Estimado Adolfo,

Me dirijo a ti, yo que no te he vivido porque han tenido que contármelo.

Te escribo por ser objeto del fracaso o el triunfo del artista. Te ha cogido la muerte esta vez, que no el olvido en el que te habíamos sumado todos los españoles, un olvido que también se alojaba en ti impidiéndote recordar. No sé si lo sentías también, pero últimamente no podemos ponernos de acuerdo en casi nada. El bipartidismo al que nos arrojan los medios nos ha asfixiado, no podemos hablar de política porque supone un intercambio intergeneracional de pareceres que no suelen encajar bien. Incluso entre nosotros, los jóvenes, no podemos hablar salvo en contadas ocasiones muy organizadas bajo la atenta mirada de un desengaño: libertad para todos desde la masa y no desde el individuo. Un sentimiento de lealtad desde uno mismo para conectar con otro y a su vez con otros para formar una inmensa red de coherencia y cohesiones es lo que nos has dejado. Las universidades vuelven a estar como en tu momento, carteles, pintadas y mensajes muy directos que sin embargo no llegan a nadie. Sólo nos faltan las canicas que arrojaron otros, que como yo eran jóvenes, a los grises cuando venían dispuestos a sofocar el nacimiento de otra España. Este es el país en el que nos enseñan a ser de izquierdas o de derechas, un país de pocos términos medios, o te indignas o perteneces a las nuevas generaciones. Así somos.

Digo que te ha cogido el fracaso del artista porque en la distancia, al morir, todo el mundo te reconoce, todo el mundo te llora y todo el mundo pide por un consenso que lograste, hoy día imposible por culpa de un dolor que llevamos en la sangre que no cede y que entorpece, disuadiéndonos de las nuevas bocanadas de aire que trae el progreso. ¿Entiendes? Es como si no quisiéramos avanzar. Para muchos fuiste un nombre más en los libros de historia y para otros tantos un ejemplo que todo el mundo alaba y que nadie se atreve a seguir. ¿Por qué nadie ha pensado en ti antes de morir?

Te escribo y añado todo lo que te diría en un registro correcto y formal, pincelado con sentimientos de otros y propios. Han salido unas imágenes de un muchacho con una bandera de España en frente de tu hospital. Y es difícil, hasta yo lo confieso, creer que la bandera de nuestro país no le debe nada a la dictadura, sino más bien lo contrario. En ella se leía: Siempre, Suárez. Y yo te digo, gracias tú que le sostuviste la mirada al pasado encapotado y hondamente militar, una mirada en la que todos teníamos un espacio y un futuro.

Aludo a lo del registro y retomo el ”que nadie se atreve a seguir”, porque actualmente no hay nadie que tenga cojones de sentarse y simplemente dialogar.

Gracias.

Adolfo Súarez

Andrea Toribio Álvarez

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