Trasposición.

Desde la desnudez
más profunda,
cae el cuerpo de mujer
sobre la sábana blanca
y el espejo,
en busca de la arista
vertical.

La curva incipiente,
la edad y el pecho
deslomado,
símbolos de cobre
y cuero a ambos
lados.

¿Cómo mirarse al
engaño constante del
“de niña a mujer”
desde la mirada
primitiva del origen
junto a otro ser?

La jeunese.
La jeunese.

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Intersección al alba.

A aquel a quien, aunque en sueños, como Hades raptó a Proserpina, ¿qué puede parecerle sino sueño el amor de cualquier mujer del mundo?- F. Pessoa.

Como astros mojados
por el horizonte
galopan
pieles salvajes
hasta el orgasmo lunar.
Llegan y derriban
olas y puentes
nubes y estragos
de besos
Muertas y a salvo,
como palabras
divinas.
Buscan
un cálido
aliento de arena
en el que poder
naufragar
y llorar
al amor,
más allá
de los límites.

Murmullaste
y me extinguí.
Seguiste
azuzando el fuego
y
de lejos
un bosque oscuro
guiaba el camino
de la montaña.
Lucero el ocaso,
un día más.

Despierto y no te encuentro,
soñaba.

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Reflexión nº4.

Innumerables son las veces que nos fijamos una meta y la apartamos sin remordimiento. En parte me he dado cuenta de que no funcionaría como yo quisiera lo de “Qué ocurre en Sinaloa” porque no soy constante y es un hecho. Me limitaré a escribir lo que quiera diariamente. En el fondo todo lo que escribimos como explicándonos, no son más que actos auto-referenciales y estoicos al son de “sí, he ido a la nevera y me he tomado una onza de chocolate, qué pasa”. Y chapó. El haber estado disfrutando de un momento tranquilo en Granada estos dos últimos días ha influido un tanto en mi ausencia.

Casa antigua, Albaycín, Granada. Mayo 2014.
Casa antigua, Albaycín, Granada. Mayo 2014.

a,

¿Qué ocurre en Sinaloa? (2)

Vila-Matas, desde luego, ha leído a Pessoa. Al menos, así lo veo yo. El hombre que se llegó a desdoblar hasta en sesenta ocasiones bajo seudónimos, como Bernardo Soares en el “Libro del desasosiego”, nos ofrece una visión igualmente fragmentada. Digo Vila-Matas, porque en su libro “Bartlevy & Cía.”, estructura de igual forma la voz del narrador. Son etapas que se ubican como epígrafes en el universo lector. Es necesario ir marcando las conclusiones que uno mismo extrae de la existencia, nunca es fácil, ¿no? Ya que hemos llegado que al menos quede patente. Nos encontramos ante otro de los grandes libros axioma de las arrolladoras corrientes de conciencia del primer tercio del XX, como lo fue el Ulises en su momento con Joyce, o como tuvo que esperar en España hasta los sesenta con Luis Martín Santos en su “Tiempo de silencio”, tras olvidar un “Camino de perfección” de Baroja o la misma “Voluntad” de Azorín. El nihilismo de Vila-Matas y la resignada indignación de Pessoa se manifiestan en voces solitarias de escritores que escriben desde una conciencia de la no escritura. Contar lo de dentro de uno no es escribir es desangrarse: “Amarme en sentir pena de mí”.

Llevo leídas apenas cuarenta hojas, aparentemente no son muchas, pero la lectura se ha vuelto un poco sórdida. No es sencillo leer cosas como “Ella aprieta la primavera contra el pecho y los ojos que me miran están tristes”. El protagonista desliza con inusitada sensualidad destellos de una personalidad en soledad que contempla el mundo exterior frente a una masa invertebrada de la que trata de escapar. Parece que ya lo ha conseguido y que se sucederán diversas catástrofes, dicho de otro modo, que tendrá que enfrentarse al mundo desde sí mismo. Bernardo Soares es un “tenedor de libros” que trabaja para una compañía que interpreto como editorial, Vásques & Cía, y viaja por Portugal realizando encargos. Ayer por la noche comprendí que un “tenedor” es más bien un “poseedor” y me reí un poco al leer decir a Pessoa: “Comprar libros, para no leerlos”. ¿Cuántas veces nos ha pasado esto? ¡Mil! Los acabas leyendo pero Dios sabe cuándo. Tengo una amiga a la que le encanta la lectura, pero no puede evitar hablar de libros como “joyas”, tipo coleccionista. Ediciones antiguas y gastadas que han estado en manos de otro. Continuaré informando. A ver qué sigue diciendo Bernardo.

