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Capítulo 17, “Se separan, terriblemente enfadadas”.

Madrid, 10 de diciembre de 2013.

Estimada señorita:
Acuso recibo del escrito que ha dirigido al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, de fecha dieciocho de noviembre, y le agradezco muy sinceramente las apreciaciones que realiza en relación con la residencia de Vicente Aleixandre, y del estado de conservación de la misma.
A ese respecto, le comunico que hemos dado traslado de su escrito a la Secretaria de Estado de Cultura, para conocimiento y valoración de la situación que nos plantea.

Reciba un cordial saludo.

(La firma que convenga)

(Quedan para entrar a clase juntas al día siguiente)

Necesito fumarme un cigarro. Te lo juro. Es que no aguanto más, a la mierda la alergia de los cojones, pero, qué coño. Llevo desde los diecisiete volviendo a mi casa por la noche y fumándome mi cigarro en el portal. Allí me encontraba con algunas de mis vecinas que ya no veo ya. De noche. Hablábamos. Era… estaba muy bien… Así tenemos que esperar al verano. Es una tontería puedes hablar con ellas cuando quieras, sólo tienes que escribirles un: Cómo te va. No es tan sencillo. Claro que no lo es, si lo fuera se llamaría realidad virtual y no relaciones humanas, gilipollas. Claro, claro… si llevas toda la razón.

[Siguen caminando]

Es que a ver, quiero decir, por qué alergia al tabaco. Por qué. Al puto humo del tabaco. Ya sé que es malo, y que todo el mundo dice: Qué suerte has tenido, ya no vas a fumar más, seguro que así ahorras mucho. Y qué problema hay. Ninguno, que es verdad lo que todos dicen. ¿Entonces? Entonces nada, quería dejarlo por mí misma, quería ser yo la que dijese: Deja de hacer el idiota, que tienes los pulmones planchados y asfixiándose. Pero no, yo tenía que ser alérgica y ponerme afónica cada vez que salgo. Como si se me quebrara la voz y no pudiese hablar más. Sin voz. ¿Sabes a lo que me refiero? ¿Puedes dejar de ser tan imbécil? Claro que es verdad y que la gente tiene razón. Has dejado de fumar, deberías estar contenta, no es algo sencillo y ya que tienes una excusa, por los menos fisiológica… Ya bueno… pero… Mira, da igual déjalo, a la larga será mejor para ti.

¡Pero es que es una cuestión patológica! Yo necesito fumarme un cigarro para entender que estoy sola en algunos momentos, que somos él y yo, y la puta calle. Ya. A mí también me pasa. ¿Entonces por qué te has puesto así?
Pues porque quiero que estés bien, que no enfermes, que estés bien, vamos. La salud es algo importante, al final el dinero acaba siendo la misma mierda de todos los días. No te puedes mover sin que tu culo expulse algunos céntimos y levantes un sombrero de felpa imaginario que diga, ¡Hola capitalismo, qué buen día se ha quedado hoy! ¿Algo así no? Sí sin duda es algo así. Antes, en las películas no paraban de fumar, y de hacerse los interesantes y dejaban que los niños fumasen. En definitiva era importante porque con algo había que controlar a la población, tal vez sea igual de horrible ver a un niño hurgándose la nariz mientras sostiene un puñado de monedas de uno y dos euros, por decir algo, es que no tenemos monedas más grandes, que ver al mismo niño metiéndose el dedo en las orejas mientras se fuma un cigarrillo o masca tabaco. Es la misma masacre. Incluso la del dinero te diría que peor porque podrá comprarse un pitillo en cualquier tienda de chinos.
Y que lo digas, el otro día entrando sin ir más lejos a la tienda de al lado de mi casa, debieron confundirme con una tipa de mediana edad o algo respetable por lo menos. Entraron unos chavales y pidieron un cigarro, bueno, le dijeron que si vendía tabaco suelto. Yo lo he hecho un par de veces. Quiero decir que lo hice, lo hice. Ya, ya. Seguro. Bueno entonces, ¿Qué? Nada, la mujer me miró, y hasta que no salí no les dio el cigarro. Ya sabías perfectamente que iba a vendérselo, no hay que ser ninguna erudita, ¿Me entiendes? Bueno, pero me molestó el hecho de que ella esperase a que yo saliera y que caminara calle abajo ante la mirada atónita de unos macarras que parecían decir: Joder tía a qué coño esperas, tienes pitis o no. Y qué me quieres decir con eso. Nada. ¿Nada? Nada. Que el tabaco es una puta mierda. Una puta mierda. ¿Y sabes lo peor? Qué. Que contiene la misma cosa que le ponen a los esmaltes de uñas y ya no me las voy a poder pintar jamás. ¿Jamás? Jamás. Eso sí que es una verdadera tragedia. Ya.

En realidad… toma. Podemos fumarnos el último piti juntas que me queda. ¿Seguro?

Capítulo 17.
Capítulo 17.

Andrea Toribio Álvarez

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