La nuca nunca miente lunar de plata.

Te acabo de ver subiéndote al autobús con ese insigne uniforme escolar que te perseguirá siempre. Para nunca volvértelo a poner en un par de años, si es que todo fuese bien. Camino tras tu trote disperso de adolescente imbécil, una mochila de marca y un abrigo de también capitalista y dudosa moral te siguen, una universitaria pensando también. Y así cruzamos el puente de alambre que corta el cielo en dos pedazos fríos y sin color que guardo en una fotografía en mi teléfono.

Desembocamos en una escalera de piedra, no Jorge Luis, que no se bifurca. Tu nuca de niño nunca miente lunar de plata, viene uno de esos soplidos de viento que te eriza el pelo de la espalda. Dudo siquiera de ello, los jóvenes no le tienen miedo a nada, bueno, miento, es mentira, me concentro y atestiguo que sí, nos tenemos miedo a nosotros. Un adolescente sólo puede ser destruido por otro, no es casualidad. Lo que nos diga un +30 no nos interesa, salvo que sean drogas, alcohol, libros de pornografía, a decir verdad cualquier cosa que tenga que ver con la pornografía y libros como objeto dividido en una superposición de planos. Tú mismo chico, tú mismo contienes multitud de perspectivas. Primero la tuya, que miras hacia delante, que te has convertido mirada de chico en ojos de chica joven universitaria sin trabajo y en pensión completa aún viviendo en su casa. Segundo la mía a través de la tuya, que es diferente y no igual. Yo veo la parte de atrás de tu mundo, la que ignoras a la que caminas. Torpe, que eres un torpe. Dios, eres un torpe. Tendríamos que tener una mente extra-sensitiva y mega-sensorial. Todo nuestro cuerpo debería sentir la atmósfera que se nos cuela entre células de esponjosa gomaespuma. ¿Por qué no nos has hecho así? Es verdad, para que dar besos no sea tan incómodo siendo nuestras cabezas bolas de nebulosos nervios.

Por el mismo motivo que no le toco el hombro a ese chico que he visto pasear por mi barrio y que está saltándose el colegio y le digo, aún tienes tiempo, huye, huye, no vayas más que a donde te apetezca, estudia como esa panda de macarras en la universidad de la vida y haz todas las actividades extra-curriculares que quieras, ¿Nadie habla de un currículo-periplo vital ahora o qué? Ah vale, vale, que no sirve para nada. Sé que se giraría disgustado por haber sido interrumpido mientras pensaba en una universitaria que le ha entorpecido el paso, me diría que dejase las drogas y que si tengo un piti. Pero me niego a pensar que me diría eso. Prefiero que rompa con el conocimiento de la historia, la verdad de la ciencia y el devenir de la literatura con un irreverente y poco correcto: Cállate, puta.

Fotos Madrid 1

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/G-e-n-e-r-a-r una g e n e r a c i ó n/

Discúlpeme,

Olvidaba que todos en adelante queremos ser el vértice de nuestra generación, auge de la putrefacción sentimental en detrimento de la debacle del triunfo y la victoria. Queremos que nuestro mayor logro sea pisar América, recorriendo la honda llanura bajo la inexorable sequedad del sol o cayendo exánimes nuestras almas agrietadas sobre la tierra de la selva que humedecerá el recuerdo de los ecos humanos en la historia.
Formo parte de ese grupo de jóvenes queriendo ser muchachos en un camino hacia no where, gritando desde un pueblo bonaerense junto al pacífico de los conquistadores. Nosotros los de hoy empuñamos armas violentamente pacíficas, estoicas palabras que profundizan diariamente y que tal vez contribuyan a la monotonía natural, la línea de la vida, la sucesión de acontecimientos, una variable x elevada a n siendo ésta la generación beat que nos hizo enloquecer y tiritar para tratar de despertar.

Seguimos presentando espasmos, diagnosticados siempre, ante todo.

Por otro lado queremos ser de aquí. Escuchar música de la que nos gusta, soñar vivir donde querríamos hacerlo, soñando porque no hay otra forma de vivir, siendo vivir la onda máxima que debemos proyectar para con nuestras intenciones, y el donde querríamos aquella casa con balcón desvencijado de allí. Queremos dar cuenta de nuestra existencia. Queremos ser tontos, listos, neutrales, barbudos, parecer que hemos vivido, llevar abrigos d hace veinte años y ya veremos qué en otros tantos. Tan sólo damos cuenta de una juventud reflexiva resuelta en una complicada edad adulta que será sin duda la juventud rebelde que nos faltó.

