«La elección»

Cuanto más puedo conocer sobre la historia de Leopoldo María Panero, mejor entiendo la historia de otros que como él, recibieron la etiqueta clasificatoria final: malditos.

Y resulta divertido que acuñen a un puñado de hombres y mujeres con dicho término, cuando en realidad lo que quisieran sería tildarlos de locos, o majaderos, según convenga. Yo me desentiendo del artefacto retórico.

Por un lado creo que es muy cómodo apuntar, cómo esos hombres que se han distribuido por todas las épocas que el hombre ha vivido hasta ahora, han sido incomprendidos a pesar de ser genios del origen. En torno a dichas figuras se agruparon personas que trataron de aproximarse a esa locura sana que nos libera, que ellos sí pudieron alcanzar, desestimando el tema suicidios, o como todos los grandes recuerdan: el eco del disparo de Larra.

Son figuras que provocan en nosotros una tremenda fascinación -hablo por mí y creo hablar por todos, así soy- pues su mérito es de ida sin derecho a vuelta: Han encontrado la palabra. Han explotado su significado y nos han dejado grandes obras de la literatura universal, universal en su sentido más expansivo a la manera de José Vasconcelos: literatura del cosmos. Entre esas obras encontramos poemarios espléndidos, novelas de una gran calidad y en ocasiones algo complejas y palabras mudas. Porque hay escritores, aunque no lo creamos, que jamás en la vida escribieron nada y formaron parte de una farándula.

Algunos creen que se trata de elección, que han creado un personaje que pueda estar maldito, como un hogar, y que ellos simplemente han habitado y han muerto en él. O justo cuando pretendían salir, el agujero se estrechó y tuvieron, por arduo y difícil que suene, optar por el suicidio.
Otros creen que hablar de malditos, es posible a propósito de todos aquellos escritores que han golpeado en más de ocho ocasiones – por poner un número finito- la puerta de editoriales y que siempre han obtenido la misma respuesta: NO. Y que al morir, qué ironía, han sido mundialmente reconocidos y otros escritores de éxito, y cuando hablo de éxito actualmente me refiero al editorial y de la crítica, no al público lector, deciden dar una entrevista diciendo que ellos siempre habían sido fieles lectores, de ese pobre tipo o esa pobre hembra que habían entendido perfectamente, siendo los únicos, de qué va este maldito artefacto tan hermoso, que es la literatura.

Hablo de escritores como Jean Genet, Leopoldo María Panero, Roberto Bolaño se libró (fue suficiente con estar enfermo y ganar un premio de novela), Alejandra Pizarnik, Rimbaud, Virginia Woolf, Bukowski, Baudelaire, Artaud, el desconocido Lautréamont, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Cristina Peri Rossi, Onetti…

Como podéis comprobar, los grandes escritores de siempre.

Eduardo Haro Ibars

Incluyo fotografía de Eduardo Haro Ibars, teóricamente otro de los escritores malditos y amante de Panero tal y como apunta J. Benito Fernández. El citado periodista y crítico, es el autor así mismo de El contorno del abismo, vida y leyenda de Leopoldo María Panero, biografía que de momento, recomiendo de forma estupenda.

Andrea Toribio Álvarez.

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