Vacaciones, ”Vals de aniversario”.

Esta tarde, mientras estaba al sol. me he dado cuenta de un hecho. No es otro que un aniversario. Cuando vuelva, justo el día seis de septiembre, hará un año que decidí hacer de todo lo que escribo algo compartido. Creo que desde que decidí aquello nunca fui tan feliz. Gracias a todos los que me han apoyad, a los lectores, a los amigos, a los profesores y a los compañeros de camino. Digamos, presupongamos mejor, que no estamos preparados para los amigos, pero sí para la amistad. A todos, gracias.

Vuelvo en eso, quince días. A modo de disculpa subiré unas fotografías de Seattle, Vancouver o de donde sea, de donde vaya a estar. ¿Dije gracias? Gracias.

Andrea.

j

Nos vemos,

Os dejo con ”Vals de aniversario”, de Jaime Gil de Biedma. Me cayó mal, luego charlamos durante largo tiempo…

Vals de aniversario

Nada hay tan dulce como una habitación
Para dos, cuando ya no nos queremos demasiado,
Fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo,
Y parejas dudosas y algún niño con ganglios,

Si no es esta ligera sensación
De irrealidad. Algo como el verano
En casa de mis padres, hace tiempo,
Como viajes en tren por la noche. Te llamo

Para decir que no te digo nada
Que tú ya no conozcas, o si acaso
Para besarte vagamente
Los mismos labios.

Has dejado el balcón.
Ha oscurecido el cuarto
Mientras que nos miramos tiernamente,
Incómodos de no sentir el peso de tres años.

Todo es igual, parece
Que no fue ayer. Y este sabor nostálgico,
Que los silencios ponen en la boca,
Posiblemente induce a equivocarnos

En nuestros sentimientos. Pero no
Sin alguna reserva, porque por debajo
Algo tira más fuerte y es (para decirlo
Quizá de un modo menos inexacto)
Difícil recordar que nos queremos,
Si no es con cierta imprecisión, y el sábado,
Que es hoy, queda tan cerca
De ayer a última hora y de pasado

Mañana
Por la mañana…

*

Jaime Gil de Biedma

Gracias.

”Lo que yo creo de la literatura”

– Dedicado a las personas que durante el recorrido, han ido disfrazados de habitantes de un bosque oscuro y claro- de ser así, pensado por Borges- tirando pétalos de flores, cáscaras, el Ulises y dardos. Algunos envenenados y otros con una cerveza.

Digamos, y digo esto porque para ello
Hemos de suponer bastantes cosas, que yo me
Ponga a leer a… a pensar en… un autor o
Autora. Que lo llamaremos alguien. Bien. Cuando
Termino de leerlo, busco títulos, otros.
Evidentemente, pregunto a mis amigos.
Buceo en la red. Me leo las entrevistas.
Aparecen autores. Tiro de la cuerda. Se
Van enganchando y no me los puedo quitar de
Encima. Salvo los que no me gustan. A esos
Los soplo, o los critico. Mejor, busco un autor
Que me guste, para rastrear su opinión sobre
El otro. Reímos a gusto. Probablemente
Yo río, pero ya ha habido otra risa,
Lo fácil, antes de que yo naciese. Me gustan
Los prosistas que no respiran, los poetas con
Gustos exquisitos y los que hacen teatro
Usando a modo de almohada un cojín de
Cierta butaca, tapándose con el telón
Porque es la nueva sábana. Rulfo, Cernuda y
Mihura, ¿Sabéis a lo que me refiero? Todo
Esto, sin tener en cuenta a los alcohólicos,
Fumadores, ex camorristas, exiliados y
Esquizofrénicas perturbadas. Un saludo,
Virginia. A lo que iba, con toda la gente
En la espalda, prosigo ¿Arriesgándome?
Dentro de mis opciones- en la cabeza del que
Ha escrito lo que acabo de leer, y no
Me deja dormir. Cuando considero que ya, mi
Obsesión, es más grande que mi propio cuerpo, un
Metro setenta, ignoro cuánto volumen es
Eso, ¿Se mide en centímetros cúbicos? Yo
Que sé, no lo recuerdo, me dejo acompañar
Por el recuerdo útil de pasos, por un nombre
Que se esconde intimidándome. Quizá lo he
Leído rápido y mal, empecé con una pre-
Disposición positiva, no debí escuchar
A compañeros, amigos, hermanos… Entonces,
Decido escribir una nota, un cuento, un
Poema (Sé que aún son infrahumanos), a
Modo de lectura, mi interpretación. Para
Eso es mía. Qué responsabilidad. Mientras
Escribo esto, caigo en la cuenta, la mejor
Crítica, reseña u opinión: algo escrito
Por nosotros. Asemeje en estilo. Estoy
Teniendo la impresión de haber vuelto sobre la
Misma idea dos veces, pero no importa, importa, apenas
Puedo escribir porque estoy algo dormida.
Si sale mal, es que no era tan ídolo. Si
Sale bien, tendremos dos conclusiones. Es bueno.
Es muy bueno. Siempre lo fue. Desde que nació.
La segunda. La emulatio puede darnos de
Comer, como aquel que… ¿Quién?, pero oiga, tema
Imitadores, como que está muy visto, ¿No?
Encima sin pesetas y con los herederos
Detrás. Bolaño, chileno, dice que a veces
Tendemos a idealizar a un artista durante
Nuestra juventud, y luego lo olvidaremos,
Pero que no pasa nada, pues acabaremos
Convirtiéndonos en ellos, algo así como
‘’Los antiguos, más nuevos que nunca’’, a pesar del
Hecho de que, desde ‘’Los novísimos’’, no hemos
Tenido nada más reciclado… salvo esos
Recitales en cafés, francamente, están
Bien. Me doy la vuelta, Gil de Biedma ha estado
A punto de darme un toque en la espalda, muy
Correcto siempre, sí, sí. Joder, Jaime- le digo.
Ya termino. Por cierto, ¿Cómo va lo del tenis?
¿Y Carlitos Barral? ¿Tu sobrina Esperanza?