Y esto seremos, sin despertar siquiera hasta morir, renacer y aceptar, como dijo Elliot, que la vida es larga. Lo atestiguará el tallo de la rosa recién cortada junto a unas espinas y una gota de agua que alguien cortará por ti el día d.

¿Y sabéis qué otras generaciones?

La tecnología no nos vertebra no deja de ser otra estupidez más, un mecanismo que nos permite declararnos poco conformes con las ingentes cantidades de información que recibimos. Podemos leernos el mejor libro jamás escrito que seguirá oculto tras nuestra sombra visceral, una mueca descarada y sobria: nosotros mismos. Por eso, y sólo por eso si es que no fuese suficiente:

“Es una pérdida de tiempo no hablar de nosotros”.

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Somos humanos, toda una novedad.

Nela, ¿Sabes una cosa? Como no habíamos aprendido lo que es ‘caer’ hasta que nos hemos ‘levantado’ nadie puede reprocharnos el no haber sabido apreciar la vista que hay desde aquí arriba. Y la verdad, se vive bastante bien. De todos modos, ¿Por qué no íbamos a ser felices? Al menos que en nuestra cara aparezca sembrada esa parcela de lo feliz como la tierra de los abrazos. Es hermoso así, sin preguntarnos ni cómo, ni por qué: vivir.

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No hemos aprendido a caer.

Hola. Hemos vuelto a caer. Te conozco de toda la vida, somos un equipo. ¿Estás contenta? Sé que hoy no has dormido bien, has tenido una pesadilla en la que el nombre de tu madre se figuraba en la lejanía oscura. No dejabas de llamarla, querías que fuese a tu cuarto y te tranquilizase habitando tu espíritu sin nadie. Tal vez no exista mayor alivio que el ruido de sus pasos por el pasillo. Tú no estabas allí, por supuesto, viajabas a lomos de un caballo blanco y tras de ti todo lo que temes siguiéndote tan de cerca… volando por el aire. En cuanto giraste la cabeza la delgada línea del horizonte se desdibujaba y se abría en dos. Era la luz del pasillo, la entrada rompiéndose y una persona entrando en tu cuarto.

El fracaso es como una mochila, ¿Eh? De repente pasa alguien y te la cuelga. Te encoges de hombros y sigues caminando. Cada poco tiempo te vuelves pensando que se está cargando de peso de forma automática y cada vez te cuesta más y más andar. Pero lo importante es no caer y desgarrarse la tela de las rodillas, lo fundamental es mantenernos temblando resistiendo la tormenta, mojándonos, ahogándonos pensando qué hicimos mal. Podríamos morir allí mismo. No olvidemos que todo es un sueño y que no despertamos hasta encontrarnos a dos metros bajo tierra junto a unas flores podridas y un bonito epitafio clandestino. Pero yo no quiero gastar mi fuerza pensando en qué hice mal sino en que haré más y mejor.

Huimos de la resignación para afrontar y arremeter con más fuerza. Eso no debes olvidarlo. La derrota es para los derrotistas y tú aquí, que ya has venido, estás aquí, no puedes tirarte en la cama sino es para dormir permitiendo que todas esas mentiras perturben tu sueño infinito.

De ningún modo eres mediocre. Tampoco debes sentir vergüenza. Sabes para quién hablo. Que no te digan ni te encasillen como alguien que no eres.

Ilustración a un cuento de Felisberto Hernández

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Vomito.

