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“Y nos llamaron nadie”, capítulo 1, “Empezar una conversación”.

De aquel día, cuando dijiste a propósito de José Bergamín que “existir es pensar y, pensar comprometerse”.

“Empezar una conversación”

Madrid, 18 de noviembre de 2013.

Señora Alcaldesa:

Me dirijo a usted con la pretensión de interesarle en la situación en la que se encuentra la vivienda del que fue insigne poeta Vicente Aleixandre, Premio Nobel de literatura en 1977 y uno de los más importantes representantes de la poesía española del siglo XX.
Hace poco me encontraba leyendo la obra de este poeta y se me ocurrió consultar la ubicación y el régimen de visitas de la casa-museo dedicada a él. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí no sólo que no existe tal casa museo, sino que ni desde el Ayuntamiento de Madrid ni desde el Ministerio de Cultura se ha tomado ninguna medida por conservar el edificio por conservar el edificio ni por convertirlo en el imprescindible museo que creo debería existir memoria de quien fue y sigue siendo un modelo para todos aquellos poetas que llegaron después. No hemos de olvidar que esta casa no sólo fue la residencia de Aleixandre, sino que también sirvió de cómo lugar de los encuentros entre él y muchos de los poetas de generaciones posteriores, a quienes sirvió de guía y maestro.
Creo que vivimos en un país en el que pese a tener una gran literatura muchas veces esta es más reconocida fuera que dentro de nuestro propio territorio y Alexandre es un buen ejemplo de ello: aunque recibió el Premio Nobel aquí no nos molestamos en conservar su legado, que forma parte del gran acervo cultural español.
Por todo esto le ruego que el Ayuntamiento que usted preside se interese por el estado de la residencia del poeta, que se encuentra en la actual calle Vicente Aleixandre, nº 3 (antigua calle Velintonia, mismo número)

Dormido como una tela
Siento crecer la hierba el verde suave
Que inútilmente aguarda ser curvado

Vicente Aleixandre, En el fondo del pozo.

Atentamente,
Yo misma.

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Creo que nunca te hablé de él. De quién. Pues de él. Mira, si no me dices quién es ‘él’ o a quién pertenece la máscara, no llegaremos a ningún lado, y quiero que lo entiendas. Vale, vale lo entiendo. ¿Seguro? Sí, sí te lo prometo. Bueno, venga, qué tienes que contarme sobre ‘él’. Éramos muy pequeños, ¿sabes? Teníamos dieciocho años y él decía que yo le gustaba. A mí no me importaba, estábamos bien así, yo sabiendo que a mí me importaba. Por eso me costó tanto decirle que se había acabado y que nunca más íbamos a besarnos. ¿Eso es todo? Claro que no, tonta. Claro que eso no es ‘todo’, como dices, pero es algo, y es lo único de lo que me acuerdo. No puede ser que sea eso, tiene que existir algo más, como un poso… una marca de las hierbas del té al final de la taza o algo, quiero decir… quién era ese chico, o bueno quién era él. Qué fue para ti. Nos besamos cuando la luz estaba apagada e íbamos borrachos, bien borrachos. Él giró la cabeza, me estaba contando un argumento de una película que a mí no me interesaba en absoluto. Le puso mucha voluntad, yo creo que llegó a pensar que yo me estaba aburriendo o algo entonces, sus labios dejaron de moverse, y yo divertida le toqué la barbilla porque pensaba que eran un par de olas, te juro que aquella noche el ron estaba muy convencido, pensando que mis dedos iban a ser como una gota de agua cayendo en una superficie lisa, y que sí, que seguiría siendo un juego, esta vez adolescente, que él sonreiría, que nos querríamos, que reiríamos y que sería bonito. Eso pensé. O sea que pensaste que querer a alguien sería… ¿bonito? Sí, así es, así lo pensé y así me decidí a darle un beso en cuanto bajó la cabeza hacia unos pantalones de traje, sus pantalones de rayas quiero decir, y miró a la gente de la fiesta como si fuese… es decir… como si tuviera que buscar a alguien en la multitud y no lo encontrase. Por eso lo besé, como ya te he dicho, pensé que era una buena forma de que dejase de buscar. Algo cursi y pastel, ¿No crees? Así es, así es. Incluso para ti.

Capítulo 1.
Capítulo 1.

Andrea Toribio

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