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Capítulo 15, “Vuelven los nudillos a tocar la puerta, con urgencia. Una voz negociante. Ruido de pistolas, encasquillándose”.

La película terminaba como el beso más bonito de la historia descolgándose de un gran Cristo, o una gran estatua, en todo caso un gran cáliz y lastre para este país, atada a una manta de seda muy larga, de trapecista. Al terminar la tela, se oía un crujido, como desesperado, que infundía en cambio mucho alivio, yo creo que no sólo para la actriz sino para el público en general que estábamos allí como angustiados y pensando en lo que nos estaba intentando contar el director sin saber muy bien si podíamos decir y con todo el derecho del mundo que aquello era una película más que engrosaba la lista de mal cine español, indirectamente diciendo que era una basura, o que al menos era curiosa de ver, división que no llegó a permitir la existencia de mi verdadera opinión: olvidémoslo y ya está. Por eso es como: olvidémoslo, que no merece la pena.

Capítulo 15.
Capítulo 15.

Andrea Toribio Álvarez

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