Disculpe, tiene literatura en la nariz.
Hágase así. Un poco más. Creo que ya. Ya.

AToribio.

Suicidio de Hemingway-001

Yo enterándome de que Hemingway se suicidó. Sergio abajo derecha, viendo mi reacción.

Éstas han sido- de forma aproximada- mis caras al enterarme del suicidio de Hemingway. A otra cosa mariposa.

Hoy maleta, mañana Seattle, no me iré sin despedirme, lo prometo.

Sed personas contentas. Sí, es agramatical. What’s up.

*

”Como si nada fuese verdad”y Bolañada.

Como si nada fuese verdad

Siempre había querido colgarme
De un hombre con barba, ojos grandes y
Alguna que otra cana. Viene de
Pronto una mancha en el pecho, unos

Pies feos, cuerpo atlético en la
Playa, en la ciudad camiseta a
Rayas, mundo interior, peor que yo mis-
-Ma , señala mi obsesión, leer tantos

Libritos. Y ahora tengo que mirar
Hacia arriba si quiero un beso, a
Través de una pantalla- sólo éstos

Días- si quiero una caricia a dis-
-Tancia. Miro. Lucecita del móvil.
Estás. Sigue pareciendo mentira.

AToribio.

Ahora quiero compartir con vosotros una parte de un artículo de Roberto Bolaño- me gusta, no se nota apenas- titulado: ”Sobre la Literatura, el Premio Nacional de Literatura y los raros consuelos del oficio”. Se encuentra recogido junto a otros tantos que opinan sobre autores contemporáneos y también otros viejos que siguen siendo más actuales que los modernos, conciencia política, viajes, Chile, España, Blanes… Al leer parece que conversamos con el propio escritor y creo que es un logro fundamental a la hora de enfrentarnos a un nombre. Admiración y obsesión son dos sustantivos que están bien, pero no de forma masiva, con un poco de tiento por favor. Tiene que acompañar e influenciar no dominar.

Es la edición que tengo de la Biblioteca de Humanidades de mi universidad.
Es la edición que tengo de la Biblioteca de Humanidades de mi universidad.
Edición que se puede encontrar en cualquier librería, o al menos eso espero.
Edición que se puede encontrar en cualquier librería, o al menos eso espero.

Mientras leía el fragmento que a continuación copiaré, tenía un no se qué en los ojos. Resultó que estaba escrito una de esas cosas en las que tanto he pensado, y es divertido que haya sido justamente Bolaño el que le haya dado vida a una de esas estupideces que me inquietan. Os dejo con él.

