La primera vez que leí algo de Rafael Sánchez Mazas.

La frase que da título a esta entrada es mi síntesis del libro Soldados de Salamina.

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– Portada de la edición.

No es el mejor libro que he leído en mi vida, pero es un libro, y eso ya es más de lo que muchos pudieran nombrar como suyo. Recuerdo una clase de lengua y literatura, de tercero o quizá cuarto, una de esas páginas repletas de ejercicios, cuyo mal sino es copiar su enunciado en nuestro cuaderno. Había una viñeta, un hombre cenaba frente a una mujer. Unos platos, unas copas de vino y una lámpara en medio de poca justicia estética. El dibujo acompaña a un texto de este libro. Era corto, una conversación entre el protagonista, un alter ego del propio escritor y su mujer. El caso es que llevaba algún tiempo sin escribir y por fin había aparecido una idea, cuyo camino no es fácil de encontrar. Era un diálogo, de eso sí que me acuerdo.
Automáticamente se añadió a un sector mental que conservo intacto con los años, a pesar del azote de la mala fe, de libros que tendré que leer en mi vida, porque yo quiero sin que nadie me lo diga.

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– Javier Cercas.

No fue hasta hace un año y algunos (muchos) meses, en un trayecto Madrid-Aranjuez donde comencé a leer la novela. Me gustó como cualquier libro medianamente bien escrito cuyo argumento te emociona sin rozar la lágrima y te sorprende sin llegar al asesinato. Lo volví a leer de nuevo a los pocos meses tras descubrir que había una película, del director David Trueba. Si hablamos de comida – perdonadme, acabo de comer- la primera lectura sería el pan del bocadillo, la película el jamón y bueno, las sucesivas, el tomate, la lechuga, la mayonesa y el queso. El otro trozo de pan es mi propia interpretación.
Como lo que voy a contar no es nuevo, no aviso de más que probable spoiler.

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– Rafael Sánchez Mazas.

El protagonista es un escritor que no escribe. Un día, en un encuentro con el hijo de Rafael Sánchez Mazas, que por ironía no sé si literaria, intelectual o qué (En este mundo nadie es padre de nadie pero sí hijo de alguien) resulta ser el padre de Rafael Sánchez Ferlosio, a su vez padre de El Jarama, uno de esos libros que se suman a la lista, anteriormente comentada, escucha la historia del fusilamento de su padre. Rafael Sánchez Mazas, ideólogo y miembro más antiguo de la Falange española es apresado, y también es el perfecto candidato para engrosar las listas de fusilados de la guerra civil, cuyo escenario es ahora el bando republicano. Cuando comienza el tiroteo de balas sin un destino, y el olor a muerte se le pega al abrigo de piel, se tira al suelo, para intentar pasar por muerto y huye por el bosque. Se esconde en un matorral, con la suerte – o no- de haber respirado la muerte y poder seguir caminando. Un soldado le encuentra y le perdona la vida mirándole a los ojos mientras le preguntan si ha encontrado a uno de los dos supervivientes (Me niego a escribir sobreviviente). Qué jodido es, ¿No? Perdonar la vida a alguien que no sabes quién es, que tal vez le hayas visto un par de veces, sabiendo que es uno de esos hombres que han tirado una de las primeras piedras para que empezase toda esa mierda que admiro, la Guerra Civil, y que mucha gente ha olvidado, porque las cosas que duelen se olvidan. Qué hay de esas personas, Qué hay de ellas. Ahora sólo quedan placas honoríficas por toda España, en cada pueblo, en cada plaza olvidada, tal vez en alguna playa en la que algún héroe cayó al suelo sintiendo la sangre y viendo el mar. Esa es la pura realidad.

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– ¿Miralles?

Es entonces cuando la persona, es decir, el escritor (dentro de la novela) decide seguir avanzando y recopilar todo lo sucedido dentro de esa historia, sin ahorrar ningún dato y sin omitir ninguna voz (gracias). Introduce otras tramas, no todo es historia. Escribe cómo se siente. La autohumillación de saber que muchos otros han escrito cosas brillantes y que otros tantos después de él, escribirán cosas mejores aún sin proponérselo. Es también un proceso que nos lleva a asumir que el tiempo va pasando, y que los horizontes migran.

