He leído algo sobre los escritores del NO.

Vuelvo a mi casa y se pone a llover y pienso, qué fantástico, tengo el pelo muy limpio. El caso es que no sé cómo mirando la ventanilla de un coche llena de gotas me he dado cuenta de que hacía tiempo que no escribía y he pensado que tal vez padeciera el síndrome de Bartleby que reseña Vila-Matas en su libro: Bartleby y compañía (Gracias Pablo). No es más que un personaje de Mellville bajo el que se esconde un hatajo de hombres temerosos de escribir y ser juzgados. Son una panda de cautos y poseedores de la máxima inteligencia a decir verdad, porque todos tenemos miedo y sólo han hecho lo que pudiera esperarse de esta vida: confesarnos débiles ante el juicio del otro. Y no hay más.

Mi madre me ha preguntado que qué quiero como regalo de Reyes y yo le he contestado que quisiera un ordenador de Apple, evidentemente me he peinado para atrás y me he ido a mi cuarto haciendo la semicroqueta, porque mi pasillo es más bien estrecho. Esto en realidad ocurrió hace unas semanas pero lo recuerdo como si fuera hoy mismo. Tengo una rozadura en la rodilla del marco de la puerta contra el que me estampé. Entonces, en mi vida, manía estúpida, me aferré a la idea de que probablemente no volviese a escribir más si no tenía ese ordenador. Y ha sido en ese momento cuando he mirado las gotas en los cristales del coche cuando me he dicho, hoy más que nunca: Andrea, eres gilipollas y superficial. Una tecla es una tecla, aquí y en la conchinchina, en lo que piensas es tan sólo una marca. Hace tres años en nada que quería un coche. Un coche que me diera igual, ni bonito ni feo, tan sólo que fuese medio mío y que pudiera llevarme a donde quisiera sin dejarme tirada. Un bonito coche para mí, antiguo o feo para los otros. Una verdadera carraca que se pudiera resumir en la tautología siguiente: Tiene cuatro ruedas, por lo tanto anda.

Ahora aporreo las teclas de mi ordenador rojo, que para mí es bonito, y que tiene marchas de pegatinas que he quitado, y el cursor desgastado de mis dedazos. La inspiración realmente les viene y les va. Yo no creo en ella. Si sientes la obligación de escribir contigo mismo, hazlo. En ti está el mostrarlo o engullirlo. O dejarlo en un cajón como Kafka, y que venga otro a leérselo.

Mamá, quiero un boli bic.

bartleby

a,

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s