vida de un hombre. Él debía estar allí, y así se lo hicieron saber sus contactos (¿contactos?). Tomó la determinación de sacar a sus padres de la cama, aquella noche no habría sexo monótono y lánguido. Sexo de bostezo. Al llegar a casa, el chico se mete en su habitación con las orejas coloradas y una libreta en la mano bastante pintarrajada. Comienza a reírse de forma nerviosa y se mete en la cama, la luz se apaga. “¿En qué hora?”, se pregunta el padre. La madre mira hacia la pared de rugosa y se hace la dormida mientras se coge de las sisas de un triste camisón.

Aún no sé de qué se sorprende la basca. Una estrella había nacido ese día. Es evidente que la sociedad de masas ha llamado a un nuevo orden social y que, desestimando la ficción burda anterior, se ha creado un personaje que personifica la picaresca de este país, la facilidad de entrada a un sistema si se posee un pensamiento, una vocación profesional, una estética y unos padrinos adecuados. Existen momentos, contados, en los que de dicho tejido, emergen unos entes que orbitan como satélites (de nadie y de todos) que se dedican a agitar conciencias provocando repulsión, rechazo e ira, en el caso de Francisco Nicolás Gómez (optar por su apodo televisivo me parece no llamar a las cosas por su nombre, sino hacer chanza de la realidad), o la aparición de una oración compuesta que posee variantes según el contexto, que viene a decirnos: “no, no me gusta pero es necesario que se produzca una llamada fuerte de atención”, como es el caso del señor Pablo Iglesias. Como aquí siempre hemos sido de extremos, que si tortilla de patata o cocido (sin denominación de origen). La única imagen que se me viene ahora a la mente sobre España es la de un páramo angosto y asolado por la desertización en el que,  de cuando en cuando tras alguna que otra lluvia, proliferan hongos que como dicta la asignatura de conocimiento del medio de sexto grado: “Colonizan poblaciones gracias a la humedad ambiental. En su mayor parte contribuyen a la manutención del ecosistema, en otros, se constituyen como parásitos asociados a otros hongos. Existen, en cambio, algunos que también son tóxicos y que en caso de ingerirlos, provocaría la muerte de un individuo adulto. No obstante, los excursionistas recelan de dichos organismos y deciden mostrarse indiferentes por temor o por falta de información “.

Menos mal que al menos le han dado el Cervantes a Goytisolo. Oh, no. Espera.
Menos mal que al menos le han dado el Cervantes a Goytisolo. Oh, no. Espera.

a,

Perra vagabunda y malherida.

Utopía irrenunciable, e inalcanzable, de vivir a dos. 

Siete miradas en un mismo paisaje, Esther Tusquets.

La palabra es palabra en tanto que vida, vida y muerte: muerte. Y amor sexo y sexo farolas alrededor de pupilas lunares. Y carne, escrúpulos y tu nombre. O temores, ruidos e incertidumbre. Porque la palabra se perjudica para rodearnos y dejar de existir. Hace que tu boca sepa a sangre y te recuerdes naciendo: ¿tendrás algún día los ojos abiertos?. Tu nombre, la gloria de tu nombre, el orgasmo y los detalles de saliva en torno al susurro y el crujido del mismo entre los dientes desgastarán las palabras, pero nunca tu nombre; con el cuerpo se crean otras formas de hablar.

et plusier mots...
et plusier mots…

a,

Pronuntiāre.

Rimbaud proclamaba con sus fauces llenas de espuma blanca la libertad del hombre… Pues terminó traficando con esa misma materia. Murió sin tener conciencia de ambas piernas tras contraer la enfermedad. Desde lo más negro y oscuro: una boca de mujer indomable. Bien podría ser, de mal pronunciado, el argumento de Rambo V en una versión sentimentaloide ubicada en África. Tal vez, a alguna productora de cine independiente pudiera interesarle grabar el chasqueo de aquella boca staloniana con música de Zimmer. Todo un drama que sin haber nacido está abocado a la más feroz de las críticas cinematográficas: un tipo rascándose la bragueta a las cuatro y diecisiete de la mañana, eligiendo esta película porque se le han gastado los puntos para ver más porno. El papel higiénico continuará siendo un elemento primordial en esta tragedia urbanita. Porque ya a cualquier cosa se le pone el acento lírico. Oh, sí.

