Descrédito y auto-convicción.

Al perder la ilusión y la esperanza te enfrentas a una serie de preguntas que a nadie, o casi nadie, le apetecería contestar. El instante más claro comienza a planear sobre el horizonte en forma de salida grave: llega un momento en el que no tienes por qué dar explicaciones. Y bueno, un poco así nos sentimos todos últimamente, ¿no? La imagen sería algo así como una gran barbacoa con amigos en la que,  de pronto, te encuentras solo contra el fuego y sólo quedan cenizas que, de forma evidente, tienes que avivar sin otro esfuerzo mayor que tu respiración y un poco de ánimo. Comprendes que a eso le llaman “sacar las castañas del fuego”.  Corrijo. “Sacarse las castañas del fuego”. En realidad no es que comiences a adoptar una pose neoliberal, algo escéptica y con un punto chic, que también, pero no es eso. No lo es. Si ambas suposiciones se han anulado, debemos partir del descrédito que nos proporciona el ya nada me sorprende y las propias convicciones. Si no, el fuego no encenderá, no habrá nada que sacar, no habrá respiración y no sabremos qué fue antes, si el huevo o la gallina.

Palacio de Cristal en el Retiro, volumen dos.
Palacio de Cristal en el Retiro, volumen dos.

“La vie en rose”.

a,

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