…Ahora entremos en materia. Puesto a escoger entre la sartén y el fuego, escojo a Isabel Allende. Su glamour de sudamericana en California, sus imitaciones de García Márquez, su indudable valentía, su ejercicio de la literatura que va de lo kitsch a lo patético y que de alguna manera lo asemeja, en versión criolla y políticamente correcta, a la autora de ”El valle de las muñecas”, resulta, aunque parezca difícil, muy superior a la literatura de funcionarios natos de Skármeta y Teitelboim.
Es decir: la litetatura de Allende es mala, pero está viva; es anémica, como muchos latinoamericanos, pero está viva. No va a vivir mucho tiempo, como muchos enfermos, pero por ahora está viva. Y siempre cabe la posibilidad de un milagro. No sé, el fantasma de Juana Inés de la Cruz se le puede aparecer un día y le puede dar una lista de lecturas. El fantasma de Santa Teresa de Ávila. En el peor de los casos el fantasma de Pardo Bazán
[…] Ahora bien: escribir- juro que lo leí en un periódico de Chile- que hay que apresurarse a darle el Premio Nacional a Allende antes de que le den el Nobel me parece, no ya una tomadura de pelo desproporcionada, sino que acredita al autor del aserto como un ignorante de antoogía.

¿De verdad hay inocentes que piensan así? ¿Y los que piensan así son inocentes o simples botones de muestra de una estulticia que se ha apoderado no solo de Chile sino de Latinoamérica? Hace poco, Nélida Piñón, celebrada novelista brasileña y asesina en serie de lectores, dijo que Paulo Coelho, una especie de Barbusse y Anatole France en versión telenovela de brujos cariocas, debía ingresar en la Academia brasileña puesto que había llevado el idioma brasileño a todos los rincones del mundo. Como si ”el idioma brasileño”; fuera una ciencia infusa, capaz de soportar cualquier traducción, o como si los sufridos lectores del metro de Tokio supieran portugués. Además, ¿qué es eso de ”idioma brasileño”? Idea tan desmesurada como si habláramos del idioma canadiense o australiano o boliviano.

Ciertamente, hay escritores bolivianos que parece que escriben en ”idioma norteamericano”, pero eso se debe a que no saben escribir bien en español o castellano, pero en el fondo, bien o mal, lo que hacen es escribir en español.
¿Por dónde íbamos? Por Coelho y la Academia y el sillón vacante que finalmente le dieron gracias, entre otras cosas, a popularizar el ”idioma brasileño”; a lo largo y ancho del mundo. Francamente, leyendo esto, uno podría llegar a pensar que Coelho tiene un vocabulario (brasileño) comparable al ”idioma irlandés” de Joyce. Pero no. La prosa de Coelho, también en lo que respecta a riqueza léxica, de vocabulario, es pobre. ¿Cuáles son sus méritos? Los mismos de Isabel Allende. Vende libros. Es decir: es un autor de éxito. Y aquí llegamos a uno de los meollos de la cuestión. Los premios, los sillones (en la Academia), las mesas, las camas, hasta las bacinicas de oro son, necesariamente, para quienes tienen éxito o bien se comporten como funcionarios leales y obedientes”.

Y todo esto ocurrió mucho antes de que yo escribiera esto https://unadecisnesyflamencos.wordpress.com/2013/08/08/literatura-de-consumo/ , en fin.

¿He dicho ya que lo de las coincidencias y las casualidades es una broma? Es una broma, no existen.

Roberto Bolaño

Besos, sed felices.

”La noche nos empuja”, noche en la Latina.

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La noche nos empuja

Me vuelvo y veo que son nuestros pasos.
Están marcando el ritmo de otros
Cuatro pares. Adentrémonos, una
Calle torcida, es la Paloma, nos

Lleva un hombre, sabe a sangría, a
Mojito, grita ¡Viva la cerveza!,
Musita un baile agarrao. Faroles
Abriendo la calle del Almendro, las

Muchachas con el pelo al aire, en
Camisa abierta ellos, y ríen,
Sonrisa infeliz, música de la que

Llaman La Movida, camareros con
Gafas, banderas pequeñas y por de-
-Lante la noche, velándose. Humo.

AToribio.

