The Smiths: “…ask me, ask me, ask me”.

Últimamente la música de The Smiths, me permite sobrellevar el calor y la impertinencia de sus transeúntes. Tomo el coche con frecuencia y, por ello, decidí comprarme uno de sus discos sin atender bien a la cuestión en torno al fanatismo, o al obsesivo coleccionismo de obras maestras. Compré sin más un recopilatorio editado por la discográfica Rhino, con una fotografía de Rourke, Joyce, Marr y Morrisey o “Mozzer” en la portada, sonriendo descaradamente, como diciendo: “Han pasado casi, o sin el casi, treinta años y aún la gente nos compra, aún los jóvenes tienen el alma triste y desgarbada”. Tal vez no sea así, ¿sabes, Mozz? A lo mejor tan sólo queremos escuchar nuestra realidad sin que nadie, o nosotros mismos, la tiñamos de nada. Lo único bueno de vuestras letras es, que con el paso de los años, argumentan más fuerte y si me decís “algo ha dejado de tener gracia” contestaré seriamente, que eso pasó “hace mucho tiempo” y que si mi amor es “the bomb, the bomb, the bomb”, tenga que créermelo.

Al principio, lo confieso, pensé que la melismática voz de esta identidad amorfa era una especie de mofa hacia la gente, que como yo, creemos encontrarnos en una espiral estúpida de no sé sabe muy bien qué y su causa. Y que, junto a sus flores, sus gafas de pasta y su discreta indumentaria moviendo la cadera arrítmicamente eran golpes sobre una pared llamada ‘mi corteza cerebral’. En realidad lo que hace es situarse a tu lado y ponerte una mano al hombro de forma sensual para decirte que él también ha soñado esa noche “que alguien lo quería” y que sí, en ocasiones, aunque todo vaya bien, te puede preocupar esa naturaleza estable que nos hace dudar. Comprendí que la verdad se puede contar de la forma que uno decida, pero que si se quiere mostrar no tiene que ser tan evidente como contar un polvo punto por punto o simplemente decir “estuvimos tan agusto que el tiempo no era”.

En resumidas cuentas la desgana, que teóricamente pensamos que siente, es todo lo contrario hablamos de un indiferente tono de voz. Alguien ha venido a engañarte y el señor Steven te mira y te dice: “Ah, ¿no lo sabías? vivir es esto. Camina”. Parafraseando una de sus canciones, que a su vez, es una de mis favoritas, lo cierto es que si uno se queda rezagado en el asiento del conductor, por muy suave que sea el cuero que te toca la piel, debes preguntarte cómo has llegado hasta allí, debemos hacernos preguntas, sino, no tiene sentido alguno que estemos respirando y lo más importante, rodearnos de personas que nos alimentan la vida con “yo me siento igual que tú”. Es verdad, Clara. La primera persona del singular es casi tan poco relevante frente al “otro” y los “otros”…

Si quiere ser normal, séalo. Si por el contrario quisiera ser el mejor en un campo, por qué no. Inténtelo, no van a decirle que no, al igual que si quiere ser mediocre. Lo importante es ser algo, no importa el qué. El cómo es una cuestión de lo más personal.

Libro de The Smiths editado por Errata Naturae V.V.A.A: http://www.erratanaturae.com/index.php/2014/the-smiths/

Libro de Clara C. Escribá, “Plurales”: http://www.casadellibro.com/libro-plurales/9788494261206/2339285

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