“Ayer, en la noche”.

Vuleve muchas veces y tómame en la noche,

cuando los besos y la piel recuerdan.

C. Kavafis

Ayer, en la noche

Conseguí caer dormida al asilo del tiempo.

Buscaba las flores de tu olor en la memoria.

No las encontré. El salón perdió su buen nombre.

Olvidé mis cenizas y me marché.

La noche es un territorio complicado, es -sin

duda- el amor. Y la nada. Y el lugar donde

uno se siente deshabitado por sentir en

multitud de estados. Al haber sido

en otro, al mirar con sus verdaderos ojos.

Ecos cansados, como labios tristes y húmedos,

arrodilladas las niñas a los pies

de un sofá de tres patas.

Y si mirase al final, donde toda verdad

se corrobora, la duda se convierte en el más

leve gemido, marca del deseo de amar.

Amar más allá de la muerte, amor.

Morir enamorados, sonidos dulces, llenos

de rabia. Dolor de todo con gusto

voraz. Agudizar la piel para despertar y

entonces, ahora, derribar la pared fría.

El suspiro último de la dichosa piedra.

Pensamientos como columnas.
Pensamientos como columnas.

a,

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