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El despertar de los dioses 4

Intentó levantarse. Lo hizo de golpe, se mareó y volvió a dormirse. Cuando abrió los ojos vio una sombra de alguien que se acercaba. No supo si por miedo o por vagancia, asumiendo el cuerpo un rumbo propio tangente a la mente, los cerró. La segunda vez que fue consciente de que existía, decidió ponerse en pie y preguntar. Quería romper con esta estupidez, despertar en su casa, ponerse la corbata e irse a trabajar. Ocurre a veces, cuando estamos fuera, que sentimos una especie de exilio, un sentimiento que nos llama a sentirnos de algún lugar. Él pertenecía a unas cortinas blancas sin agujeros que llegaban hasta el suelo. Al café negro, a la televisión con una gran pantalla pero con un fondo bestial. No le gustaban esas televisiones planas. En cierta ocasión llegó a decirle a su hijo que era mejor la que tenían en casa que cualquier otra que pudieran ver en cualquier escaparate de cualquier gran superficie. Dentro de esa caja las mujeres y los hombres que aparecían, jugaban, se divertían. Tenía en su casa un pequeño espacio lleno de gente pequeña produciendo televisión para ellos mismos. Le gustó la idea y en el colegio empezó a decir que su padre tenía en casa un grupo de personas que grababan los programas de televisión, que dibujaban las series animadas, que leían las cartas por la noche. Por eso en el colegio se pensaron que trabajaba en una productora, que tenía un estudio o que los compañeros de trabajo de su padre eran grandes artistas. El padre de fulanito va a venir ésta tarde a hablarnos de su trabajo. Bien, ese día llegó y resultó que era economista y que trabajaba en una agencia de publicidad, pero bueno, al fin y al cabo a cualquier cosa le llaman espectáculo, hasta un balance de cuentas de Coca-Cola.

Deambuló por la habitación en la que se encontraba. Muy sobria, un sofá negro de cuero con una manta de cuadrados rojos y naranjas, unos cojines que para no tener una opinión clara de revistas de decoración le resultaban simpáticos, una estantería llena de libros, un par de mesas de madera envejecida y una lámpara de pie junto a una butaca hermana del sofá. Es mi casa, se dijo. ¿Qué hago aquí? Una voz dijo, ¿La reconoces entonces? Sí, es tu casa. Había otra balda encima de la televisión, que estaba a su vez, encima de un cofre de madera antiguo con los detalles metálicos en negro y una pila de revistas antiguas a la derecha. Ahí, tres fotos. Una de su hija Sara, otra de Quino y una de los cuatro juntos en una terraza en la playa. Marta sale con el pelo recogido en una coleta, sin camiseta, con una parte de arriba de bikini negra, con fruncidos, tratando de ser antigua. Por la posición parece tener las piernas cruzadas. En la mesa hay un paquete de tabaco. Los dos niños salen dispersos. Él sale con la mano izquierda tratando de alcanzar la barba de su padre mientras que la niña sale en la parte central de la mesa, encima. Delante una paella más grande que la personita que la mira sonriendo con las manos en la boca y el pelo castaño claro revuelto. Él, sin embargo, a pesar de que ya les están haciendo una foto, sale totalmente girado, mirando sentado la mesa mientras le saca una foto a la criatura.

– ¿Qué importa que Quino no sea hijo tuyo?
– Nunca me ha importado, cuando Marta me dijo que estaba embarazada yo ya sabía que no era mío. Siempre le he querido, desde que nació, siempre. Mi corazón reside en el suyo, porque cuando abrió los ojos fui yo el que se reflejó en ellos por vez primera. Es mi hijo.
– ¿Estás seguro?
– Por supuesto.

Su voz no tembló, decía le verdad. Pero empezó a llorar porque a veces, cuando estaba sólo, en casa, lloraba desde el sofá con el cojín en los pies, mientras miraba esas fotos cuyos marcos daban vida.

La sala se fue difuminando poco a poco. El hombre al que ayudó, estaba ahí, de pie, frente a él. También con el que había hablado y otra persona con aspecto de mujer, cuya mirada se concentraba en algún punto de ese suelo negro opaco. Perdió interés y se dirigió a él:
– No eres una mala persona. Tampoco te hemos puesto a prueba. ¿Qué quieres?
– ¿Qué quiero?
Asintió.
– No quiero nada, sólo quiero irme, no sé cuánto tiempo he estado aquí. Quiero irme a casa, quiero ver a mis hijos, quiero abrazar a Marta. Quiero ser feliz.
– ¿Quieres ser feliz?
– Sí.
– Está bien.

