[16]

Capítulo 16, “Se sientan en clase y prestan atención. No hay nada que negociar”.

Una se pone a mirar fotografías en el teléfono móvil, en el buscador del teléfono. Escribe: ‘’manos’’ en la barra de inicio y se pone a ver cientos de imágenes en las que sólo ve manos, pequeñas, grandes de todas las pieles, de todas las partes del mundo, para poder formar una gran par de manos que sean tan bonitas que uno pueda morir en ellas sin ningún tipo de objeto personal, digamos altercado emocional y entonces abandonarse, abandonarse, sin ningún tipo de miedo y evitar unos versos de novísima creación (de hecho se están construyendo en este mismo momento) que digan: «Qué vas a dejar sobre la tierra, si tú no eres nadie, nadie: mujer y sola».

Luego como que se acuerda del mendigo de Gran Vía, donde el cajero automático y las luces de los musicales de segunda fila, no en todos los casos, pero sí en la mayoría. En la inmensa y jodida mayoría. Tiene un brazo vendado y algo de pelo en los brazos que se le escapa por las mangas de la camiseta rota. Lleva unos tatuajes con unos dibujos poco definidos y de un color oscuro, cree que verde y rojo también pueden llevar pero no lo sabe bien y se acuerda del olor a pizza del establecimiento que hay al lado de los cartones y el hombre, así como de la discoteca de ambiente que antes era un cine que hace esquina y de la tienda de esmaltes y demás maquillaje postmoderno.

La otra simplemente se desespera con lo que unos llaman tecnología y ella piensa que es la ciencia del atraso, porque no tienen ningún sentido que criaturas que han luchado durante siglos contra la opresión y el desgaste humano, para poder gritar LIBERTAD y que no venga un tipo con una porra a dejarte K.O en la acera, vengan con estupideces de tiempos cronometrados, llamadas y mensajería instantánea a la que hay que contestar.

Sin tener en cuenta la de tiempo que ocupa tener que crear un perfil en una de esas redes sociales que nos contaminan, nos acunan y a algunos dan de comer, porque el tema es muy complejo y bastante tedioso de tratar. Y por más que mira su teléfono no encuentra ningún tipo de orificio de salida o algo así, por donde pueda salir el genio que parece residir dentro. No para de frotarlo y limpiar la pantalla para que no se ralle, y al mismo tiempo le encantaría tirarlo fuertemente contra el suelo para que se acabase aquella esclavitud desesperante y continua.

Sabe que se arrastraría por el suelo sin embargo, a recoger esos pedacitos metálicos y a susurrarle bajito al verdadero mago que vive ahí: ¿Sigues con vida? ¿Me sigues queriendo? Por favor, dime que sí y que me invitas al cine, no muy tarde que mañana tengo clase pronto.
Recuerdas mi cumpleaños de este año, ¿No? Claro. ¿Por qué?
No nada, me acabo de acordar de lo tonta que eres, en algunas ocasiones. No tiene gracia. Sí, sí la tiene. ¿Cuántos correos pudimos escribirnos aquel mes? Ni idea, muchos, Dios, incluso… incluso te llegué a mandar poemas, ¿No? Ehm… sí, pues igual que yo. Cuando se nos metió entre ceja y ceja escribir poesía. Si se nos sigue metiendo. Efectivamente. ¿Tú crees que alguien la lee? A quién, ¿A nosotras? Indudablemente. No.

Aquel verano, habían estado intercambiándose mensajes por correo electrónico. Cada semana por lo menos, uno detrás de otro. Una pasaba los días en la piscina de su casa y tenía casi clavada la marca de la mano en la barbilla, señal de aburrimiento, no había nadie en Madrid. Y no paraba de leer los libros que sacó de la biblioteca una y otra vez. Se sentía bastante sola y no sabía a lo que le iban a llevar esas fechas tan puntuales, tan concretas del verano en los que podría escapar del agobio. El agobio de no hacer absolutamente nada, claro. Se preguntaba qué estaría haciendo su amiga. Estaba en Londres y se la imaginaba tumbada en Regent’s Park sin hacer nada, también.

Bueno, la nada es relativa, estaría leyendo o sentada en una habitación compartida y con moqueta, como la de Portugal, pero eso sería después. Y comiendo un sándwich de jamón y queso. No sabe si lo llaman emparedados. En esa habitación estaría todo, absolutamente todo, tirado por el suelo o debajo de la cama, si es que era de las que tenían espacio para meter las zapatillas debajo. Y total, una estantería que se iba llenando de libros que iría comprando, sobre todo, sobre todo, en esa tienda de Marylebone de la que tendría tiempo de sobra para conocer después del incidente…
De todas formas debes dejar de creer que todo el mundo está constantemente haciendo cosas interesantes y triunfando porque existe un trabajo detrás, el conocido: trabajo invisible, de la apariencia que uno no ve pero que ha costado tanto… ¿Acaso no lo ves o qué?

