Septiembre

Bien, ahora que he vuelto y que llevo sin dormir un día creo poder ponerme a escribir. He dejado el vicio del tabaco- según un cartel- aunque no las tengo todas conmigo. En el póster decía que la necesidad física desaparece pasados quince días, bien aquí estoy. ¿Decía algo respecto a lo psicológico? ¿El factor social? Digamos que nadie ha contemplado la posibilidad de pertenecer a un grupo de estudiantes locos que fuman cigarrillos en la terraza de una universidad de letras, hablando de todo menos del tiempo. Por supuesto que la disposición es individual y no hay por qué, pero oiga, hay algo de presión mediática. Sigo el camino entonces.

Como iba diciendo, septiembre. Qué miedo, ¿No? Recuerdo que me dijeron que era el verdadero comienzo del año. ¿Diciembre? ¿Enero? Es un cliché. La pompa veraniega estalla en septiembre. Entra aire por mi ventana mientras escribo esto y observo a la niña que corretea por el paso de cebra mientras esperan. ¿Qué esperan? Secretamente esperamos volver a quienes éramos antes del pistoletazo de salida hacia el respiro. Pero para atrás ni para coger impulso. He aprendido de los que me rodeaban, he callado y a veces he fallado. He crecido. Personas importantes desde ayer y para mañana. Las nubes parecían reírse de mí mientras no paraba de llover y quizá no haya tenido siempre palabras bonitas. Me he emborrachado viviendo de noche. Y no me ha importado porque aún no lo había vivido. Muchos libros de mi estantería han sido leídos. ¡Por fin! Y pienso darle una oportunidad a García Márquez este año, no porque lo ponga en el plan de estudios no… no es por eso, que también- en serio, a veces no hablo en serio- sino porque he comprendido, mientras estaba en una gasolinera en no se donde, esperando, cómo no, que cuando lo leí no lo hice bien. Lo hice muy mal. Y la verdad, es horrible. Deberían prohibir a la gente pensar en las gasolineras, ¿Quién se han creído?

Cruzaré los dedos para encontrar un trabajillo. Volveré a imprimir los currículos, currículums, como se diga, ahora mismo no tengo el diccionario a mano y me estoy notando un poco macarra. Tampoco sé cómo empezar mi propio cartelito, como los que aparecen en las paradas de autobús o en los portales de: ”Chica responsable se ofrece como canguro…” o tal vez ”Universitaria ofrece clases para primaria y hasta segundo de la ESO, apoyo escolar en lengua y literatura, historia o filosofía para cursos superiores…” Pero estas palabras me quedan grandes a pesar de haberlo hecho ya un par de veces. Debo admitir que me gusta la enseñanza, y me da rabia. Me da rabia porque me gusta. Me gusta y me entusiasma, por eso me da rabia. Y las cosas con rabia, con ganas son las que ahora deberían mover el mundo, la tierra, España, Madrid en general… no la elección de unos juegos olímpicos. En fin. Y también me gusta aprender. Tres años y por fin escucharé y tomaré notas de la generación del 27, aún no puedo creérmelo.

Por otro lado, septiembre. Septiembre me da miedo. Y yo no quiero vivir con miedo, porque no te deja vivir. Pero le tengo rabia, así que intentaré apañármelas. Hoy hace un año que abrí esto, para poder escribir lo que yo quisiera, lo que me saliera, ser yo. No sé me está dando mal o al menos eso quiero creer. Porque no quiero vivir con miedo. Voy a ver si me arreglo un poco el pelo, ya va tocando ir a visitar a mi peluquero.

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Me di de bruces contra estas caprichosas formas ,a ver si dejo de hablar como una estúpida, en un museo de Seattle de vidrio. Si me hubiese dado de forma literal ignoro la cantidad de trabajos para la comunidad hubiera tenido que realizar, de verdad, los cristaluchos estos salen por un ojo de la cara, eso sí, de vidrio bueno con incrustaciones que a uno se le quedan en la garganta. Algo kisch.
La cosa es, que un artista local de nombre Chihuli- suena a chiste- marchó a Venecia a aprender el oficio de ¿soplado? no lo tengo muy claro, y había vuelto para sembrar su arte por su ciudad. El caso es que había una fotografía de él, algo así como no muy alto, pelo rizado, sin pelo por la zona central de la cabeza, un parche de pirata y tripa. Ahora a cualquier cosa le llaman pintor, poeta, músico, qué se yo, ¡Artista! Este hombre realmente lo era, o lo es.

Me gustó, me pareció Una de cisnes y flamencos.

Andrea.

Pd. Recientemente he leído un par de libros de Bolaño, Retrato del artista adolescente de Joyce, Luis Álvarez Petreña de Aub y algo de poesía canadiense y americana. Puede que hable sobre ello, pero ya mañana, y por separado. Se me están cerrando los ojos.

¡Esto va por ti!

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