Volví.

Hacía tiempo que no pasaba por aquí, tratando de esconderme bajo la piel de un relato que espero, sinceramente, os haya llegado. Y con llegado quiero decir: ¿ha quedado claro el mensaje? Tal vez, y solo digo tal vez, los cuatro esquizofrénicos de la discoteca móvil de los textos de internet nos hayamos sosegado.

Bien, le he estado dando vueltas a un par de estupideces, casi sentenciosas. ¿Creéis que los perfiles de las redes sociales os dirán algo sobre una persona? La respuesta es no. Todo lo que está colgado en la red constituye una décima parte de lo que asoma tras la pantalla o persona al otro lado de la línea y todo lo que ésta exponga supondrá, algo (indeterminado) elevado a la enésima potencia. Si has salido de fiesta, serás el/la que mejor se lo pase, si por el contrario has ido a un parque a tomar pipas con tus amigos, haréis fotos que ni Alberto García-Alix en calidad superlativa, o si te has ido de vacaciones, el álbum propondrá tu nombre para ocupar el espacio al que tan alto llega el globo de Willy Fog. Los comentarios que escribimos, prácticamente, un 75% por ciento suelen ser de usar y tirar. Su utilidad se refleja en la frase “no estamos solos”, necesitamos saber que existe alguien capaz de consolarnos, en este caso leernos e identificarse con un determinado estado de ánimo que queremos transmitir. No podemos dejar que un medio creado ridiculice y pervierta la condición del ser humano y su máxima elemental, la de relacionarse con los otros. Debe ser una herramienta útil y sobre todo, no arrojadiza. Tus amigos no van a dejar de serlo, tu familia no va a dejar de quererte y los libros, películas y demás droga cultureta va a seguir estando ahí, donde siempre.

La verdadera red social es salir por la mañana del portal de tu casa y decir: otro día más. Con gente de verdad, abrazos convencionales y otros besos o como diría Truman Capote, “otros ámbitos”.

Pd. No sólo el relato “Y nos llamaron nadie” ha constituido un subterfugio escurridizo. Había perdido mis ganas de escribir y no las encontraba. Y ocurre.

Hacía tiempo que no escuchaba algo tan bello.

Alberto García-Alix.
Alberto García-Alix.

a,

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