De cuando uno puede oficialmente "beber, fumar, follar o leer".
De cuando uno puede oficialmente “beber, fumar, follar o leer”.

a,

Es imperceptible.

Estos últimos días, no obstante, me pregunto si no será todo esto una de esas deformaciones coherentes tan típicas del letraherido y si no estaré exagerando un hecho real hasta dimensiones que ya no lo son. 

Diario del artista en 1956, Jaime Gil de Biedma.

Entretener los momentos bajos, manoseando una fotografía en la que nos abrazamos felices aún sin ni siquiera ser nosotros. Haber días mejores y visitas que han dolido menos que éste… éste último dolor, este final que deduce tu cuerpo encima del mío y ningún romanticismo sobre la cama. Ver, en definitiva, que tu vida es tierra hostil y que no ha habido nada más triste que tu rostro iluminado por no sé qué olor. La conciencia del amor es -verdaderamente- terrible.

Si hubiese vivido antes, sabría de estas fotografías de las revistas ñoñas y chics.
Si hubiese vivido antes, sabría de estas fotografías de las revistas ñoñas y chics.

a,

Le desee buenas noches y me fui.

– ¿pero feliz por qué?- cruzándole la cara.

Estrella distante, Roberto Bolaño.

Nos la pasamos esperando vagones que no llegan o que, simplemente, no quieren vías que se estremezcan como piernas, como tus piernas y también tu aliento estirándose por la habitación como un gato…Pero nos ponemos y hacemos el amor por primera vez y el cuerpo pasa volando en círculos hacia una segunda, hacia una tercera. Y es que resulta que la hipótesis o la constatación de que tus labios son tus labios y no una invitación al suicidio parece latir fuera de sí, deslizándose tercamente por el techo y eso que aquí ya no queda más que aire.

Lana Turner te invita al hermosicidio.
Lana Turner te invita al hermosicidio.

a,

Historias de violencia.

Il vous aime, c’est secret, lui dites pas que je vous l’ai dit.

Quelqu’un m’a dit, Carla Bruni.

‹‹ En la pared, alguien había escrito quemando el yeso con un mechero “LSD”. Comenzó: “la belleza es provocación, insiste en algo que existe en nosotros y anuncia la apertura del ojo”. Con sus palabras me trasladó a un muelle neoyorkino, junto a unos edificios de metal y cemento. Llevaba unas sandalias y las uñas estaban pintadas de dos colores distintos. En ese momento poco me preocupaba y tal vez fuese eso precisamente, mi acto poético más joven, siendo plenamente consciente de que es, a día de hoy, una afirmación pretenciosa. El suelo se distribuía en listones de madera con unos dos tornillos a cada lado. Nos detuvimos (había más conmigo), frente a un museo que exponía cuerpos de presidiarios donados a la arbitraria labor del arte. Materia fragmentada llamada a desaparecer bajo un cartel que adjuntaba un título triste y un breve comentario. Una voz me hizo volver. ¿Sí?- pregunté. ¿Me estás escuchando?- se estaba riendo de mí. Al otro lado, estaban fumando, tras la ventana. El frío estaba entre nosotros. Volví la vista hacia sus ojos y entendí de pronto a Ozzy Osbourne arrancándole a un murciélago la cabeza con la boca y escupiendo sangre a sus fanáticos. Éstos reprodujeron el acto con palomas blancas en vídeos que subieron a la red y se viralizaron. Comprendí las películas de Esteso y Pajares, aquellas en las que salían chicas suecas restregándoles sus pechos por la cara, riéndose sin parar mientras ellos sabían que al apagarse la luz roja volverían con sus mujeres de rulos y bata de flores. No olvidéis el olor a croquetas que se queda en el pelo. Y que si el acto lírico mayor es bajar a la calle con un fusil y disparar de forma arbitraria, algo que pese a Bretón, no sucedió ad hoc, sí llegó a hacerlo antes. Por lo tanto y de nuevo: los franceses no son el origen cierto de nada. O de casi nada. Tan sólo de señalar elementos integrados en una fotografía que habían quedado ensombrecidos por el dedo de alguien. A Canalejas ya le habían asesinado delante de un escaparate de una tienda. Su agresor se reflejó en el cristal de la tienda de libros (¡era una librería!), en sus anteojos y en su retina. ¿Lo relevante? Antes de morir, expresó a sus amigos, en el transcurso de una cena su temor a sufrir un atentado. Lo cual descarta que fuese una casualidad. Por ello, nos encontramos ante una concepción de lo poético consciente y sobre todo representada como un hecho inminente. Tanto es así que, retomando aquellas palabras, tuve que transformarlas. Las presencias que habían existido en mi memoria no dormían, permanecían impasibles. En silencio. Pero ahora, mostraban una predisposición utópica para la conversación. Y se había accionado desde una identidad materializada en un cuerpo, a su vez productor de deseo. Miré tus labios y pensé, acostarnos no es un acto poético, sino una imagen que destruye la fantasía del sexo: si ocurriese lo que pensáis todos que trata de traslucir este relato, una nectarina se lanzaría al aire y sería atravesada por una espada llena de óxido y polvo. La imagen de la fruta sobre el suelo sería espeluznante. Sangraría como un cerdo de matanza ››.