Al ir relacionándome cada vez más con la lectura de otros autores, en una relectura del libro de Cercas, al volver a pisar el camping Estrella del mar, se me ocurrió pensar que fue donde Bolaño cuenta haber trabajado. Más tarde pude ver un par de entrevistas y leer en algunos de sus libros referencias a este pequeño recuerdo feliz. Roberto dice que no siempre se es feliz, pero que él siempre, en algún momento del día se sentía así. Yo creo que es el mismo sentir que tuve al decidir que tal vez, Soldados de Salamina, era mi libro, al compartir cosas de la vida que no son agradables, la Guerra Civil, el estilo como una respiración y Roberto Bolaño, que es mi favorito. Y también España, con cariño.

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– Roberto Bolaño.

Andrea.

Buen fin de semana e inicio DE OTra.

* * *

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Que por el amor qué hago.

Que por el amor qué hago.

Aún no tienes veinte, y quién diría, espejos
En el alma, qué sé yo, algún mal que
Nadie sepa resolver. Que todo tú seas
Un mapa, porque caminar por ti, ES el auténtico encuentro.

Mucho más que cualquier cosa,
El hecho sentimental real, será que lleguemos a querernos con urgencia, con mucho
Ruido de fondo. No me interesa que se escuche otra cosa cuando nos besamos, salvo
Alguna sirena en ausencia de enfermos corazones, como los nuestros. No me interesa.

Porque para eso, estiramos los brazos, nos tocamos con la boca y hablamos bajito.
Hemos venido a querernos como si hubiéramos sido antes cualquier cosa.
Y tal vez… quizá… sí. Somos cualquier cosa en compañía distinta a la nuestra.

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Deberíamos preguntarnos, qué tipo de cosas hacemos por la gente a la que queremos.

Eva, pásalo muy bien hoy, que es tu día preciosa.

***

Andrea.

El maestro.

Aquella emoción de ocupar un
Lugar, que no iba a volver a nuestros hogares.
Parece ser que el error, es nuestro. Siempre. No somos
Un público fácil, no tiene por qué hacernos reír, tratarnos
De usted. Debe
Estar atento a que nada se le escape, planchar las camisas los martes, pronunciaciones
estrambóticas de internacionales y subnormales. Procurar no subirse las gafas, contar
Los minutos del bostezo de aquel tipo de la
Cuarta fila, las piernas de aquella muchacha que aún no marchitan.
Lo cierto es que pronto deberán esconderse, parece
Decirse a sí mismo al mirar la ventana.Una hoja
Cae al suelo y según piensa, y pensamos, debemos irnos a tomar un café.
Sigue siendo demasiado pronto,
¿No creen?

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Buen fin de semana, dijo cortesmente.

El macho ibérico.

Recién levantada, enciendo la televisión y aparece Ignacio González en mis quince pulgadas. Y yo comienzo a preguntarme qué he hecho yo para merecer esto. Realmente debería llamar un día de éstos a Ana Rosa y decirle que basta ya de invitar a unas horas harto concurridas, a gente tan sumamente divertida. El otro día Esperanza, que mientras hablaba sonreía, increíble. Hoy Ignacio. Y mañana, qué debo hacer. ¿Levantarme con el traje de los hombres de Harrison por si acaso? ¿Llevar un chubasquero como el de los parques de atracciones, para que todo me resbale? Dice con orgullo que ya son cuatro los hospitales privatizados en Madrid, que no les va nada mal. También dice cosas como que a los clientes, perdón, dije clientes cuando quería decir pacientes clientes, no se han percatado del cambio. No han notado que les atendía un médico de la privada en lugar de la pública y es normal, que yo sepa no hay especialidades por bolsillo. Yo sinceramente no noto si me ponen un termómetro más o menos caro, me figuro que será igual. Ahora la sala de espera de los hospitales parece que va a convertirse en la cola del supermercado y en lugar de preguntar qué artículos lleva usted, señora, tendremos un qué le ocurre mascando un chicle a lo cajera del Día, ojo, sin dejar de ser honrado el empleo. Estas veces que te dejan pasar antes de un carro que se encarga de hacer la compra semanal porque sólo llevas la barra de pan que te ha pedido tu madre con ojos de cordero degollado, será similar, a que un brazo roto o una brecha deje pasar a una apendicitis. Desastroso.
La televisión últimamente no para de decepcionarme. Ayer el final de Dexter que me dejó estropeada de la neurona, más de lo que suelo estarlo y luego ya, las declaraciones del señor Jiménez-Losantos y Sánchez Dragó. El primero decía que claro, que mientras Cristina Cifuentes estaba muriéndose en el hospital de la sanidad pública- qué ironías, ¿Eh?- una panda de médicos de izquierdas se manifestaban. Yo, Federico, tendría cuidado. Es decir, cuidado con los médicos de izquierdas que no sabemos qué van a hacernos. Hasta ayer no sabía que la medicina tenía ideologías, pensaba que simplemente se trataba de ayudar y salvar la vida de las personas, pero oye chico, que llevas razón, que a lo mejor sales del quirófano con los puntos en forma de la cara de la flor y el puño del PSOE o algo peor, cantando la Internacional. Sucede hasta en las mejores familias. mi abuela por ejemplo hubo un tiempo que oye, cada vez que ponía la televisión Felipe González la convencía. Hay que ver, ¿Eh? Federico… estos rojillos protestando en contra de la privatización pública en un hospital no menos público… seguro que hicieron trampa en el juramento hipocrático y que algún compañero tuyo se ha colado entre sus líneas para proporcionarte información de primera mano. Un momento, que me están llamando…
– ¿Sí digame?
-…
– Sí, soy yo. Yo misma.
-…
-¿Con quién? ¿Con Federico? Sí, ahora mismo le paso don Fernando.