No me gusta Goytisolo como anuncio por palabras, me gusta calladito en las fotos de detrás de sus libros, no me gusta el despotismo de algunos profesores, no me gusta tratar de usted a personas que quisiera como iguales, no me gusta que nadie venga dando consejos de moralidad, no entiendo a los que tratan de imponerte una determinada ideología, no soporto a toda ese masa de futuros profesionales poco profesionales, no soporto la mentira, la falsedad, el miedo a no hacer algo por originar una ruptura en alguien, no tolero la falta de apertura, no entiendo cómo aún puede seguir gente tan cerrada, nunca entenderé quiero decir, mataría por una justificación verdadera y auténtica evaluación de mi trabajo, por palabras que sean transparentes y no llenas de mierda ,y que termine el hecho de ”evaluar” la constancia en base a la calidad del vómito el día del examen sin haber comprendido NA-DA, odio, odio, odio la gente que trata de ponerse en tu lugar enseñándote ética barata de las seis y dos minutos, detesto que tenga nadie que decirme lo que tengo que hacer, lo que tengo que leer, cómo debo comportarme y cómo tengo que vestir para parecer más quien yo soy y ser menos.

A la puta mierda, hombre ya. Pero una cosa que no quede por decir. La voluntad de uno es indestructible y pueden jodernos todo lo que quieran, pero hay una cosa que no la rompe Schopenhauer. Mi ánimo vital.

roberto-Bolaño23

Aquí un hombre cabal.

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No te conozco, pero vaya tela.

Hace un rato me dedicaba a redactar unas claves de lectura para que un chico de dieciséis años pudiese entender la novela Señas de identidad de Juan Goytisolo. Me preguntaba a la par, cómo haré para que un chaval no se asuste si le digo que leerá a un escritor que optó por el exilio, concretamente Francia, Estados Unidos y Marruecos, y que nunca se consideró parte de lo que algunos críticos han denominado como ”literatura catalana”. También tendré que contarle el golpe total y posterior que supuso la guerra civil en nuestro país en los 50-60, en nuestros intelectuales y escritores, que sangraron doblemente: o vivir en una España caracterizada por el influjo extranjero agobiada por el debacle de la dictadura o ser extranjero en el sentido de continuar siendo español pero situándose en una escena a la que llamaremos ”otra”, espacio en el que poder aportar una crítica, una mirada a España sin tristeza en los ojos como lo habían sido exiliados del estilo Max Aub, Sender o Cernuda, una mirada fuerte, sonante, conectada a otros panoramas mundiales, también en conflicto.

Pues yo me digo a mí misma, que si me está costando entender todo lo que Goytisolo quiere transmitir, ¿Qué entenderá un chaval de 16 años? Se me hace cuesta arriba pensar que tiene que desarrollar un proyecto entorno a la novela, no porque vaya a ser un trabajo que decida nada en su vida, no deja de ser una mera nota de clase, sino porque es complicado entender muchas cosas. Ahora que lo pienso tal vez una mente más inocente que la mía, tres años en filología no pasan en vano, sea capaz de disolver el entramado de la obra y verlo más claro. Pero prefiero ser cómoda y pensar que los planes de estudio deberían adaptarse y no empezar a construir la casa por el tejado. ¿Por qué leer a Goytisolo primero? Tal vez hubiera sido más conveniente leer Las mixtificaciones de Baroja, siempre divertidas, algún cuento de Max Aub (si lo repito es porque me gusta y mucho) que siempre se hacen amenos o CUALQUIER cosa de Mendoza, que siempre está bien y que apunta al humor en la literatura, en lugar de cargar a los chicos con un problema que aún conserva en España más allá de su memoria.

Son jóvenes aún. Profesora, deben entender para leer.

Juan Goytisolo

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«Sobre cómo desaparecemos aquí…»

Tu testimonio
es ahora un eco de ladrillo
convertido en

”s o l e d a d”
men guan te.

A veces esperando
lo inevitable, sucede
la destrucción. De esta ciudad.
Prenda que suele ser encrucijada en ti…

Pues junto a una vida [la tuya],
una fría y angustiosa
enfermedad endémica
parece constituir
lo único nuestro como tal: Nuestra ”l i b e r t a d”.

Somos los individuos del hierro y el cemento.
Absortos en el tráfico de murallas rendido a lo real
una ciudad que nos engaña y nos miente.

Te digo que ella es –aún así– nuestro edén,
lugar en el que refugiar nuestro olvido.

Sólo aquí –a veces– nos volveremos
peligrosamente humanos.

