[12]

Capítulo 12, “Se sientan en un escalón”.

Quiero ver cuando mis maletas estén sobre una moqueta roída el efecto que tienen en el suelo. Tocar una habitación en la que nunca he estado, en la que jamás estaré cuando otro la ocupe. Por eso dejaré marcas de cigarros por todos lados, e intentaré pintar con rayas de colores los barrotes de mi ventana. Porque será una ventana con barrotes, que quiero agarrarme cuando vaya borracha y joder, gritar, gritar, que joder, que es bueno y necesario. Es saludable. Y vomitar, vomitar en el baño y que se entere la amiga o el amigo que allí haga y nos riamos mucho al día siguiente. O en mi cama, y chocarme contra la pared mientras me muero de risa y que toda la residencia lo escuche. Ya estoy notando el césped, no sé si habrá, estoy notando el césped en el que me tumbe esos días en los que haga sol.
Y por supuesto, buscar personas que quieran viajar por allí, aunque sea volver a España un poquito por Galicia, algo sencillo… con poco dinero, ¿Una guitarra? ¿Una guitarra? Una guitarra bonita.
¿Ves estas zapatillas?

Sí.

Estas zapatillas no van a morir allí, es que no van a morir jamás. Aunque sean una suela con unos cordones sucios, los cambiaré y las seguiré lavando y las firmas de mis amigas seguirán ahí, porque si se borraran, estaría borrando años de mi vida que me apetece conservar, sinceramente. ¿Qué pasaría si cerrases los ojos y ya no estuviesen? Pues sería una putada, qué quieres que te diga. Si al nacer ya mantienes conversaciones, de forma indirecta, pero conversaciones del estilo: Doctor, ¿Respira? Yo quería ir al México expansivo, a la ciudad, cuando ésta se hizo inabarcable, una monstruosidad horrenda y que al caminar por ella no tuviera que apartar a nadie, porque nadie hubiese en la puta calle. No pasa igual con Madrid. Madrid es inmensa y terriblemente oscura. Tiene tantos antros y prostíbulos como parques infantiles y centros Corte Inglés. ¡Respira! Me dijeron de pronto, dándome una cachotada en el culo. Mi madre tendría el pelo recogido en una coleta y dividido a ambos lados el flequillo con la raya en medio, lleno de sudor, un sudor frío de quedarse vacía y sola. Como si de dentro hubiera sacado su otro yo, hubiese engendrado una vida que se prolongaría y que cerraría sus ojos en un futuro y esta siguiese existiendo. Como cuando cierras los ojos y hay una vela encendida y tú aún sientes que tiene llama y la cera está consumiendo el cristal. Tal vez así me vaya a Portugal. ¿Quieres que la gente sienta como una muerte tu marcha?

No, yo quiero un espacio caliente relleno de frío que pueda volver a calentar cuando vuelva. Ah. Como México en mi memoria.
Sí, como ese México en el que nunca estarás o tal vez puedas ir, pero quién sabe. A mí el médico no me preguntó, simplemente se limitó a hacerme llorar y luego me hicieron unos agujeros en las orejas que yo no pedí, porque no uso pendientes y que siguen aquí. Es que todo el mundo… es que acaso todo el mundo…

¿Por qué cada vez que se excava un agujero alguien tiene que llorar? El caso es que me iré a Portugal de Erasmus y espero que vengas a visitarme, ¿Sabes?

400px-DJCTQ_-_12.svg

Andrea Toribio Álvarez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s