¡Váyase usted a la mierda hombre!

El Papa Francisco. Esperemos que no vaya a durarnos tan poco como las malas lenguas dicen por ahí, rogaría que alguien revisase el cáterin de vez en cuando. Para Sánchez Dragó resulta que ahora tenemos un Papa ”cochambroso”, cito textualmente. Un Papa cutre, pretencioso, capa de pensar que Dios, en su máximo poder, ha podido fijar sus ojos en él, para llevar a cabo el plan que tiene para los hombres, en lugar de fijarse en otras tantas personas que viven en el mundo o en las preciosas señoritas que en el desfilan. ¿Otra vez don Fernando? ¿Otra vez? Está bien.

Yo pido, pido y re-pido desde mi humilde teclado que vuelvan todos esos hombres que al pronunciar su nombre se nos llenaba el alma de no orgullo, sino una honda satisfacción al saber que no por estar al servicio de nadie iban a pensar, ya no digo profundizar, pido pensar por todos, en todo y para todos. Qué es esto. ¿En qué nos hemos convertido? La educación era uno de los pilares fundamentales de la sociedad y está pudriéndose en algún corazón de un niño, que lo que no arregla la educación va a tener mal arreglo les digo yo ahora. Ya no está Giner, ni Unamuno ni don Antonio Machado. Pero viven en nosotros, en todos los que creemos en la recuperación de España, del macho ibérico y que decimos NO a la tortilla de patatas.

Y si es verdad, como dijo Whitman, que en el hombre habita una multitud, Francisco, obre el milagro. Fernando le manda un saludo, afectuoso me dice.

Ricardo Cavolo

Se trata de una ilustración de Ricardo Cavolo, uno de mis favoritos.

Andrea.

Sí, algo más sosegada al fin.

Eva, preciosa, mil felicidades.

***

Feijoo me mola.

Abre la carpeta y saca unas hojas recicladas. Lee que el sarcófago de los hombres muertos es el estómago de los vivos y a continuación se levanta a la estantería del Siglo de Oro y se come una página de un libro, que no, que no me acuerdo, de Roberto Arlt y vomita a Ricardo Piglia. Parece que nada está ordenado y que algunos siguen como siempre viviendo sin ningún tipo de yo que sé, entusiasmo, por decir algo.

De camino a la facultad me detengo sin pensar en que voy conduciendo y por eso me pita un descastado que interiormente piensa, quién cojones le ha dado a esta niña el carné de conducir. Por eso luego, cuando llevo a Lola a una parada de autobús me dice que deje de leer, que nos matamos y yo pienso, que estoy pensando. Se nos obliga a pensar y a estar continuamente, yo pienso que, él piensa qué, Quevedo decía que y por eso debo aprendérmelo como el Rosario. Mejor aprende lo que un chavo ha querido que el resto pensemos sobre Quevedo he dicho, pero pudiera ser sobre Alberti, Bécquer o aquella chica que le da golpes a un balón en Preciados, que también es poesía. Pues la realidad es que hay que rebelarse siendo decentes con los docentes y sin destruir términos de ayer y hoy -no diré antiguos- que nos vertebren para evitarnos matar a la mala bestia de cuatro cabezas que escupen muchos que se dicen poetas, porque esos no lo son. Otra cosa es el evitar llamar a las cosas por su nombre o tratar de disfrazarlas, que por ahí no paso, y no señor. Algunos se llaman académicos, eruditos, yo estudiante, y el resto tiran de la cadena. Quiero pedir una enseñanza libre con vida y no tanta sabiduría cara pudiendo elegir la barata de los manuales de SM. No me parece nada práctico el método a cajón volado, te lo aprendres o verás o el ya mítico nos vemos en la extraordinaria, temor de jóvenes y viejos jóvenes. En realidad vivir al rojo vivo es mucho mejor porque nos mantenemos calientes con esa rabia que sólo un alguien de esta edad puede tener y que debemos apresurarnos a encauzar y proyectar en algo de provecho antes de que este maldito año se acabe y nos pille otra vez borrachos marcando el móvil de alguien a quien, conscientemente, no queremos llamar, ¿Verdad?