Madrid I

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Antonio López, no el pintor, sino el hombre que nos sirve de ejemplo, bien pudo llamarse Juan García. Este tipo padecía una conocida enfermedad de la que muchos no lograban deshacerse tras salvarse del absolutismo hipotético de Dios: el budismo. Pasó toda la mañana del domingo catorce de diciembre, una fecha totalmente azarosa, sin ningún tipo de significado subyacente (aviso al lector) leyendo a un autor bárbaro. Leía de forma cuidadosa y acertada no esquivaba ninguna palabra y desde luego no migraba hacia aquellas partes señaladas con diálogos para amenizar la historia y anticiparse a los hechos. De la descripción muchas veces brotaba de la formación de la personalidad de los personajes. Era más bonito pensar así a leer páginas repletas de: Este árbol crece así y ese banco del parque está asá. Tras una lectura continuada se detuvo en la página cuarenta. Se humedeció levemente el dedo índice con la lengua y en alto exclamó la frase que sin leer ya sabía asustándose de forma violenta e intimidatoria de la página siguiente. En un ataque de terror lanzó el libro contra la pared más cerca y se tomó una pierna y luego la otra entre sus brazos, acurrucándose como un niño formando un cuatro. Comenzó a balancearse hasta que se levantó y tomó la puerta para salir a la calle. El ascensor subió hasta el cuarto con un cartel que ponía: estropeado, y bajó de uno en uno los escalones para evitar la rotura de vértebras de la vecina del catorce.

Mientras caminaba vio una hilera de árboles zigzagueantes, cuatro coches rojos y un silbato de un policía. Iba relatando en su mente los hechos y recordando que era todo aquello que había leído en el libro. Sabía lo que pasaría a continuación, que se iría hacia la panadería más cercana y pediría el de leña del día, obtendría un periódico regalado y compraría así mismo palmeras. Luego se dirigiría a su casa, subiendo de uno en uno los escalones de nuevo , donde un asesino le esperaría asestándole cuatro puñaladas en la espalda. Antonio López cayó rendido en el rellano y este salió huyendo con la caja de palmeras en su mochila azul. Tras un instante de cortesía se levantó quitándose el incómodo chaleco de pana azul marino, que al ser tan feo, nadie percibió su estructura de hierro. Dejó las bolsas de tomate con vinage en el suelo (ketchup), entró en su casa triste porque no tendría dulces por la tarde, tomó el libro del suelo y volvió a ocupar su sitio e la butaca, leyó cuatro hojas y se murió durmiendo. Era la una de la mañana cuando: Valores fundamentales del escritor como hombre en la ciudad de Juan García caía sobre la moqueta roja.

El asesino había esperado pacientemente su turno, y subió de nuevo al piso, escalón por escalón hasta ver el cartel de madera con letras doradas que indicaba: piso cuarto. Tomó al escritor envolviéndolo en una toalla del baño para después dejarle caer desnudo y lleno de jabón por las escaleras. Una vez rebotó su cabeza contra el último escalón decidió que lo más indicado era montarle en el ascensor averiado junto a un montón de confeti y pases de una discoteca ambigua. Volvió al butacón y se sentó. Le llamó la atención un libro del suelo que cogió y empezó a leer.

”La lectura de uno de sus libros favoritos se le hizo casi insoportable, aquella noche la pasaría pensando en convertirse al budismo y abrazar la reencarnación”.

Poco tiempo después sonó el teléfono, al habla una chica de voz dulce que advirtió los tres minutos que faltaban para su aparición en la casa con intenciones más que veladas. El escritor barra asesino aceptó.

Una de mis clases este cuatrimestre, sensacional de bonita.
Una de mis clases este cuatrimestre, sensacional de bonita.

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”Puro chile, es tu cielo azulado”

Puro Chile, es tu cielo azulado.

Roberto Bolaño.

I

Este ladrillo era antes una casa.

II

Termino de fumarme un cigarro existencial. Ya está. Lo tiro al balcón de abajo. No parece vivir nadie. Mis amigos dentro. Risas. Música y ritmo latino. Gritos. Sigo asomada a un balcón. Sólo se puede ver el mar a través de una casa en ruinas. Un puerto. Más velas. Un hombre caminando.

Una lágrima.

III

¿Caerá el mar? Surca mi mejilla. Deja el mismo rostro que un barco en lo alto. Cae. La cojo. Me paso la mano por la cara, amasando el mar.

En realidad sólo quiero entrar dentro y dejar de parecer profunda(mente gilipollas) en este tipo de situaciones.

Mar

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