Siempre me gustó Man Ray.
Siempre me gustó Man Ray.

a,

Divertido ahora escribir la palabra “plata”.

Sois pas si dramatique, c’est trop facile de faire le don Juan.

Oh là, là!  Esteman ft. Monsieur Periné

‹‹El hecho de ser latinoamericano no me llama -por sangre- a la desobediencia civil. Aquello de las ovejas y los lobos quedó algo atrás, no obstante, y sin que sirva de precedente, nos pastorearon hacia Europa y una vez allí nos dijeron: “Construyan grandes mitos, enseñen lo enfadados que están”. Por ello fuimos testigos de las pestes, de los campos, comercio de armas (esto algo menos, pero que no sea visible no quiere decir que no exista) y de los muros pintados de “hijos de puta, nos lo robaron todo, nos despojaron incluso de la nada, nos dejaron desnudos”.  Y de los jeans y el pelo largo, que ya nos dejábamos, pese a la tortura de los calvos. Especialmente, de los calvos que se llaman “Juan Carlos”. Nos obligaron a llevar unos zapatos desgastados modelo Oxford, y una chaqueta de cuero cuyo color haya desvirtuado al propio animal del que se despellejó. Camisas sin planchar todo el año y, si acaso, debajo de ellas, unas camisetas blancas, como dadas de sí, que francamente no le sientan bien a nadie y que contribuyen, de manera terrorífica, a hundir la libido de la señorita con la que decida follar, a buen precio, casi siempre. Otras veces debo invitar a copas en un bar con nombre mezclado, el paso intermedio del baile que permiten disfrutar lo chic y lo folclórico mientras son observados. Como a caballo de polvo y tarjeta de crédito sin dinero. Y como con nuestros ojos no era suficiente, ni con el testimonio que dábamos entre barrotes dijeron: “Ustedes. Ustedes: todos. El continente será escritor”. Por lo tanto soportábamos tres cruces del ser latinoamericano: inmigrantes, exiliado es más romántico; delincuentes (drogadictos y viciosos, herencia yankee: y si Miami efectivamente fuese Cuba, sería como adquirir lo nuestro contaminado por doble y set de partido); y escritores. E infieles. Cuarta sentencia. Yo que apenas sé hacer una lista de la compra sin mi tableta electrónica. Una cosa le digo respecto a esto último. No vaya usted ahora a tacharme de post-moderno. Tan sólo tengo una tía abuela tirana, lejana y de Nicaragua. Más allá de lo que aquí llaman la línea roja, concretamente, cinco estaciones de metro, quizá seis. ¿Patrimonio Latinoamericano? ¡Qué sé yo! Ahora por favor, ¿me dejarán coger mi maleta e irme de esta maldita, maldita estación de tránsito? Mi mujer va a ahogarme y eso sí que será una brutalidad. Una verdadera historia de violencia y fracaso como no llegue puntual al cumpleaños de la nena››.

