Estación permanente.

No pueden dormir mis ojos, 

no pueden dormir.

Cancionero musical de Palacio.

La experiencia seduce a la sombra y se descuelga. Comienza el vertiginoso

descenso de la araña. Viaja hacia otro y habita su cuerpo creando

espacios de conversación para, finalmente, hallar un lugar desde el que devolver

la llamada a casa. “Los…los ojos” -diría si hablasen los nervios,

“son las manos, muertas de sueño” -diría si hablasen en serio. Sí,

vivimos en la soledad del que se oye respirar aún estando dormido.

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a,

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