Arenal Sound

Tras alguna que otra voz más alta, decidimos salir de Madrid el mismo día que comenzaba el festival, lo sé, nosotras somos así. Yo estaba algo pensativa, nos habían dicho que no iba a haber sitio, que íbamos a pasar un calor mercúrico, contábamos con la posibilidad de establecer las tiendas casi en Madrid, con el más que probable hurto de nuestros enseres y por último, que el sitio libre restante fuese al lado de los baños de obra que tantos buenos ratos nos han hecho pasar.
La realidad fue que tras tres paradas y tres tristes tigres llegamos a una especie de rotonda donde el policía nos dejó hacer la lili, como se suele decir, e hicimos una pirula con el coche, al habernos equivocado de camino. Entramos en una especie de aparcamiento, que no parking, que es muy préstamo del inglés- lo de especie de y tipo de se va a repetir mucho en esta historia- con un hombre haciendo el humano.

Disculpe, ¿Dónde podemos aparcar?
Pues donde quieras tronnnnnnnnnnnnca.

Fenomenal. Lo que yo decía.

Fue entrar y el coche se sumió en una tormenta de arena terrible, ayer tuve que ir a quitar la masa de polvo, sino en mi barrio te pintan con los dedos y escriben cosas del estilo: Guarra, lava el coche. Abrimos el maletero y arrancamos a andar con los bártulos para llegar a una cola que creímos que iba a ser kilométrica, pero que al final dio pie para que sacásemos las sillas, nos sentáramos y nos riéramos un poquito ná más.
Avanzó la fila, entramos, vinieron tres tipos fuertes y formales y nos acompañaron a la otra punta del camping, cosa que nos sorprendió bastante, nos llevaron practicamente todo el equipaje y nos acomodaron en una parcela con toldo, relativamente cerca del baño y de las duchas y no muy lejos de la puerta y de los puestos de comida. Tuvimos que cambiar el coche para que estuviera más cerca de dicha entrada, es que había dos, y con toda nuestra cara le pusimos ojitos a un guardia y nos dejo pasar con el coche a la zona residencial.

Montar una tienda de campaña es tan difícil y tan pesado… abrimos la bolsa que contenía la tienda y he de decir que vamos a poner una reclamación a Decathlon, no son dos segundos, es uno. Pim pam pum. No entiendo la complicación de traer tiendas con palos, cuerdas y no se qué si te venden una que hace Plaf, y se monta sola. Estupendo.
Armamos el complejo residencial, que las primeras horas tuvo algo de meeting point de amigos, conocimos a los vecinos, y nos sentamos a fumarnos un cigarrito por lo bien que lo habíamos hecho. Situamos la mesa en medio, y nos pusimos a picotear. Ahí viví un momento de película. Un momento American Beauty. Mordiéndonos los labios mientras mirábamos lo que habíamos montado, con muchísimo calor y ya algo pronto asqueadas una bolsa volaba por el cielo sin rumbo alguno y haciéndose la remolona.

Resultó que el camping B, o sea, el de Malvarrosa, no quedaba tan apartado de la zona de conciertos y que no merecía la pena pagar más por estar más cerca, había mucho ambiente. Retomando lo de ‘especie de‘ y ‘tipo de‘, digamos que era una gran explanada de las que ves cuando vas con tus padres en coche por la Mancha, con dos casas abandonadas que nos sirvieron como referencia para volver por las noches, dos zonas de baños de obra, si habéis visto la película de Trainspotting cuando se sumerge en el baño a por los supositorios de heroína, sabéis de lo que estoy hablando, unos aseos por los cuales tenías que pagar un euro si querías acompañar al señor Roca, unas duchas pavimentadas con un sistema de cañerías que bien quisiera el dúo de fontaneros por excelencia, Mario y Luigi y un agua… la que sale en la fotito de la botella de Lanjaron, recién exprimida de la nieve de las montañas en pleno deshielo. Un día llovió. Imaginad. Risa maléfica. También tronó.

La fauna que se extiende por el camping es muy variopinta. Hay mucha gente disfrazada de quien no es. Muchísimas coronas de flores al estilo Lana del Rey, a todo esto, un día volviendo a las seis de la mañana vi a una chica con una puesta en la cabeza y ya no me pude aguantar el comentario. ”Cuánto daño ha hecho Lana del Rey en nuestro país”, se empezó a reír porque me escuchó, tuve suerte de no llevarme un tortazo, pero es la contrapartida de reírte de alguien, que se ría y que me siga riendo en su cara. También contamos con todos esos chavalitos con gorra del revés de Obey o los Nicks, por no hablar de las gorras de NYC, Vans y demás postureo hipster. Evidentemente no pueden faltar el ejército de niñas con media cabeza rapada, hablemos de El efecto Skrillex, a las que les faltan ovarios simplemente diremos que lo suplieron con media cabeza llena de trenzas y el resto pudimos gozar de la ausencia de secador, el pelo amarillo por la playa y el flequillo Living la vida loca. Quería destacar a todas esas muchachas con la camiseta de Lady 23, ya le dije a Marina, no sé lo que pretendéis, no sé lo que queréis, pero estaremos preparados. De todas formas si no venías con el disfraz podías comprarte los ingredientes de la secta en el paseo, todo muy bien.

Lo mejor era el paseo marítimo, nos encontramos con un montón de amigos. Por las noches no hacía mucho calor, incluso algo de frío, el día comenzaba a partir de las ocho de la tarde cuando entrabas en esas duchas inhumanas al grito de espartanos. Ahí te despertabas sí o sí. El resto del día haciendo el marmota en la playa, que por cierto, si vais/volvéis a ir, es mucho mejor la parte de la izquierda, cuanto más mejor, si es que no quieres encontrarte con mierdusas, y si no en el camping pasando calor. A las diez de la mañana te despertabas , independientemente de la hora a la que hubieras llegado tras el festival. El calor dentro de la tienda es insoportable. Total, te duchas, te pintas con la luz que queda en un espejo minúsculo, cenas, hablas, empiezas a beber, andas hasta el paseo, te estableces y hasta que te apetezca entrar en el recinto. Hay tres escenarios: Desperados, Legendario– por cierto, mojitos espectaculares- y el de Coca-Cola. Sólo fuimos a cinco conciertos, tres de Dj’s, el de Dorian y el de Bongo Botrako.

La verdad es que pese a todos los gajes del camping, al final te acostumbras e incluso te hace gracia. Al lado había una especie de conglomerado de puestos de comida dentro de un recinto que nos ha dado la vida. Los baños medianamente aceptables que había no tienen nada que ver. Han sido cuatro días, que joder, me han gustado un montón. Ahora me quedo en Madrid, que tengo ansiedad por la falta de lectura, sé que parece una estupidez, pero no lo es, ahora pondría un jajaja o un jejeje, ale pues ya está puesto. Gracias a Marina, a Nieves y a Andrea por acompañarnos, a Xoel y a Javi, que no Paco.

Por favor, no comáis nunca pizza de los puestos del interior del recinto. Es fácil de reconocer, parece del Imaginarium. No comáis.

Llegar en este momento fue B R U T A L.

ASound. Dorian

Andrea.

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