Y como es lunes no sé qué más decir. Que prefiero que un profesor me enseñe sabiéndome estúpida pero sonriendo a que me mire pensando que no sé pensar lo que ha escrito en un manual o lo que ha vomitado en su tesis.

Adiós amigos.

Sí. O sea, básicamente quiero protestar. Otra cosa que digo es: No seré yo quien ponga en jaque todo ese saber citar bibliografía que sale de nuestra boca como peces que saltan contracorriente, como si nuestras almas fuesen almacenes de documentación. Queda hecha la nota formal o queja.

¡Quijadas!

Andrea

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Supongo que mañana me veré en condiciones como para hablar de la poesía de Antonio Machado, que me está gustando mucho, otra obviedad.

***

Paquita le había dado un beso

Sin duda creo que esto, el título, es lo más emocionante que pudo haber pasado en el periodo Ilustración y Naturalismo.

Después de Góngora, parece ser que las cosas degeneraron un poco y la gente se volvió más oscura si cabe, enfundados en un traje extremadamente barroquizante y que el lenguaje se vació tanto que empezó a no significar nada. Así pudieron pasarse a lo sumo un par de siglos, aprovechándose de la figura de un hombre decrépito- genio sin embargo- narizotas y religioso. Como en España parece que si no se nos motiva no actuamos, aparecieron los franceses con sus ideas salvajes y ultramodernas. Sembraron sin recoger pues al poco tiempo las cabezas de la familia real empezaron a rodar por el suelo en París, muy poco chic el panorama, el caso es, que las ideas se instalaron en la mente de algunos hombres con afán e inquietudes intelectuales a los que comenzó a llamarse ilustrados. Muchos de ellos ni si quiera habían salido de España, y para ellos patria, estado y nación eran unos factores que se agrupaban dentro de la ciudad de Oviedo, en el caso de Feijoo. El extranjero eran las lindes de provincia, Galicia desde esta perspectiva era ab initio y finis mundi, interesante. Tiempo más adelante esta misma ciudad, en lugar de recalcitarse y pecar de introversión, se expandiría al mundo bajo un pseudónimo, Vetusta, a bordo de un título: La Regenta. Diremos que la protagonista, Ana Ozores, trasladada al mundo actual, puede que hace unos años o simple y directo a la mente de Almodóvar, hubiera sido una mujer al borde de un ataque de nervios cualquiera, una auténtica diva.

Me distraigo, yo lo sé. Digo emocionante, ¡Oh Dios mío! Enormemente excitante, porque fue lo que apuntó Leandro Fernández de Moratín en su diario. Se ve que tenía una querida con ese hombre del que estaba profundamente enamorado pero que no llegó a más. La figura de su padre le asfixiaba, no quería compromisos, viajaba viajaba y leía. Pues ole tú.

El caso es que esto me ha hecho reflexionar sobre el tiempo. Si yo misma soy capaz de resumir tres siglos en unas frases con poco sentido y un par de chistes malos, ¿Cómo va a ser el resto de mi vida? ¿Una comedia de los Monty?

Cuando vi el suspenso en oración simple, al instante me vi conduciendo a la biblioteca durante un mes por las mañanas pensando que mi verano iba a ser regular y que llegaría muy quemada a septiembre. La realidad es que me quemé en Cádiz no psicológicamente porque volví fresquísima. Luego resultó que tenía que irme urgentemente a Santiago a ver al apóstol, porque parece que encomendarme a la estampita de San Judas, patrón de las cosas imposibles no me estaba saliendo muy bien. Y ya Mojácar, simplemente por ser testimonio de lo que allí sucede, tanto músculo, tanto sin camiseta, pues oiga. Una que tiene que vivir las cosas, y el amor. Luego festival, Estados Unidos y ¡Plaf! Universidad. Tengo un miedo terrible al tiempo, es que se pasa sin que me de cuenta. Sin que nos demos. Y joder, qué es lo próximo, ¿Cerrar los ojos y cumplir treinta tacos? SOS Sálvese quien pueda.