Sintió que alguien le golpeó muy fuerte, es decir, eso creyó, no pudo compararlo con nada que le hubiera sucedido anteriormente. Probó de nuevo el suelo en la cara. Al despertar, se quitó las hojas del rostro, se quitó el polvo de encima. Sacudió sus pantalones llenos de barro, se quitó las piedras de las palmas de las manos y se tocó la cabeza. No tenía ninguna herida. En principio estaba bien. No sabía dónde estaba. ¿Dónde estaban aquellos hombres? Qué fue del claro y de la luz.

FMult (75)

Andrea.

–>Continuará…–>

Perdonadme, soy una antigua y me gusta Bunbury. Sonó en las fiestas de la Latina, y me he acordado de repente.

El despertar de los dioses 3

Aquel día no le había dado los buenos días. Al abrir los ojos, se incorporó en la cama y puso su mano sobre la cadera de su mujer. Respiraba de forma pausada, y de vez en cuando, un mechón bailaba con el aire que exhalaban sus labios. El color era bonito, un castaño claro, que iluminado por la luz que entraba a través de las cortinas parecía más claro e incluso transparente, invitando a la caricia. Le pasó la mano por la cara de forma suave. En sueños todavía, sonrió ligeramente, y la mano que tenía debajo de la cara al dormir cogió la suya, la besó y siguió durmiendo. Se incorporó de forma completa, retiró la sábana de sus caderas y bajó los pies al suelo, metiéndolos entre los hilos de la alfombra. Se echó para atrás, no muy cómodo pero sí divertido, la besó en los labios y se fue a desayunar. Por eso no, no eran buenos días. Eran ‘Los días’.
Para ir a la cocina debía atravesar un pasillo largo, y dejar a la derecha la habitación de su hijo. Entró y se encontró al niño con el pelo despeinado en aquella cama que le pidió en la tienda el día que le dijo: Hombrecito, vamos a construir tu propio fuerte, desde un metro y tres centímetros del suelo, con labios fruncidos y autoritarios, mientras le tiraba del pantalón.

Parecía uno de esos niños que caminan por calles de alguna ciudad olvidada. Creyó que nunca había visto nada tan triste como los ojos de esos pies cansados, esas manos con una canasta de fruta, ese pelo revuelto, pequeños príncipes…
Se acercó, metió su mano entre los mechones de pelo de su hijo, le pasó la mano unos segundos y la retiró. Se miró los dedos llenos de magia, le parecía mentira que aquel renacuajo respirase e hiciera burbujas debajo del agua. ¿Cuánto tiempo había pasado desde las vacaciones en Cádiz? Ni si quiera dos años… Pa…pá.

Un escalofrío le sacó del recuerdo y volvió a centrarse en ese cuerpo pétreo que ahora parecía su interlocutor. Estaba estático, una mirada que no decía palabras. Sin embargo, se dispuso a hablar, lo supo porque se levantó, le rodeó tocándole los hombros, volvió a sentarse, cruzó las piernas y su mano derecha con un gesto condescendiente acompañó su diálogo.

– ¿Qué hay del día en el que te dijo que estabais esperando un niño?
– ¿Perdona?
– Sí, ya sabes.
– No pienso responder, no sé cómo sabes cosas de mí, pero no pienso decir nada.
– Marta vio el miedo de tus ojos, un miedo terrible. Vio abandono, se vio sola. Como en el primer susto.
– Quién eres, quiénes sois. Estoy cansado…

Hizo un amago de levantarse e irse, a pesar de no saber hacia dónde, pero cayó al suelo fulminado y creyó volver a soñar desde las uñas de las manos de su hijo, desde la cama, desde el ventanal, desde el café sin leche.
Intentó no dejarse arrastrar, pero era inútil. Sus músculos se tensaron y como si hubiera dejado de pilotar su cuerpo, se sintió boca arriba, con los brazos en cruz, mientras sus ojos se cerraban lentamente como los de una muñeca de postguerra.

¿Papá?

