El miedo.

I

Tu suelo pisa tus suelas finas de los zapatos ingleses que compraste antes de ayer, que hoy es ya mañana. Mañana no habrá literatura y deberemos enfrentarnos a esa realidad. Distingo el ruido que hace las botas de mis compañeros al entrar en clase y las rayas, los cuadros, las patas de gallo de los estampados metálicos de sus ropas. Siento el frío que traen sus manos, sus uñas quebradas, labios cortados que saben a escarcha, quebrantando la nada, un campo difícil, campus universitario, la nada. Dejas los libros encima de la mesa, te sientas cómodamente y te afincas en un verso que aparentemente susurra el sueño: Diré cómo nacisteis placeres prohibidos…, y el anfiteatro se remueve en su sitio, convirtiéndose en un coro trágico de suspiros y peticiones. ¡Ay si tuviésemos un reloj en el aula! Las horas se irían marchitando, y no tus palabras llanas. ¡Ay si cada palabra bastara! Y no tuviéramos la sensación de una boca seca, una falta de calor y de agua, al despedirnos del poeta hermeneuta, del que señala e indica la dirección silbada.

II

Apariencia de escaparate, maniquí que contiene el último líquido de la belleza humana. Mangas de camisa, chaleco sin mangas. Versos, versos, versos. Poetas, poetas, público, escenario. Tu voz parece desnuda, la nuestra llena de manchas. Nuestra voz acaba de ser concebida, se está gestando, y nacerá pronto, a golpe de fragua. La verdad, la verdad, la verdad. Quien busca la verdad es que no sabe nada. Gafas que convexan con un interior de plata, pensamiento de aluminio, amalgama de un tiempo clarioscuro que tanto desinterés produce en las masas.

III

Afiladas espadas se baten en duelo para librar a la monotonía de una falta clara, evidente de soberbia vital. Admite lo humilde, lo profano y lo santo, no rehúyas de los bancos de la iglesia ni te adentres solo en el silencioso claustro de árboles, espanto. No claudiques, lee a Claudio Rodríguez, recuerda que debemos seguir enfadando a cualquiera, de forma disparatada, yéndonos por las ramas. ”Aviva tu juventud, huye de la vejez intransigente” pienso. No te apropies de la voz de nadie, no quieras ser un asqueroso eco. No digas juanramonadas ni te ampares en el verde. Olvida el faro, olvida al marinero… pero no olvides de la luz que te hizo esto: recuperar la visión.

IV o IIII

Hay que ser humilde, que uno se haga lo que se haga. Hay que ser humilde, no arrepentirse, no borrar lo dicho, aceptar lo escrito declamar a cualquiera que se haya atrevido a rasgar la hoja, a romperse la espalda. Hay que ser humilde, aceptar la tensión y el miedo, sobrevivir al paso del tiempo. Salgan, salga, de usted a ustedes, salgan. Los lunes y martes a la misma hora, en el mismo aula. Hasta mañana. Bien, Como decíamos AYER…y gracias.

henri_rousseau_-_the_flamingoes

a,

Anuncios

2 comentarios en “El miedo.

  1. Hay que ser humilde, no arrepentirse, no borrar lo dicho, aceptar lo escrito declamar a cualquiera que se haya atrevido a rasgar la hoja, a romperse la espalda.

    ¿Qué más podría yo añadir a esto?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s