Desde el infierno, dígame.

A Lola, el resto recordad que debéis leer antes ésto:

https://unadecisnesyflamencos.wordpress.com/2014/05/11/asi-todo-1/

https://unadecisnesyflamencos.wordpress.com/2014/05/21/asi-todo-2/

Al principio fue el dolor, el que despertó mi angustia por el amor hacia la lectura. Uno tiende a creer que es suficiente con lo que da de sí para el mundo, pero no es cierto, no es verdad que nos entreguemos. De tan egoístas, moriríamos en el intento y la habitación se abriría al resto de personas con el único fin de ocuparla para siempre.

El ventilador se dispuso a girar una y otra vez, mientras mi dedo gordo del pie (si es que no poseyera otro nombre más descriptivo) se posaba una y otra vez con rabia sobre el botón, justo al lado de la entrada y de la cortina que hacía las veces de puerta para un baño del que no guardo ni justicia ni perdón. No terminaba de arrancar, era mi alter ego. Yo era un defectuoso aparato con una cuerdecita colgando que, justo al borde, tenía una bola de celo. Así fue cómo mi hotelito tres estrellas lux, fue degradado a dos justas y que, como flores, iban perdiendo puntas a medida que abría cajones y puertas del armario, que mi ceniza caía sobre la moqueta y que los bordes de las cortinas con extraños motivos, tipo años ochenta, se amarilleaban caprichosamente.

Una nube de lecturas sobre un escritorio, dudosa fabricación, respiraba lentamente mientras se achicharraba con el rayo de sol mediterráneo que entraba por la ventana sin ganas. Tan solo acertaba a preguntarme por qué nacieron tantos críos tras el gran apagón de Nueva York, y por qué aún no estaba tan bebida como para evitar sentir el chirriar de la puerta en cuanto la abriese el Judío, con noticias sobre Andrés. Debía ponerme un libro sobre la cara antes de todo. Y así tal vez beber con una pajita el whisky solo y absorber las sutilezas de Spinoza por ósmosis. Añadí para entonces una nota mental: el vaso correcto no tiene colillas y un condón dentro. ¿Que por qué de aquello? No lo quiero saber. Incluso ahora, cuando menos me apetecía leer. El acto de leer, que llegó a ser tan importante como hacer el amor o follar.

 

Fotografía de Alberto García-Alix
Fotografía de Alberto García-Alix

a.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s