Tal vez Madrid no seguiría siendo esa tediosa estancia de su vida en la que no pudiese respirar ni un momento. Las calles se habían vuelto aburridas y cada vez que paseaba con ella cerca de su casa, se daba cuenta de que era siempre el mismo tramo de calle el que le provocaba la náusea que tendría que decir adiós con la mano cuando tirase de la cadena al observar el mueble negro del baño con motivos japoneses. Al realizar ciertas reglas de tres se descubre que el mundo funciona igual en todos los niveles y en todos los lugares, por eso la hamburguesa que puedas pedir, con menos gracia que en el restaurante de debajo de tu casa, tendrá más encanto en Londres o en París. Pero seguirá siendo comida basura. Y seguirás caminando por una calle, en compañía de otras personas, pero y qué. No vas a conseguir huir de ti misma. Que sigues aquí, ¿Acaso no sientes que existes o qué?

Pues bien, ¿Qué ocurrió? Una le escribió una carta de cumpleaños a la otra. Apuntó la dirección que la otra le había escrito en un correo: 83/84 Marylebone High Street London W1U 4QW y se puso a escribirla. No sabía cómo empezar y tampoco quería explicar las tonterías que se habían escrito por correo así que decidió recordar cómo escribir a alguien, como ya había hecho antes, relatando cosas insólitas, bueno eso parecen en un primer momento. Sobre todo intentando que suenen convincentes, proyectos grandes y bonitos para que la otra persona piense: Guau, sí que hay movimiento en la ciudad. Me juego un tatuaje en el antebrazo de un pony a que ninguno de ellos llegó a buen término. ASÍ FUE, ¿No? El grupo de teatro que hablaron en la Plaza de Oriente destruido a manos de la burocracia universitaria. El poema en un trozo de papel, el que envió. Y… el resto, la verdad me iba a poner a criticar de forma algo agresiva y violenta pero es que nunca me dejaron leer esa carta. Tenía un recorte de periódico del día en el que se conmemoraba el aniversario de la muerte de Cortázar, era bonito y eso, supongo. Luego escuché algo así como… dibujos con colores en la carta pero yo que sé. Lo bueno de todo esto es que pasada la veintena podamos seguir usando los colores, los rotuladores de colores sin avergonzarnos en ningún momento de ellos. Y eso siempre está bien. Envió la carta, como iba diciendo, con cariño. Sé por ella que compró unos sobres de los que aparecen en las películas, con un marco de franjas rojas y azules, pero creo que no lo llegó a mandar en ellos porque no cabían las fotografías del argentino y bueno qué le vamos a hacer. Creo que aún los guarda. Esperó durante unas semanas, y siguieron mandándose correos electrónicos, siempre posdata: ¿Te ha llegado la carta? Carta que nunca llegó, bueno sí, en realidad sí lo hizo. Cuando tomó el bolígrafo, al principio, para escribir el destinatario le pareció bastante raro que ni siquiera pusiera el número de la habitación que ocupaba en la residencia de estudiantes, pero qué iba a saber ella. Creía en una persona de metro cincuenta y dos muy diligente con gafas de gato y una cadena para que no se le cayesen de la cabeza, el pelo recogido en un moño y un traje de los que son… americana y falda, eso sí de una tela horrible, como por ejemplo, de pana. Londres, frío, lluvia, God Save the Queen, ¿Qué sé yo? Yo no estaba allí para verlo. En invierno llegó la carta al mismo lugar y ese mismo día no, al día siguiente se lo dio a su amiga en la universidad. Le dijo: No la abras aquí, espérate al llegar a casa. O a lo mejor fue al revés, el caso es que al llegar a casa, vació todo el contenido en la mesa de madera del salón, una mesa baja junto a unas mantas de colores y lloró, Dolores.

Nosotras no importamos, hablo de la poesía, joder, de la poesía.
Ah pues no sé, pero cada vez hay más personas que piensas que decir algo de forma bonita es poesía. Eso es lo que hacemos todos y todas, con mayor o menor acierto después de todo. No, no. Estamos aquí intentando que no sea una mierda porque si así fuese nuestros pensamientos se reducirían a cochambre mugrienta y no a algo que dices, bueno, si no le sirve a nadie no me va a servir a mí. Pero ayuda, ayuda mucho y, bueno habrá que resignarse. Entonces, ¿Nadie lee? Nadie lee. Todos estamos muertos. Todos estamos muertos. O todos estamos vivos. Eso sí, desde que gritamos. Desde que gritamos. Y nos pegan. Y nos acarician. Desde el respirar. El más puro y hondo peregrinaje. Gilipollas. Tonta. Quiero chocolate. Venga, vamos a comprar algo a la cafetería. No. Por qué no. Era broma, joder. Ah vale, es que a veces te pones de un borde inaguantable. Y tú. ¿Perdona? Sí, sí. Tú también eres una borde insoportable. Venga, pues hasta luego. Hasta luego.
Que te den. Y a ti, con amor besos madmoiselle. ¿Ves? Ya nadie lee. Ya nadie lee poesía.
Y si… ¿y si hiciésemos que dejase de ser así? Mira hace un tiempo envié una carta… y me han contestado. ¿Asunto Velintonia 3? Ya no se llama así. Seguirá siendo esa calle. Lo tendremos que ver. Lo veremos. Y si no ocurre, ¿qué? Lo intentaremos. Déjame. ¿Qué te pasa ahora? Te he dicho que me dejes.

16_cinema

Andrea Toribio Álvarez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s