Déjenme vivir hombre, déjenme mujer.

Por eso, me subo a la mesa para anunciar el nuevo calendario, o nueva medición del tiempo. El año empieza en septiembre. Y esto va a ser así. Porque el año hay que empezarlo en condiciones, con alegría, que en septiembre todo es muy guay, todos es muy tengomilcosasquehacerperoestoybien. Lo he puesto todo junto en plan, hashtag del Twitter, que soy una modennna. Ocho mil cosas en la cabeza, pero sacamos tiempo para todo. Las paranoias más normales en filología son tener la cabeza como una olla exprés, por lo tanto estar excusado/a de llegar tarde a cualquier sitio, olvidarte de algunos planes y limitarte a vivir con las cosas que aparecen por generación espontánea. En mi caso, es decir, en mi casa, parece que los libros se reproducen. Cachis. Pero no seré yo quien proteste, a lo que vamos. Eliminamos las estaciones para implantar: Hace calor o hace frío. Bueno, no las eliminaremos del todo. El verano comenzará cuando Nela se ponga las faldas que tanto nos gustan de Desigual, y se confirmará con la combinación de sandalias. Cuando los pantalones hippies de Ángela desaparezcan y venga el bolso verde étnico de Lola diremos que es otoño. Otros síntomas: la chaqueta de cuero negra de Bea, las camisas de manga larga de Luis de vestir, el que limpia las hojas de mi facultad, la cara de siesas de las de reprografía. El invierno vendrá marcado por el abrigo con interior felino de Julia. Y la chaqueta con una letra de Marcos. María lo sabrá porque saldrá de noche de Getafe, para Thomas será de día y como estará cerca de Tailandia pues… yo que sé. No os despistéis, Paloma siempre lleva leggins, es atemporal.
El resto del año se sucederá entre muertes de amor, algunos mimos y zalamerías. Fiestas de donde sea, actos de bohemios sin corazón, lo que dura una lectura de la Regenta y espero que muchas cosas más.

Querido Leandro… última vez que escribes el Sí de las niñas. Me pregunto por qué tu padre no lo llevó a la trituradora, pero entiendo que fue importante y que todos tenemos que tragar y pasar por cosas a veces. Sólo a veces.

Andrea.

En fin, todo se resume a: Puñetera Paquita.

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Pongo esto, porque se me ha acabado Dexter, en realidad se acaba mañana… ¡Recomendadme series!

***

El rey, el hombre, se ha vuelto a caer.

Vale, este curso padeceré una enfermedad muy contagiosa a la que llamaremos pragmática. No obstante, diré que tan sólo se prolongará esta agonía durante cuatro meses, o tal vez toda la vida, quién sabe. Quería exponer una de las teorías que han ido surgiendo en clase. La vasija griega. Ni corto ni perezoso, el profesor nos copia y pega una fotografía de un tarro antiquísimo por partes. Nos dice que esta asignatura es como una vasija, que la palabra se ve por partes. A primera vista ves la parte central, a las musas de Hércules que cantan durante toda la película- terrible- y quién te dice que por detrás no está Hércules sin camiseta mirándolas, por lo tanto ya sabemos por qué cantaban. La vida, en general, es algo así como una gran vasija, por tanto me pongo a pensar que quizá no sólo hablar sin hacer que la pragmática se extrañe es un problema humano sino que es mundial y que muchas cosas vistas a simple vista son algo más y que vamos a tener que empezar a tirar de la manta antes que nos la metan doblada, y por favor, interpreten el significado metafórico de esta última expresión.

El rey vuelve a caerse y se rompe la cadera, de nuevo. Van a intervenirle, perdón, primero le examinarán. Imaginemos al rey en un taller mecánico y a dos hombres desde abajo contemplando el cacharro triste y desvencijado con mucho aceite, que cuelga del techo. A lo piñata. Ambos ponen una expresión seria y se concentran en buscar una solución. ¿Muletas? No. ¿Implantes? Tampoco. ¿Qué tal si le introducimos un esqueleto nuevo de acero inoxidable? Muy visto en X-men. Bien, pues qué podremos hacer, se preguntarán, y así seguirán hasta que alguien ponga la canción de los Nikis.
Lo que todos queremos en realidad es que vuelvan a reproducir las imágenes en las que sale el rey cayéndose en aquel escalón y poner algún titular divertido que ponga: La caída de la monarquía, pero mejor no que es algo cruel y en realidad tenemos que hablar de cosas serias, que para eso interpreto la cara A de la vasija. Hoy me levanté y lo vi. También leí un tuit en el que los tiros iban por convertir al rey en Iron man como le pusieran más metal en su organismo, pero en fin. Mientras removía mi magdalena me puse a pensar en el nuevo problema que se planteaba en el horizonte, la monarquía. Lo que hay detrás de ella.