Tiempo atmosférico en Sinaloa: Clarioscuro, nubes y algo de azul. Jornada de reflexión que destila fútbol y chicles del Mercadona sobre la mesa.

Ánimo de los habitantes de Sinaloa: Despejado, ligera marejadilla.

Andrea.

Enrique Vila-Matas.
Enrique Vila-Matas.

¿Qué ocurre en Sinaloa? (1)

Escribo, o trato de continuar, lo que os he colgado en las anteriores dos entradas -si no recuerdo mal-, bajo el título “Así todo”. Bien. Es algo en lo que estoy trabajando y haciendo grandes progresos. Mientras tanto, y al no querer desatender este blog, he pensado que sería interesante hacer una especie de “diario” llamado “¿Qué ocurre en Sinaloa?”, podríamos llamarlo así, sí, con comentarios sobre la lista de libros que pretendo devorar este verano. El nombre se debe a una serie por un lado (estoy muy enganchada), y al maldito Roberto Bolaño y su asfixiante desierto lleno de gusanos. ¿Sobre la lista ? Bueno, aún no he terminado de confeccionarla, y sonaría estúpido por otra parte. Todo el mundo sabe que los libros, en cierta medida, te llaman, te sientes atraído hacia ellos y caes. De forma lenta y deliciosa. Si hiciese una lista (aunque debo confesar que existe un borrador), tan sólo serviría para caminar con un destino otro. Desvelo el primero, llamada que no he podido desatender esta mañana en la biblioteca de la universidad: “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa. Por si os interesase, editorial Acantilado, traducción de Perfecto E. Cuadrado. Quien quisiere en portugués. A lo mejor intercalo algunas estupideces, los que me conocéis sabéis de lo que hablo. Me suelen pasar cosas raras.

Pues nada, a ver qué tal sale el experimento, ¿no? Y a ver si soy capaz de hacerlo. Esperemos que sí. Un beso a todos.

Andrea.

Fernando Pessoa (1888-1935).
Fernando Pessoa (1888-1935).

Magnífico.

a,

“Así todo” (2)

Me sentía ridícula esperando el autobús. Como si siguiera allí, en esa habitación desnuda frente a él, un él que me miraba sin intenciones. Era un deseo distinto. Esa noche había sido elástica. Cuando subía una y otra vez hasta la cima pensaba que tal vez, y sólo tal vez, aquel chico sería algo mío en algún momento de ese futuro que yo me imaginaba. Alguien importante para mí. Y de verdad, de verdad que lo sentí. Lo estúpido que puede llegar a ser el ser humano en cuanto lee de la boca de alguien un gesto cómplice que no es más que un beso. Un beso. Mucha gente vende su alma por algo tan sofisticado. Me produjo un escalofrío, como cuando tras cerrarme la puerta en la cara, giré sobre mis pasos y eché a andar hasta el ascensor. La moqueta del pasillo daba asco. Una zapatilla se me quedó pegada en un tramo, llegué a pensar que él había salido sin que yo me hubiese dado cuenta para pedirme que volviese a la cama y simplemente dormir. Recordé uno de esos malditos estereotipos americanos. Sí, esa gilipollez me vino a la mente. Qué pasa. La de una chica que va a un cementerio y tiene que pasar la noche allí para demostrar que es valiente y conseguir cierto nombre entre cuatro imbéciles. Pero detrás de mí solo llevaba un muerto que parecía un fantasma desierto y asfixiante. Llegué al final del pasillo y me di la vuelta completamente. La puerta no se abría. Y yo esperaba. Me dije, venga, llama al ascensor y te das la vuelta. Pones un gesto serio y cruzas los brazos. Abrirá y vendrá a buscarte desnudo, riéndose y te cogerá en brazos. No ocurrió. Y yo pensé que sí, que lo haría. Entendí que era una mera fantasía sexual, que el ascensor no funcionaba y que no sabía leer. “No funsiona”, ponía en mayúsculas. Tú sí que “no funsionas” cerebro perturbado. Busqué la salida de emergencia. Era una puerta gris con un ojo de buey. Tiré fuerte y no se abría. Descarté, desde el primer momento, ir a la habitación del judío y hacerme la tonta. Iba a ser ridículo. Me asomé a la ventana y me caí de espaldas. Un chico abrió la puerta desde el otro lado. Cerré los ojos y estaba de nuevo sobre la moqueta. Me faltaba mi pie izquierdo. Habíamos estado tirando a la vez. A ver si la próxima vez no me encuentro con alguien tan fuerte, me dijo. Me llamó Andrés y soy amigo del tío con el que has pasado la noche. Ayer estabas bien de bien. Eres bonita. Me sonrió y se marchó. Mi mano era un hierro fuerte y áspero que sostenía la puerta. Las fuerzas me flaquearon y casi vuelve a cerrarse. Logré colarme y entrar en un hueco aterrador, una especie de escalera. Agarré fuerte el bolso, como si aquello fuese a funcionar. Bulto no identificado dentro. Cuando llegué a lo que parecía ser el hall pensé en sacarlo, pero no era el momento. Rafa estaba allí. ¿Qué tal la noche? No le contesté. ¿Eh? Le miré como diciéndole “ y a ti qué te importa, pervertido”. Me dio una tarjeta que tiré al salir. Por si alguna vez quería hospedarme allí. Una larga temporada. Siempre. Ven cuando quieras, escuché en la lejanía tras cerrar la puerta de la pensión. Una vez en la calle me pregunté si el muy idiota se había dado cuenta de que el nombre con el que había bautizado su nido superaba la antípoda de lo risible. Harcadia. Sin comentarios y con una h que no sabía muy bien de dónde salía. ¿Qué tipo de conciencia social podría tener este espécimen que…? Me puse las gafas de sol y mi mano tocó el bulto. Una mujer se chocó conmigo. Tenía el pelo enmarañado y mascaba un chicle como si la vida le fuese en ello. ¿Le iba? Tal vez. Imaginé la goma rosa de nuevo, subiendo y bajando desde los dientes de arriba hasta los de abajo. Desgastándose y quedándose entre sus labios. Me dio tanto asco, que lo asocié con mi yo pasado en la cama del judío. No, ese no era el tipo con el que querría estar, desde luego.

