¿Qué ocurre en Sinaloa? (2)

Vila-Matas, desde luego, ha leído a Pessoa. Al menos, así lo veo yo. El hombre que se llegó a desdoblar hasta en sesenta ocasiones bajo seudónimos, como Bernardo Soares en el “Libro del desasosiego”, nos ofrece una visión igualmente fragmentada. Digo Vila-Matas, porque en su libro “Bartlevy & Cía.”, estructura de igual forma la voz del narrador. Son etapas que se ubican como epígrafes en el universo lector. Es necesario ir marcando las conclusiones que uno mismo extrae de la existencia, nunca es fácil, ¿no? Ya que hemos llegado que al menos quede patente. Nos encontramos ante otro de los grandes libros axioma de las arrolladoras corrientes de conciencia del primer tercio del XX, como lo fue el Ulises en su momento con Joyce, o como tuvo que esperar en España hasta los sesenta con Luis Martín Santos en su “Tiempo de silencio”, tras olvidar un “Camino de perfección” de Baroja o la misma “Voluntad” de Azorín. El nihilismo de Vila-Matas y la resignada indignación de Pessoa se manifiestan en voces solitarias de escritores que escriben desde una conciencia de la no escritura. Contar lo de dentro de uno no es escribir es desangrarse: “Amarme en sentir pena de mí”.

Llevo leídas apenas cuarenta hojas, aparentemente no son muchas, pero la lectura se ha vuelto un poco sórdida. No es sencillo leer cosas como “Ella aprieta la primavera contra el pecho y los ojos que me miran están tristes”. El protagonista desliza con inusitada sensualidad destellos de una personalidad en soledad que contempla el mundo exterior frente a una masa invertebrada de la que trata de escapar. Parece que ya lo ha conseguido y que se sucederán diversas catástrofes, dicho de otro modo, que tendrá que enfrentarse al mundo desde sí mismo. Bernardo Soares es un “tenedor de libros” que trabaja para una compañía que interpreto como editorial, Vásques & Cía, y viaja por Portugal realizando encargos. Ayer por la noche comprendí que un “tenedor” es más bien un “poseedor” y me reí un poco al leer decir a Pessoa: “Comprar libros, para no leerlos”. ¿Cuántas veces nos ha pasado esto? ¡Mil! Los acabas leyendo pero Dios sabe cuándo. Tengo una amiga a la que le encanta la lectura, pero no puede evitar hablar de libros como “joyas”, tipo coleccionista. Ediciones antiguas y gastadas que han estado en manos de otro. Continuaré informando. A ver qué sigue diciendo Bernardo.

Tiempo atmosférico en Sinaloa: Clarioscuro, nubes y algo de azul. Jornada de reflexión que destila fútbol y chicles del Mercadona sobre la mesa.

Ánimo de los habitantes de Sinaloa: Despejado, ligera marejadilla.

Andrea.

Enrique Vila-Matas.
Enrique Vila-Matas.
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