Familia al fin y al cabo.

En ambas fotos… supongo que todo padre e hijo comparten secretos, ¿No?

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http://politica.elpais.com/politica/2013/09/20/album/1379677768_060179.html#1379677768_060179_1379677888

Digamos – voy a intentar ser objetiva- que en posición de delantero tenemos a Felipe. Y que de repente hace un Sergio Ramos, no, es broma, se mantiene donde tiene que estar. En el lateral las infantas y Leti de fiesta por Huertas tras terminar su jornada laboral de ocho de la mañana a tres de la tarde. El Ramos lo hace la hermana del príncipe, Cristina, en propia puerta y sin ninguna defensa. El rey en la grada, la reina en Londres y el yernísimo en cualquier consejo administrativo. Y me faltan personas aún que no sé muy bien dónde colocarlas. Voy a dejar de ser tan lo que sea y voy a centrarme en lo que quiero decir. El príncipe será rey, no como Carlos de Inglaterra, al que sólo le espera una jubilación junto a Camila, qué desastre, ¿No?, pero la verdadera cuestión es… ¿Cuándo? Desde la sinceridad, en este momento, creo que es la parte del jarrón que se encuentra en mejor estado y que sabe hablar más de dos idiomas, independientemente del castellano-manchego.
El problema de España, ahora que lo estoy estudiando en clase, bueno, uno de tantos… un momento… de cuál me preguntan por ahí… pues de ¡Miles! de cientos de miles, es que muchos de los que reman en la balsa son monárquicos, otros se ponen con los tres deditos los colores de la República en plan hooligans en la cara, los hay que son juancarlistas y los que quedan, pues supongo que remamos sin más, hasta que alguien establezca un rumbo fijo, mi capitán. Los que realmente me preocupan son esos jóvenes exaltados románticos que se leen el manifiesto comunista y ya piensan que el mundo se salvaría si ellos luchasen y murieran, no tanto, no, una noche en el calabozo a lo sumo o un par de ostias de los policías de las lecheras e irse con un souvenir en la cara. Esos serán los que después de un par de agitaciones con mucho IVA, muchos impuestos y tasas se convertirán en tranquilos ciudadanos o simplemente pasarán a ese sector de la sociedad, al que todos pertenecemos, los indignados.

¿Quién no podría estarlo ahora? La vasija, España, se encuentra ahora mismo en la cueva de los cuarenta ladrones con una lucecita, alumbrando, que ha querido durante más de treinta años llamarse democracia.

Ahora con la cabeza medio destruida y algo cansada me marcho, que me he cogido el fin de semana para mí, aunque mañana vuelva a estar aquí.

Nunca he dicho nada pero… ¿Cual es vuestra opinión sobre esto? Sobre esto o sobre casi cualquier cosa. Como es la primera vez que lo hago, incluso de lo que escribo, mis idas de olla y demás.

Ya paro nenes.

Andrea.

***

Los rojos no usaban gorros.

O al menos eso decía un cartel en la calle Montera de Madrid hace sesenta años, aproximadamente. Es lo que hemos estado analizando hoy en pragmática, luego se ha sumado Chomsky, una nueva denominación de origen para con nosotros por parte del profesor, llamándonos ”locatis”- lo hemos clasificado de neologismo-y trece mil cincuenta, ni más ni menos, horteradas semánticas que volaban por la clase. La semántica y la pragmática te animan a comprártelo, y además, no contentos, te cuentan que los gorros estaba prohibidos durante la guerra, que los rojos habían perdido y que sólo los que se encontraban en el lado ganador o estaban a favor de los nacionales, podrían tener el suficiente poder adquisitivo como para adquirir tan distinguido accesorio.

Sé que dice sombrero y que Portolés se enfadaría porque semántica y pragmáticamente no es lo mismo, pero al cuerno.
Sé que dice sombrero y que Portolés se enfadaría porque semántica y pragmáticamente no es lo mismo, pero al cuerno.

El lenguaje al ponerse por escrito nos proporciona ese afán de perdurabilidad que el ser humano necesitaba después del batacazo que supuso saber que no íbamos a vivir para siempre, y la verdad es que parece haber funcionado. Nos expresamos en cartas, paredes, cuellos, cuadernos, incluso con un avión en el cielo. Esto del amor, que es muy complicado.

