¿Qué? Nada.

Me gustaría entender ciertas cosas, pero entiendo que cuando no se comprenden es mejor que se queden así.

Ayer volvía, algo tarde, del teatro y de unas cañas. Salí del metro y se volvió útil la chaqueta vaquera que había estado cargando durante toda la tarde. ¿Por qué no se va más al teatro? ¿Qué problema hay? Ah perdón… la sala del teatro Español estaba a rebosar a pesar del 21% de IVA que debe soportar el gremio de actores, ¡Hola!

De noche, dos personas sentadas en el banco de enfrente. Sus ojos clavados en mi espalda mientras corría hacia mi casa. Lo noté y puede que me lo estuviera inventando. Me empezaron a pitar los oídos, seguramente, porque alguien estuviera hablando de Bolaño, corrí más. Pasé por la frutería cuyos carteles estaban descoloridos, el cielo estaba encapotado y por eso hoy me he despertado, he abierto la ventana y estaba lloviendo, parece que octubre nos está acechando, pero no, aún es muy pronto. No corramos tanto, aunque yo misma lo estuviera haciendo. Veo la farmacia con los espejos y dos pares de piernas. Unas zapatillas, unas gafas, pelo largo, un chico con las manos cruzadas mirando la acera. Estaban sentados en las escaleras de la esquina, que giré rápido y seguí corriendo. Escuché una frase: – ¿Sabes? Es inevitable. Morimos a cada instante. Seguí, pudiera haber parado y decirles, no, no, vivid, vivid, hay mucho por lo que vivir. Morimos, sí, un poco cada vez, pero dejamos algo de nosotros y eso es algo que nadie puede quitarnos. Partes de nosotros por aquí y por allá, ahuyentemos la idea sangrienta y acerquemos a nosotras una eternidad como etapa vital.

La calle se enfrentaba a mí, cada vez más empinada. Y eso que es lo más llano que he visto en mi vida, más que escuchar un discurso sobre literatura o nueva literatura, que es lo mismo de alguien cuyas palabras están vacías. Si estás leyendo esto y tus palabras saben a corcho en tu boca, escupe. Pero hacia otro lado, no hacia esos niños, que no saben. ¿Sabes? Ayer, antes, mucho antes, paró el autobús en una parada cercana al centro y vi a la misma pareja que hace un año. ¿Que cómo lo sé? Yo estaba allí.

Esta misma mañana. Yo. Saliendo por la puerta. Mi hermano que lo había hecho horas antes que yo y qué desfachatez. Al lado mi vecina y su marido: – Claro, ahora dime que tú habías nacido para ser princesa. La contestación se escuchó por mucha puerta de madera hecha en época de Franco, opaca, o Paco. Es decir: – Para princesa no sé, pero no para vivir así.

Me crucé con un par de chicos, que hablaban, o tal vez no, al llegar al parque que franquea mi portal, también dos chicas sentadas en un banco. Llevaba las gafas puestas y creí reconocer a una de ellas, pero creo que era mentira porque al momento me vi en mi cama, llorando por que no tenía ni idea de lo que pasaba. Encendí la luz y me vi sola, un montón de voces a mi alrededor y las nubes reflejándose en mi máquina del aire. No tenía ni idea de por qué había abierto la ventana. Mis pies despejaron la cama, me abandoné a la sábana, tiré la almohada al balcón y fui detrás. Me he despertado de repente, no sé qué decir. ¿Por qué se dedican los de Orange a picar mi calle en pleno septiembre?Yo estoy aún de vacaciones, o quizá no, el caso es que hasta hace cinco minutos estaba cayendo de forma libre a no se dónde.

Perdona, ¿Qué hora es? Es que siempre voy tarde.

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¿Por qué ver La dama duende, en el teatro?

Mañana os lo contaré.

Andrea.

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