Libertad bajo el Aleph.

Debo asumir como organismo social que soy, que estamos solos. Entender que hablamos solos. Sentir que solo somos cuando nos encontramos sin nadie, y ¿sabes? eso no es muy justo que digamos. Lo que es el colmo es que nadie se haya dado cuenta de que el problema se encuentra en el reduccionismo de la contextualidad del ser, es decir, como las metáforas, que para Borges se reducen a unas pocas (nuestras vidas son los ríos que van al mar…), nuestros temas, lo que somos al fin y al cabo, también se ve apocopados. Nuestro devenir se reduce a: sexo (otros lo llaman amor), paso del tiempo y…No lo sé.

Desde luego así muchas cosas cambiarían, la gente moriría porque las experiencias vitales asignadas se habrían agotado, así como el papel social que desempeñaban. También se podría morir de amor (o mientras uno tiene sexo). El caso es que se trata de las pocas cosas en la vida que no se pueden llevar a cabo en compañía. Hablamos solos en la muerte y a lo que dice Paz sobre ”el hombre se ve pensando que piensa”, nos vemos morir mientras vivimos. Solos. En silencio. Completo y oscuro silencio.

Lo único bueno (por suerte o por desgracia) es que somos más que todo esto.

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