– Crónica de un vídeo que le grabó un policía en prácticas a un pobre hombre que había perdido el equipaje en el aeropuerto Adolfo-Suárez-Madrid-Barajas (el pueblo consiente). Se viralizó en cuestión de dos días y me lo colgaron en el tablón de Facebook.

Y a mí. A mí también me gusta este pose tan sartreano.
Y a mí. A mí también me gusta este pose tan sartreano.

a,

Tres críticos.

[Tres tristes críticos hablan sobre literatura en una universidad. Un crítico, dos críticos, tres críticos]

Ahora que te abrazo, pienso en otra.

Linda, Miguel Bosé.

(Alguien intenta hablar)

Un tipo lleva unas gafas de pasta negra. A simple vista, fettuccine. Una barba carbón. Cara triste y somnolienta; parece que la conversación le está provocando náuseas. Se tapa la boca con la mano para no llegar a las palabras. Sabe que dirá que no cree en la amistad. Tiene los labios gruesos y alguien comenta a media voz: “se parece a un hombre que se cuelga de los tirantes de los pantalones una revista del corazón. Suele salir detrás de las personas famosas, o de éxito relativo (incluso efímero: un polvo de una noche), mientras les graban yendo a comprar el pan”. No obstante, le siguen cerca de cuatro mil personas en una red social. Pero no cree en el dinero, pese a estar convencido de la pureza du l’art. ¿Quién no le dio a like en su página?

(Una mujer intenta hablar)

Parece que no sabe articular una palabra tras otra, el hecho de limitarse a producir grandes discursos en cada una, no es de pública aceptación. Impregna su intervención de manera significativa y, tal vez, al oyente, no le permite hacerse una idea clara sobre aquello que enuncia. Será, unas horas después, en el pensamiento lúcido de alguien que continue mascando cada sílaba y cada letra, que con sangre entra quien se piense “X, ESE hombre”. Cada afirmación es fruto de un cortocircuito del más alto nivel. Los espectadores rien distraídos y tontean, incluso, con las miradas. Dos amantes en la sala, de ensueño. La fantasía de una sala de conferencias. Lleva unas bonitas lentes que asemejan las raíces de un árbol milenario. Para mi sorpresa (particular): no es calvo. Las palabras impostan al hombre. Da a luz. Parece que el bebé está sano: viejo loco y cuerdo. El que más.

(La escritora intenta hablar)

Cuando vinieron y me dijeron: “escribes bien, apostamos por ti”, me hicieron unas fotografías y me sentí satisfecha. En ese momento pequé de vanidosa, pero, ¿a quién no le gusta que le hagan caso? Por ello, la crítica es más necesaria que nunca. Si debemos hablar de capital simbólico, será mejor hablar de capital monetario y sí, existe contradicción y esclavitud, corruptos, negados, rendidos e incorregibles. Soy un ingreso mínimo convertido en algo relevante, formo parte de un catálogo y no lo sustento. Lo nutro. Y al final, ¿qué es lo verdaderamente importante? A veces, sola en mi casa, reflexiono sobre la fama (¿?) y pese a mi rostro en unas cartulinas de cartón pluma, me pregunto si aún puedo mantener intacta la duda.

“Por otro lado, es inevitable”, dice el público. “Lo realmente verdadero es ‹‹escribir››”, reiteran. Ya hablaremos más adelante sobre “la entrada”, y si por ésta se tuviese que pagar o no. ¿Cuál sería, entonces, el precio del poder?

No sé qué opinarías tú sobre ésto.
No sé qué opinarías tú sobre ésto.

a,