Que se me ha ocurrido una cosa…

Hola, sí, hola.

No sé, me apetecía saludar. ¿Por dónde iba? ¿Dónde nos quedamos ayer? Bien, sí bien, septiembre. Septiembre. Parece que repito las cosas dos veces por algo y en realidad puede que sea cierto, que haya algún motivo extraño. Es una estupidez, basta con repetir las cosas dos veces para anclarnos un poco al tiempo, porque se me está yendo de las manos y me agobia.

Lo que quería decir es… en definitiva, recomendar mejor un par de cosas, quizá tres. Finalmente ni idea. Me he dicho, por qué no, ¿No? O tal vez por qué sí, yo que sé, ya me callo.

Ayer, visité la exposición temporal del Caixa Fórum sobre George Mèliés y los principios del cine. Creo que es muy positivo de vez en cuando informarse sobre las cosas que hay y que suceden- que es más importante- en Madrid, para poder decir de verdad que es una ciudad bella, con o sin Juegos.

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El caso es, que este buen hombre, Mèliés, fue uno de los iniciadores de lo que hoy podemos considerar ”cine”, es decir, si los hermanos Lumière fueron los ¿Padres?, George fue ese tío o tía enrollado/a que te llama de vez en cuando para proponerte un plan fantástico para luego poder decir: Es mi tío/a favorito. En ese sentido, tomó las imágenes de los hermanos, la salida de los trabajadores de la fábrica, el tren llegando a la estación, e incluso unas tomas desde una embarcación paseándose por los canales venecianos y añadió magia. Real, de la buena. Lo que conocemos algunos como: ”El gran mago”, es decir ”Judini” en perfecto castellano, un poco mejor ”Houdini”, y perfecto inglés Robert Houdin.
La gente asistía a las proyecciones a ver escenas de la vida cotidiana, maravillándose sin apartar sus ojos de la protopantalla, amasando la idea entre sus dedos -del siglo pasado- de que el hombre había conseguido captar la vida y repetirla cuantas veces quisiera sin cansarse. Pero esto no es cine. Ni tampoco teatro, a pesar del empeño de la profesora. Aunque la vida sea teatro, puro teatro, no deja de ser espontánea. Mèliés proyectó espectáculo, escenas preparadas, llevándonos a filmaciones como Jeanne d’Arc (1900), Le Royaume des Fées (1903) Y la más conocida de todas que aparece como imagen de la muestra: Le voyage dans la lune (1902). Las dos primeras aparecen proyectadas por la sala, la segunda al final, todas completas. En fin, me gustó porque mis conocimientos sobre fotografía son algo vagos, y aún a riesgo de ser apresada por interesarme en temas culturales- eso parece actualmente, un deporte de riesgo-, la recomiendo. Además se expone también una comparativa de fotografías y cuadros de la National Gallery. Bien, muy bien. En la planta baja está la tienda, personalmente soy muy vulnerable a las tiendas de los museos. El marca páginas que me compré con la foto que voy a poner ahora debe estar en la terraza de la Sureña de Gran Vía o no sé en qué libro. Iba a plastificar la entrada y a usarla de marcador, por lo tanto, la idea sigue en pie, soy un verdadero desastre.

Le voyage dans la Lune, 1902, GM

Si que ha sido sorprendente a posteriori descubrir que la película Hugo (2011), de Scorsese constituye un homenaje y que el vídeo musical de los Smashing Pumpkins Tonight, tonight está basado en el viaje a la luna. Cosas que pasan.

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Cogí este libro de la biblioteca porque me llamó la atención el título, El tercer Reich. Te esperas con tranquilidad que alguien haya escrito un libro bélico, simplemente por el título, creo que es evidente. Sinceramente creo que muchos escritores de hoy en día, más bien casi todos, se han visto tentados a escribir acerca de un suceso histórico. Espero que con la suficiente documentación. Hablo por ejemplo de Javier Cercas con Soldados de Salamina, de Eduardo Mendoza con La verdad sobre el caso Savolta, que se sustenta en los episodios de Barcelona, nombro a Almudena Grandes con uno de sus últimos libros, El lector de Julio Verne… Entiendo que el tema de la guerra civil es atemporal y que ha hecho mucho daño en todos los sentidos. El caso es, que abres el libro y empiezas a leer. Digamos que la Segunda Guerra mundial es mencionada, pero como profesión, ahora me explicaré, no como hilo narativo. El protagonista es Udo Berger, un alemán que vive en Stuttgard y que pasa unos días de vacaciones con su novia, Ingeborg, en un pueblo de la Costa Brava, alojándose en un hotel al que acudía con sus padres cuando era niño, El Del Mar. Digamos que te crees que este Udo es realmente alemán, y que no hay un escritor chileno, joven poeta mexicano y corriente residente en Blanes, en definitva una voz que nos cuenta. El caso es que conocen a una pareja de alemanes también, Hanna y Karl, un tipo un tanto peculiar pues al momento el lector lo olvida y le empieza a conocer como ese estúpido personaje que prefiere que le llamen Charly. De repente uno se pregunta cómo han acabado estos cuatro alemanes conociendo a dos españoles bestias prototípicos que se dedican a emborrachar extranjeros y a aprovecharse de ellos, por qué este tipo es windsurfista, qué tiene que ver que Udo sea un wargamer, es decir uno de esos aficionados a los juegos de batallas con tablero profesional y fichas que no son precisamente de plástico, qué pinta esta alemana fresca con un hijo en Alemania con un patán como éste y porqué Udo lee a Goethe y Ingerborg a un detective de nombre Florian. Hay una muerte y un hombre merodeando, que se encarga de alquilar patines en la playa, y que admeás, se le conoce como El Quemado. Creo que han sido las tres o cuatro horas mejor invertidas de este mes. Y me ha quedado muy claro, como dijo Sabina hablando de Comala, que al lugar donde has sido feliz, no debes tratar de volver.

Ah, sí, se me olvidaba. Es Bolaño, El tercer Reich. No quiero que penséis que soy una obsesa, que puede ser, de él, porque ahora me estoy leyendo Amuleto y no me he calado aún, es normal. Los que estudiamos filología no nos sabemos las preguntas del Trivial de Arte y Literatura como se comprobó ayer- bueeeno… algunas-, no nos gusta leer todo y de todo y por supuesto no sólo tenemos un autor en mente si no varios. Pero hay épocas, supongo que como en todo.

Roberto Bolaño, El tercer Reich

¿Se ha acabado ya la moda militar?

Septiembre, septiembre, septiembre… Y mañana lunes.

Otra cosa, bueno yo… hace un tiempo, terminé de escribir una cosa que tenía entre los dientes. No sé si llamarlo ”novela” o qué porque sinceramente me parece algo fuerte. El caso es que lo tengo aquí. Me parece absurdo ir colgándolo por entradas como he hecho algunas veces con historias que se me ocurren porque sería algo tedioso. Si alguien está interesado/a que me mande un correo electrónico, estaré encantada de enviárselo.

andrea.tab12@gmail.com

Andrea.

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