Los carteles, hombres y mujeres, criaturas del Señor todos. Si todos los caminos llevan a Roma, ¿Por qué tanto cartel en las carreteras? No tienen en cuenta a un colectivo soñador que se piensa que son simple propaganda de Madrid, por poner un ejemplo. ¿No se han dado cuenta de que nos ha ido fatal promocionando nuestra bonita ciudad? Tanto relaxing cup of café con leche… Pero qué daño ha hecho.

No es correcto, disculpen, no lo es, pensar que las palabras no cambian a las personas porque sinceramente creo que es lo único capaz de modificar aspectos que creíamos totalmente estáticos y la verdad sea dicha, todo lo que no provoca un estímulo en nosotros no vale nada. Quién no baila cuando suena música, como por ejemplo, la del telediario, quién. Tiene mucho ritmo después de todo. Lo que quiero decir, es que para eso vivimos en una sociedad graficéntrica, las palabras configuran nuestra mente y no hay más tu tía. Ya lo dije una vez, si no recuerdo mal, que no morimos hasta que alguien firma un papel, y que no nacemos hasta que alguien nos da el visto bueno, esperando que ese empleo, el de dar el visto bueno no esté remunerado porque el que lo desempeña creo que está poco listo. Sólo es necesario la sugestión de una idea por medio de la palabra para que un individuo active de forma inconsciente su cerebro y voilá, lo sugerido aparecerá en su pantalla mental como por arte de magia, así que por favor, no imaginen nada que no puedan tolerar. Tortilla de patata. Mierda.

¿Se han fijado en las cajetillas de tabaco? Son cartas del tarot, te dicen: Fumar puede matar, no que lo haga sino que puede, es decir Tú sigue dándole al pitillito que verás, pituti. Sin embargo son muy inteligentes, porque en las botellas de alcohol no te dicen: Si bebes, no le escribas A NADIE por Whatsapp, o restringe tus contactos del género opuesto, si sabéis a lo que me refiero…

Las palabras también pueden pillarnos. Debemos estar siempre alerta , y digo siempre porque nunca sabes cuándo van a cogerte con las defensas bajas. Me levanté ayer y Esperanza Aguirre trató de convencerme con su discurso populista de aristócrata inmortal, que baja de vez en cuando a la provincia a dar de comer a las masas con discursos baratos y creíbles. No tengo ni idea de quién le mete la información a esta máquina, pero el hecho en limpio es que estuvo a puntito. Y es muy peligroso, créanme, yo no uso gorros. Pero, aparte de destrozarme el desayuno, no te perdono el asesinato de nuestra terminación maravillosa para adjetivos y participios: -ado. ¿Lo consideramos asesinato? Un momento Esperanza, a todo esto, ¿Por qué debemos catalanizar España? Cuidado vaquera.

Apuntamos los teléfonos en nuestras agendas, anotamos las tareas, decir que queremos a alguien para que quede constancia, en la universidad de Navarra junto a la matrícula, que dice estás dentro del equipo, te adjuntan un formulario de honestidad en el que te comprometes a no copiar en los exámenes. También deberíamos hablar de la ropa de marca, que sólo es marca porque lleva algo escrito que lo identifica dentro de una utopía de algodón, lycra y piel. Esto nos permite individualizarnos, separarnos de la masa, Yo llevo esto, y tú lo otro. El único riesgo que le veo es el convertirnos en un trozo de tela con ojos y no en algo malo que ya somos, trozos de carne, en ocasiones descastados y sin corazón. Otra cosa que deberíamos llevar encima, un papelito que diga: Tengo entrañas. Para avisar al personal vamos. Simple advertencia, que ahora parece que todo debe llevar etiqueta.
Escribimos nuestro nombre en nuestras cosas para que dejen de pertenecer a nadie, cosa rara porque nuestros padres no nos pusieron el suyo- salvo excepciones- luego se extrañan cuando aparecemos con tatuajes o con pendientes, pues sí padres, progenitores, mi cuerpo es de mí. Que nadie se tatúe esto último, hagan el favor. ¡Eh! Tampoco se lo imaginen. Espero no llegar tarde.

De todas formas muchísima gente debería hablar en silencio, por si acaso.

Andrea.

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Por cierto, tercero de hispánicas es increíble… quién iba a decírmelo, oigan. Quizá me permita el lujo de recomendar algunas lecturas…

De paseo.

