Drama y número.

Prometo que todo lo relatado forma parte de una sección estrictamente veraz de lo que ha pasado hoy. Los hechos son ciertos, lo pomposo, mío.

Me senté en el autobús empapada de agua, con los libros húmedos en la mano y algo de apatía nebulosa. La señora que estaba al lado mío me dijo que llevaba una bolsa muy bonita y que ella llevaba otras dos del mismo corte. Me las enseñó. No me gustaron pero seguí mirándole a los ojos, no tengo ni idea de quién es ni de cómo me ha empezado a hablar. Yo sólo me había limitado a sentarme y a pensar en que llegaría tarde a francés. Y lo hice, diez minutos concretamente, que no se vieron reflejados en aquel ”sólo os quedan cinco minutos” y aún no había contestado a la mitad del test.

Dijo que tenía siete hijos, pero que recientemente se le habían muerto dos, uf, me dije, uf, qué dolor. Es doloroso. Debe serlo, se me escapó. Me dijo que sí, pero que era la vida y que ahora sólo tenía muchas ganas de ayudar, ayudar de forma desinteresada. Su marido se estaba muriendo en el Barrio del Pilar. No en todas las esquinas sino en un centro de salud, con la maldita diálisis. El caso es que allí mismo, encontró a una mujer con un hijo, muy estudioso asegura, le he visto estudiar mucho me dice, que llegaban llorando y con una maleta en la mano. Total, que decide acogerlos en casa de uno de sus hijos, soltero, tenía los muebles nuevos. Así me ayuda a pagar el piso, cada mes con lo que puede, es una buena mujer. Tú también eres buena persona, Andrea. Pareces ser buena persona, estoy convencida de que lo eres. Ah, vale, ya recuerdo por qué sabía mi nombre. Yo misma se lo di cuando me dijo que escribía y le contesté que yo estudiaba filología, para terminar dándole mi dirección de casa, pues quería enviarme sus libros, que a decir verdad nunca publicó por vergüenza. A la hora de la comida, contándoselo a mi abuela me dijo que querría dinero, nadie es tan altruista. Yo me había creído un cuento. Miré al bajarme del autobús unas postales que me dio, cuando me dijo que escribía mucho, antes mucho, ahora no tanto porque la tristeza, ya se sabe. Lo que me contaba no tenía ni pies ni cabeza. Escribía mucho, pero luego me dijo que no había leído absolutamente nada nunca, salvo algunos libros que leía y releía con avidez. Eran fotografías de La piedad, la Mona Lisa, una paloma que entiendo que representa la paz con la rama de olivo y otras que tengo guardadas en el bolso de hoy y que aparecerán en el bolso de mañana. Son poemas profundamente místicos, se agarran a la religión como un puñal ensangrentado que desea volver a penetrar en la noche y adormecerse con una sangre oscura y sin sabor. Tienen un sin fin de faltas de ortografía y son algo tétricos pero muestran una métrica y un ritmo que realmente te hacen pensar que esta señora ha estudiado las formas tradicionales, pero salgo de mi engaño al mirarme a los ojos y con los labios muy prietos y rosados: es intuición, hija.

María de la Luz me ha deseado un buen día, y que me saliese bien el examen. Me dijo también que recibiría noticias suyas, ya había mandado otros correos certificados a otras personas.

Luego huí, cuando bajé del autobús huí. A pesar de haber dicho que únicamente bajé de él, o incluso a pesar de ni siquiera haberlo mencionado. Cerré los ojos, mandé correos electrónicos, hice el examen y salí de él indignada. Je suis dessolée. Parpadeé y estaba enfrente de una funcionaria del estado a la que, según salieron sus palabras, caí bien y la cual me regaló una tarjeta blanca, que nunca antes había visto. Me dijo que había estudiado Historia del arte en mi universidad, aparta de mí ese cáliz pensé, y estaba de investigadora en la Biblioteca Nacional.No me salió un: como yo, puesto que ya no puedo ir. En la cartera que me robaron, motivo por el que me cuenta otra cosa que luego diré, estaba ese carné del que tan orgullosa estaba. Prepara una tesina sobre la intencionalidad de las imágenes del siglo XV, huye de la concepción de imagen=hecho pictórico para convertirse en hecho semántico, mensaje, es decir: jornalero del XV no dejes que a tu mujer le haga el amor otro que no seas tú, y en ese ”otro que no seas tú”, tampoco entran animales. Realmente, mientras me habla, pienso en algo, aunque no sé si es del todo cierto y está poniendo en práctica su axioma. Las imágenes de los santos son un verdadero decálogo de un enorme ejemplario que se encuentra situado en la biblioteca de Babel, a la que un tal Borges tiene acceso libre. Ah, pues mira, de ahí no tengo carnet.

Más tarde tuve de nuevo francés, y más tarde aún otra persona confió en mí y el lunes, si dios quiere, que parece que sí, digo lunes como cualquier día, volveré a tener una de esas cartulinas que ya fue tachada de mi lista de wishes cuando entré en la carrera. Lo de ”si dios quiere” lo analizamos en sintaxis como perífrasis verbal teológica. No sé si forma parte del mundo real, la tradición o la psicología moderna. O lo profundo de los pueblos de España. O La Celestina.

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