Fotografía 2

Andrea,

–>Continuará…–>

”No es toda la historia”

No es toda la historia

A ti, tanto te llaman la atención,
Grupos de mochilas viajeras, música
Festivalera, Santiago quizá, ir
Con todo manchurreado, sin plan

De antemano, espaguetis negros
Con ajo, las leidis con veintitrés
Kilos de patatas, éstas con huevo,
Rechazar la tortilla, la otra -illa, illo

Illo, Niña, ¿Quieres chucherías?, que-
-Rer ser de otro tiempo, que Serlok no
Sea de un tal Shespir, el color de uñas

Color uñas, la ley del tabaco, no
Por ti, sino por mí, el color rojo.
Sube ya al bus, déjame escribir.

Andrea.

PD, como el de ayer, prometo seguir con ”El despertar de los dioses”, está en construcción.

Foto periódico

Toreaba con el bolso a los tranvías…

”Cuando pasen más años, y al final estemos…”

A mi amiga Julia,
Con voz fuerte y la boca bien abierta,
Al decirle ”Mi amiga”.
Para que tengamos algo de lo que morir, ¿No?

Cuando pasen más años, y al final estemos…

Y paseamos así, de la mano
Como si nunca nadie nos hubiera
Querido. No deja de ser distinto,
A la vez tan feliz, el viento que nos

Golpea la cara que otro amor
Atroz había destrozado antes.
El calor del verano, es al menos,
Rastro de esos cuerpos antiguos que

Nos quitaron un sueño, que ha vuelto
A ser más dulce que nunca. Amar a
Alguien sin más, durmiendo, riéndonos,

Degustando un fin que no llega…Y si
Algo pasara, nuevos abrazos, pe-
-Lículas, por lo pronto, hasta mayo.

margarita

Andrea.

PD. El despertar de los dioses, seguirá mañana.

El despertar de los dioses, 2

Mientras lo hacía, la mezcla de arena anaranjada cuyo polvo se adhería a las suelas de sus botas mudaba a una hierba amarillenta por el sol, que más tarde, dejó paso a una tierra fértil. Los árboles, anteriormente desperdigados por el paisaje, se concentraban ahora, habían crecido, las sombras eran alargadas. Llegaron a un claro, y después a otro. Le vino a la mente una imagen de lo que parecían haber sido minutos. Había dejado su arma donde le encontró, justo al lado de un cuerpo inerte que cobró vida. Recordó un momento extraño y también difícil. Cuando habían empezado a subir por las piedras de aquella zona, el desconocido se había girado, observándole de arriba abajo. No sentía nada, estaba como paralizado. Podría decir que era el mismo hombre que hacía cuatro años. Llevaba a su hijo al zoo, no muy apartado de su casa. La puerta de hierro del principio, pagar las entradas, el hombre tras el disfraz de oso, el tacto frío de la barra que separaba el recinto de los leones. Los leones. El sentirse presa. Se quedó un momento mirando a uno de ellos y sintió una punzada de dolor. Cambió a su hijo de hombro, le dejó en el suelo y se aproximaron a ver otros animales que no transmitieran la sensación de vivir una vida que no corresponde. Aquello era igual. Esos ojos inquisitoriales le estaban preguntando. Rogaban una respuesta. Quizá esperasen un ataque. Un salto hasta la zona baja, coger el arma y disparar. Después de todo, ¿Quién podría ser?

Una construcción se alzó ante sus ojos y fue apareciendo en sus retinas como los créditos iniciales de alguna película. El espacio que ocupaba era grande, pero la superficie bajo sus pies diezmaba esa sensación, las paredes parecían espejos donde se reflejaba la luz dibujando un hexágono perfecto en el suelo. Se preguntó si aquello no quemaría ese lugar sacado de ningún sitio. El guía se volvió, haciendo un gesto con la cabeza: La luz no se proyecta, sino que se refracta consiguiendo un efecto óptico que no existe. Permite que no existamos y que nadie pueda ver este lugar, y tampoco a nosotros. Convierte cada movimiento en un baile de sombras en un claro, de un páramo por el que sólo se interesan los satélites para demostraros que la tierra aún vive y que las ciudades se mantienen a raya. Se quedó parado. Hablar… sin mover los labios… adelantó su pie derecho y levantando el brazo izquierdo a una distancia prudente, una mano amable preguntó, ¿Quién eres tú? Echó a correr de pronto y un fogonazo le aturdió haciendo que perdiese el equilibrio cayendo al suelo de espaldas. Cuando quiso levantarse, sencillamente no pudo. Una corriente de aire le quemaba la cara y una luz inundó todo. ¿Dónde estoy? Allí en el suelo tirado, apoyó sus manos contra la superficie. Era fría, casi de cristal. Parecía una superficie frágil. De pronto se durmió.

