Poesía para asistidos.

El poema que había empezado por la mañana seguía oponiendo una resistencia bárbara. Tan sólo sabía que quería que hablase sobre el otro, como todos, que tuviera métrica, como ninguno y que expresase, de manera más o menos sutil,  las ganas que tenía de hacer el amor. Por eso comencé escribiendo algo como: “Esperaré que tu boca encuentre espuma capaz de suspirar y aliento para que al fin grite la dichosa piedra”. Se mantuvo en un papel junto a la ventana, hasta más o menos el mediodía, inadvertido. La tinta era pesada y negra y mientras lo contemplaba llegué a pensar que tal vez, esas palabras vagas y pobres harían un agujero y se esparcirían por el suelo. Qué surreal, ¿no? Pasaría una vergüenza terrible; me preguntarían (perdona, ¿quién?) extrañados lo que significan y abochornada les correspondería con un más que probable “no sé”. No pienso en nada en particular cuando decido añadir de pronto “…y te veré crecer, parándome en aquellos espacios que -detalladamente- te surcan”, porque me es más sencillo que pensar que todo formaba parte de una conversación que tuve con un buen amigo. [El poema sigue ahí, inminente] Se sentía mal; había tratado de escribir un poema en el que fuese capaz de gestionar emoción y sentido, sin caer en lo retro-viral o algo peor: lo ridículo (dos sílabas: Bé-cquer). Y sobre todo, quería demostrar que era posible dejar constancia del olor que desprende la piel cuando se está lleno de ese tipo de sudor que no te importa transpirar, ni besar, lamer, esquivar, trocear… Me senté seriamente en mi mesa y volví a tomar el bolígrafo que había dejado, no sé dónde inducida por no sé qué, para aclarar que, precisamente, “en ese calor donde yo quise deslizar mi mano sobre tu no cuerpo, me termino”, algo de que “el sexo atrapa sexo y es palabra”. Ahora es de noche, y sigo ahora junto a mi cama, tirada en el suelo, con el pelo mojado. Tengo los pies fríos y pienso lo difícil que es querer follar por medio de la poesía. Miento. Es muy sencillo, lo complicado elegir las palabras adecuadas in media res “parece que va a abrir, me estás pillando el pelo” y post-coito: “no tengo número de teléfono, vivo en un tee-pee y al nacer no me pusieron nombre, soy la hija de la sombra. Uh-uh”. 

PDC9

No felices cien años, Nicanor. Que le sea leve, señor Parra. Suerte al llegar al programa número doscientos.

a,

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