Pésima y ancha reverberación.

El movimiento ondulado de la carretera hacía que me moviera hacia un lado y hacia el otro, mientras trataba de leer, unir al menos, dos palabras que tuvieran sentido de aquel maldito libro, que poco tiempo tardé en guardar. Contemplando la fila de edificios que iban apareciendo como de la nada a través de las gotas de agua que se resbalaban por la ventana, comprendí que mi casa volvía a ser un hueco vacío si es que alguna vez había dejado de serlo, y que yo ya no sentía nada. Nada bueno. Emoción, amor, canciones como el ”bésame mucho”, tensión… Angustioso mundo interior que más de una vez se me ha repetido entre comida y comida. Ahora pululan dentro de mi cabeza y me son extraños, al tocarlos no se asustan, ni se disuelven, y tampoco dicen: ”Te llamaré”, sino ”Cógelo”.

Mi casa es ahora un lugar transitado por cuerpos cuyo sentir vive al partir. Antes se escuchaban gritos, aullidos astutos, se llegaba a oír el crujido de la piel al ponerse de gallina y no creo que deba decir mucho más sobre esto, que es bochornoso, casi patético. Y yo no puedo cerrar la puerta, decirles que no vengan, que dejen de entrar en mi vida, porque ha empezado a apetecerme que me la compliquen un poco, y cada vez un poco más – por favor- y así voy, cogiendo el autobús cuando debo estar en clase ordenando mis bártulos, leyendo el periódico y esperando el chaparrón verbal ante la inminente entrega de la calificación.

A todo esto, ellos son culpables de la búsqueda de trozos de personas dentro de cada uno de nosotros. Ellos tejieron un mundo real visceralista mentiroso, que ardía en las manos y en la boca por crear poesía adscrita a un movimiento vacío, como mi casa. No pertenecer a ningún lugar por no ser de ninguno en concreto, pero ser de todos a la vez que para eso hemos venido y el mundo es nuestro. Ahora Belano y Ulises Lima se ríen de nosotros vendiendo droga por las calles del DF a cuatro tarados, pintores y teóricos poetas. Entreteniendo a gente como yo, a otros, obligándoles a hablar y a definirse estigmatizándose de la sociedad, que evidentemente siempre ha estado podrida. Putrefacta.

Mi casa siempre ha estado así, entiendo. Sí. Mi casa siempre estuvo así, pero yo no vivía en ella. Ahora sí. Llena de libros y de amor. Malditos perros románticos.

losdetectivessalvajesPortada

Andrea.

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2 comentarios en “Pésima y ancha reverberación.

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