/G-e-n-e-r-a-r una g e n e r a c i ó n/

Discúlpeme,

Olvidaba que todos en adelante queremos ser el vértice de nuestra generación, auge de la putrefacción sentimental en detrimento de la debacle del triunfo y la victoria. Queremos que nuestro mayor logro sea pisar América, recorriendo la honda llanura bajo la inexorable sequedad del sol o cayendo exánimes nuestras almas agrietadas sobre la tierra de la selva que humedecerá el recuerdo de los ecos humanos en la historia.
Formo parte de ese grupo de jóvenes queriendo ser muchachos en un camino hacia no where, gritando desde un pueblo bonaerense junto al pacífico de los conquistadores. Nosotros los de hoy empuñamos armas violentamente pacíficas, estoicas palabras que profundizan diariamente y que tal vez contribuyan a la monotonía natural, la línea de la vida, la sucesión de acontecimientos, una variable x elevada a n siendo ésta la generación beat que nos hizo enloquecer y tiritar para tratar de despertar.

Seguimos presentando espasmos, diagnosticados siempre, ante todo.

Por otro lado queremos ser de aquí. Escuchar música de la que nos gusta, soñar vivir donde querríamos hacerlo, soñando porque no hay otra forma de vivir, siendo vivir la onda máxima que debemos proyectar para con nuestras intenciones, y el donde querríamos aquella casa con balcón desvencijado de allí. Queremos dar cuenta de nuestra existencia. Queremos ser tontos, listos, neutrales, barbudos, parecer que hemos vivido, llevar abrigos d hace veinte años y ya veremos qué en otros tantos. Tan sólo damos cuenta de una juventud reflexiva resuelta en una complicada edad adulta que será sin duda la juventud rebelde que nos faltó.

Y esto seremos, sin despertar siquiera hasta morir, renacer y aceptar, como dijo Elliot, que la vida es larga. Lo atestiguará el tallo de la rosa recién cortada junto a unas espinas y una gota de agua que alguien cortará por ti el día d.

¿Y sabéis qué otras generaciones?

La tecnología no nos vertebra no deja de ser otra estupidez más, un mecanismo que nos permite declararnos poco conformes con las ingentes cantidades de información que recibimos. Podemos leernos el mejor libro jamás escrito que seguirá oculto tras nuestra sombra visceral, una mueca descarada y sobria: nosotros mismos. Por eso, y sólo por eso si es que no fuese suficiente:

“Es una pérdida de tiempo no hablar de nosotros”.

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