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Capítulo 4, “Se miran arqueando las cejas”.

Pues la película no estuvo bien. ¿No? No, era un mal cine. Eso no tiene nada que ver para que la película fuera mala. No, si ya lo sé, es una tontería, pero tú date cuenta. Las palomitas fueron caras y llegamos tarde y tuvimos que esperar a la siguiente sesión. (Se ríe) Sigue sin tener nada que ver, ¿me entiendes? Ya, ya lo sé. Pero era una película española, y pusieron una banda sonora de Rafael y… Vale. Me has empezado a contar esto porque alguien se ha puesto a cantar la canción de ‘’Tengo el corazón contento, el corazón contento…’’ y que encima no es de Rafael. Raphael. Rafael. No, no Rapel no es el que… ¿No es el tipo que adivinaba cosas por televisión? Sí, sí. Recuerdo que alguna vez quise meterme en una de esas túnicas que llevaba, que eran moradas y con cuentas de colores, muchos brillos y purpurina. A todo esto, ¿Cómo acaba la película? Pero si no te he dicho que película era, no te he dicho en realidad nada. Bueno pues… luego nos mensajeamos. Ah bien, eso está bien. Sí, nos mensajeamos en cuanto se subió al autobús y luego ya hasta septiembre. Pero eso es un año completo. Claro. Claro que es un año. Y todo lo demás, ¿Tampoco te acuerdas? No, no me acuerdo. Puedo hacer grandes esfuerzos, pero la maldita tecnología me lo impide. Mi mente, que no se acuerda. Borré todas las conversaciones.

Hombre, yo creo que… hasta cierto punto es normal… han pasado tres años de tu vida… Sí sí…pero, ¿A ti no te gusta guardar esas conversaciones? Conversaciones tontas y que luego al leerlas piensas, ¿Qué quería decir en realidad? Sí, siempre, o sea casi siempre.

Lo único que en realidad lo que sucede es que a la hora de ir a hablar a alguien, o si quisiera mandar un correo electrónico se quedan en borrador como si fuese una especie de… no sé cómo decirte… nube. Me quedo paralizada y no escribo más. Cómo van tus poemas. Pues bien. Que cómo van. Pues ya te he contestado, que van bien. Bueno, bueno, ¿sigues con la serie? Sí pero no encuentro tiempo, o escribo o leo es que no hay término medio y mientras tanto pienso tanto en viajar, en todos los sitios a los que me gustaría ir, que en ocasiones pierdo el hilo y se me ha ido la tarde a la mierda, y cuando estoy cenando me doy cuenta de que no estoy cenando, si no que en ese mismo momento estoy cerrando la tapa del libro y me estoy quedando dormida, hasta que se cae al suelo, hace un ruido, bastante fuerte, me desvelo y miro la pared oscura de mi cuarto intentando atravesarla con mis ojos y ver qué hay más allá. Al final lo consigo, me quedo dormida y sueño, sueño mucho y me levanto al día siguiente pensando en cosas que tengo que hacer que no son mis cosas, sino que es mi otro ‘yo’, ese ‘yo’ que siente las cosas por segunda vez, que no las ha vivido porque luego tiene que vivirlas soñando y una ya no sabe si tiene que volverse a examinar de selectividad o no, si tiene que volver a conocer gente o si cada día es un nuevo descubrimiento, como si no conocieras las parcelas interiores de tus amigos, y ahí me agobio, me atoro mucho y pienso cuando me bebo el café esa misma mañana que tal vez yo no sea yo, y que siga siendo esa chica frente a la pared que intenta vencer al insomnio y traspasar el cemento para llegar a la noche.

Capítulo 4.
Capítulo 4.

Andrea Toribio Álvarez.

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