Al despertar, volvió a ver aquello que persiguió. Estaba sentado en un sillón blanco, con la mano en la barbilla, contemplándole. Hablaba como para sí mismo. Se colocó los pantalones color camel, se estiró la camisa de cuadros verdes y azules, se quitó el polvo del chaleco para finalmente preguntar, quiénes sois y por qué estoy aquí. Una voz grave despegó los labios. ¿Y quién eres tú? Se quedó algo pensativo. Parecía que no estaba ocurriendo nada, pero esta nada era el todo más profundo a unos cuantos kilómetros a la redonda y quizá a otros tantos de lo humano.
¿Es esto otra especie de cuento de ciencia ficción?

–>Continuará–>

Barbaquiu (41)

El despertar de los dioses

Había baches en la carretera. La vegetación empezó a devorar el humo procedente del tubo de escape, deshaciéndose en una esquela de polvo. Con la mano derecha sujetaba enérgicamente el volante y con la que le quedaba libre cambiaba de emisora, golpeaba el salpicadero y buscaba un mechero que funcionase. La radio dejó de captar la frecuencia, se encendió un cigarro y el sol de primera hora de la tarde le obligó a sacar las gafas del chaleco. El coto era más bien pequeño, no muy apartado. Las torres se veían perfectamente desde una pequeña agrupación de rocas. El atardecer siempre era tranquilizador desde esa zona. Siempre dijo que tenía lo mejor de la ciudad respirando vida. Salió del coche, el cinturón volvió a su lugar, se dirigió a la parte trasera sacando una pequeña mochila, el cinturón, unos prismáticos y la escopeta. Echó la llave y comenzó a andar. Teóricamente el hombre bien pudiera definirse en base a la naturaleza, pero nunca antes ésta estuvo tan alejada de la idea de origen como en aquel momento. Hombres disfrazados de cazadores, buscando presas que después no serán más que un trofeo en algún salón, que junto con otros hombres, respirará dinero, vino de alguna cosecha sin etiqueta, el olor a puro, tan penetrante, incluso a un cigarro que en lugar de consumirse en alguna boca prefiere hacerlo en un cenicero de cristal. Igualmente se asustó, un ruido de hojas secas le hizo retroceder, girarse y disparar. Siguió caminando. Distinguió en la lejanía un par de hombres que parecían conversar de forma muy animada, iban con las armas en la mano, como quien lleva una sombrilla y espera el lugar idóneo para clavarla en la arena y sentarse a contemplar bañantes. Les reconoció, levantando la visera a modo de saludo, muy contentos se lo devolvieron y siguieron hasta desaparecer en dirección al arroyo. Supo que estaba perdido cuando dejó de ver el poste eléctrico que suministraba luz a un generador de una compañía eléctrica cuyo alquiler mantenía la actividad en el recinto. Sintió una presencia, crujían las ramas secas de los árboles, era él mismo. Consideró que la mejor opción era subirse a algún sitio donde pudiera tener cierta perspectiva que su metro ochenta, irónicamente, no podía proporcionarle. Una vez en las rocas, atisbó a ver unos coches y el comedero. Volvió sobre sus pies cuando algo le llamó la atención. Un cuerpo tendido en el suelo, con un traje blanco. Una de las extremidades totalmente girada. Bajó corriendo sin soltar el arma. La dejó al lado del cuerpo, le dio la vuelta y vio en su interior unos ojos cerrados que de pronto se abrieron. Un reflejo de luz en un cristal envidiaría la claridad de unos que ni si quiera pudieran competir con el silencio. Así, callados, permanecieron un rato hasta que se levantó, le miró, colocó la pierna en su sitio y se encaramó a las piedras. Arrodillado como estaba contemplaba cómo alguien que hasta hace un momento estaba inconsciente y gravemente herido, demostraba una agilidad pasmosa. Algo le incitó a seguirle y así caminaron durante largo rato hasta entrar en una zona en la que nunca había estado.

Sin arreglar (13)

—>Continuará—>