El escritor de los cien años

El 11 de noviembre de dentro de diez años, serás ese escritor del que hablo. El escritor cuyo nacimiento sea conmemorado, homenajeado e incluso ese tipo al que le dedicaron una especie de congreso cuyas actas se pudran en alguna universidad de provincias, ¿Debe parecerme bien escribir o leer algo así?

El año pasado, decidí comprar un libro: Tiempo de silencio, del que se me habló en el colegio, título que reposaba en mi memoria. Mi mente pueril no recuerda detalles de dicho acontecimiento. Iba en el autobús cuando comencé a leerlo. Tardé el trayecto completo en leerme las dos primeras páginas, honestamente ante todo, no entendí absolutamente nada. Hoy, a día 30 de diciembre de 2013 entiendo que se suscribe a un realismo-dialéctico, cuyo terror pesimista es el testaferro de aquellos tres inconformistas barbudos (bigotudos en el caso de ”Azorín”). Lo que no quiere decir otra cosa que: el escritor ha comprendido la realidad, asiente y cada palabra se ha elegido con sumo cuidado y temple para describir lo que tiene delante. El instrumental médico, las ratas de Madrid, el poblado gitano y ese olor a ron que deleita a la señora de la novia de un usted, teóricamente biográfico, me emborrachó. Es una realidad palpable que parece de mentira, y lo que es más importante: hicieron película, una película que deja mucho que desear (según me han dicho que tengo que opinar), y es raro, rarito porque leer la historia en sí es como ser espectador de una escenografía abrumadora. Lo que se ha conseguido decir a través de las palabras es mejor no tocarlo, que bastante trabajo lleva persé. De hecho Wittgestein dijo algo así como: decir encierra la posibilidad de decir algo, pensar presenta opciones a la hora de pensar en algo, pero decir algo que se piensa, eso es otra cosa. (Lo digo de memoria, ni siquiera tiene por qué ser cierto)

Este señor, que como Baroja fue médico (abundan los médicos plumilla), es otro de los escritores del NO, señor Vila-Matas. Escribió Tiempo de silencio, dejó la continuación en manos de J.C Mainer y entre unos papeles suyos se encontraron el título de tres novelas que pensaba escribir. Una de ellas de ambiente carcelario. Sólo espero que esa idea esté flotando por el aire y que algún día llame a la puerta de algún inconsciente que reciba el nombre de escritor.

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