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Estábamos ahí, mi compañera de generación y yo. Le daba el sol en las gafas, más tarde supimos que estaban rotas por cien sitios. Lloramos cuando nos contó que se había enamorado, ¡Por vez primera!, y que cuando la tocaba sentía que tenía que andar con cuidado, que ella podría romperse. Luego nos aseguró – ya sí, sin gafas- que podría haber memorizado su forma. Terminó con una frase que nos hizo, como dijo, tener piedras en el corazón. Yo soy enamorada de tú.

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Somos algo así, como… ¿Eruditos a la moderna?

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Las fechas también nos sirven para orientarnos en el mapa.

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Un río, un amor dijo Luis…

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Tenemos que estar en la vida que cualquier persona querría estar. Esa cualquier persona somos nosotros mismos.

Andrea.

¡Ah! Os tengo que contar muchas cositas, pero ya mañana, mañana…

15/09/2013

Salió de casa de su madre y esperó pacientemente el ascensor.
Se apoyó en el marco de la puerta, mirando los cuadros del descansillo. No tenía mucha idea sobre decoración y menos sobre arte, pero créeme, le dijo a su novia al llegar a casa, son espantosos. De pequeño solían producirme escalofríos de noche y pesadillas de día. La vecina le pilló a los trece años con un martillo y un destornillador. Los había clavado después de frustrar el primer intento. Le dio igual, porque comprendió que debían quedarse ahí. Si los hubiera quitado quizá hubieran roto la escena. Los cuadros iban con la lámpara que a veces ululaba, con la puerta de cristal rallado y con los azulejos, unos granates como de piedras muy pequeñas sin espacios. Todo esto sin mencionar el juego que daba hablar sobre ello con otros, espectacular. Sobre todo en el trayecto interminable del ascensor. Quizá el fuese también de esa clase de personas que experimentan una parálisis cerebral transitoria al confundirlo con el autobús, macabro. El caso es que la luz se encendió, la pulsó y tardo poco en venir. Abrió la puerta y se encontró a dos mujeres que parecían hermanas. Sabía perfectamente que iban a preguntarle por su padre, pero estos días había preferido ignorar el tema y pensar, ingenuamente, que las respuestas saldrían solas, porque sólo son las espontáneas las que son de verdad. Mentir, engañar o poner buena cara son sueños estúpidos. Ahora mismo hay mucho monstruo vestido de hombre.

No decepcionó.

¿Cómo lo lleva tu madre?

Vaya, otra versión del mismo cuento. Mi madre lo lleva que no es poco. Se entretiene haciéndonos la comida algunos días a la semana a mi hermana y a mí. Ella está más que yo, pasa más tiempo, le hace reír, o al menos lo intenta, pero aún es muy pronto, aún es pronto para que ni si quiera haga un amago de la mueca que dará origen a un movimiento, a través de los nervios comunicados con el músculo adecuado que le haga simplemente sonreír. Ahora viene un tiempo malo. Se acabará el verano, la gente saldrá menos de casa y el sol empezará a esconderse. La casa se apagará un poco y las fotografías de mi padre se oscurecerán, pero ella la seguirá mirando por la noche. Un lado de la cama estará vacío, pero ella estará esperando. La muerte es como la vida, en realidad son bastante similares. Pero tiene que haber algo más. En realidad podría no haber nada y estaríamos hablando solos. Espero poder pasear con ella por el parque de aquí al lado, e incluso irnos más lejos, quizá al centro comercial. Decirla que tiene que ser fuerte porque la Navidad está prácticamente en el horizonte de nuestras expectativas, y digo expectativas como pudiera decir estupideces, y es que cuando estamos tristes probamos a rellenar los huecos con superficialidad e ironía. También con bombones de cognac, pero ese es otro asunto, que tendré que tratar más adelante.
Ahora está esperando, sí esperando. Es raro, ¿No? Esperar algo que no va a llegar. Como si de repente un día fuese a abrir los ojos y fuese mi padre a volver. Una vez me dijo, si te aplicas, si alguna vez quieres huir, puedes elegir ser quien quieras sin tener que ser alguien. He elegido ser un hombre honesto. Pero me mintió porque él eligió ser una enfermedad en lugar de ser un hombre, y es lo único que no le perdono.

Ahí está, tirando, estamos todos con ella. Gracias.

IJ1

Héroes románticos

Me asusta tanto
Me asustas tanto
Me asusto fácil

Tanto monstruo vestido de
hombre
Tanta ciudad sumida en
tinieblas
Tanta luz vestida de silencio.

Y es que antes era todo tan romántico…

***

Andrea.

MAÑANA RUTINA, SÁLVESE QUIEN PUEDA.

UN PALOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, UN PALO, UN PAAAALO.

Total que…