Breaking bad, buena serie en la que invertir tiempo y ganas.
Breaking bad, buena serie en la que invertir tiempo y ganas.

a,

Reflexión nº3.

Una vez asumidas las condiciones existenciales en las que nos movemos, ¿por qué nos empeñamos en quejarnos tanto? Es decir, si tienes que estudiar porque no has pegado ni chapa, te molesta. Si has mentido y te ha pillado, te alarmas y arde Troya. Es un drama que no quede ketchup en la nevera. Y es una auténtica tragedia que te dejen plantado un viernes. Melodrama que se difumina metiéndote a la web serie de turno y tragándote no sé cuántas temporadas de una serie que está de moda, y que tú comentas tres meses después de que todo el mundo la haya terminado. Estupendo. Pero no pasa nada. Puedes coger un libro. A fin de cuentas, no tiene cara así que no va a molestarte. No va a interferir en tu vida, se puede transportar y puedes abrazarlo cuando quieras. Sobre todo, no tienes por qué verlo en inglés porque la continuación no se haya traducido todavía a tu idioma y es más satisfactorio reírte y solo entender a tu manera las estupideces que pueda estar contándote. Maldito Bolaño.

El Pardo. 15/05/2014
El Pardo. 15/05/2014

a,

Reflexión nº2.

Es como estar en una fiesta. Conoces prácticamente a la mayoría de las personas y te tiras toda la noche hablando con una. Y en la conversación puede entrar quien quieras. Pero siempre, si entendemos siempre como la duración de ese tiempo finito y vivo, tu entusiasmo encontrará esa luz. Irás a por otra cerveza, al servicio un momento, donde te mirarás y pensarás que estás terrible y allí estará. En la esquina de esa sala. Incluso afuera, en la calle. Mirándote. Y ese será el balance de la noche. Sin duda creo que enamorarse es eso, S, hacer que tú seas ese punto alegre. Y que nos alegremos de haberle tirado la cerveza a esa persona y no a otra. El amor es un sistema de manchas, muy difícil sin duda.

For you.
For you.

https://www.youtube.com/watch?v=hB64TuNuP9o

a,

(Por fin han terminado los exámenes)

Nuestro amor es joven y solitario.

Conducía
despacito
para que tú vieras
poder mandarte una foto
y disfrutases
conmigo
la tarde
el sol que se marcha
el resto de mañanas
el cielo muerto
sobre una nube rosa
que me besa el volante
atrás la noche
la ciudad surca la línea
míralo
muerto sobre el cielo
el horizonte se ha muerto
calla
tu boca triste,
la veo naranja.
llámame
por fin
estoy en casa.

Los puentes de Madison. Meryl y Clint. Gracias, Dolo.
Los puentes de Madison. Meryl y Clint. Gracias, Dolo.

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