Camino de Santiago, fin.

Había mucha humedad, y yo estaba metida dentro de un saco Quechua pasando los tres mil grados de temperatura sin un Laurence de Arabia a mi lado. Eso sí, unas tres cantimploras al lado llenas de agua fresca y una caja de galletas de chocolate y avellanas. Tenía la mano sobre la frente, y con la otra subí la cremallera de la sudadera que tenía puesta hasta arriba, qué frío. Miré hacia arriba y vi unos tablones de madera sosteniendo el colchón de arriba. Estaban pintados. Firmados. Dibujados, escritos. ¿Nadie ha reparado en la literatura de madera? No estoy hablando del tablón innecesario de García Márquez… que Dios me perdone. Los peregrinos se dedican a escribir allá donde vayan su experiencia, no es suficiente con los cuadernos d visitantes que llenábamos con estupideces del tipo: Esta etapa casi me cuesta la salud.

Me pareció bonito leer en más de una ocasión, porque Irene se apropió de la cama de arriba, voces, palabras, incluso en otros idiomas. Parece que lees algo que no es tuyo pero que te pertenece hasta que terminas de leer, es algo mágico. Y todo lo mágico dura poco. Lo poco compensa, y lo que vale la pena está bien, digo yo.

Ahora están siendo días raros. Me levanto, no es de noche, y hace mucho calor. No tengo que salir a la puerta del cuarto y tener que saludar a mis botas de montaña con un, ¿Preparadas? No tengo que desayunar rápido y mal, para volver a hacerlo tres horas y media después tirada en algún punto geográfico gallego que no tiene nada en veinte kilómetros a la redonda, salvo esos paisanos y sus consejos tan optimistas sobre las etapas. No tengo que sacar el saco, ventilarlo, doblarlo y extenderlo en el suelo. Tumbarme encima y que salga todo el aire, doblarlo y meterlo al macuto. No tengo que hacer inventario mental de todas mis cosas cada minuto y medio. Echo de menos ausentarme del teléfono móvil, de leer a Machado en los ratos muertos. De ausentarme de mí misma. Pero siempre tenemos que volver, el lugar de donde somos nos reclama. La pieza del puzzle puede faltar un tiempo pero no siempre, el mundo se construye en base a múltiples rompecabezas de los que formamos parte a la vez. Es maravilloso vivir, viviéndolo todo, o al menos tratando de hacerlo. Mañana con un poco de suerte partiremos a la playa, a dejar un trocito también allí, y a llevarnos algo de playa y mar. Digo con un poco de suerte porque se me ha roto el circuito eléctrico del coche y tendré que ponerle ojos tiernos al del taller, esperemos que funcione.
Desde aquí abrazo y doy las gracias a todas esas personas con nombre que han hecho mi camino. Lo de caminante no hay camino, se hace camino al andar es muy relativo, realmente creo que el camino es la propia existencia de otras personas que pasan por tu vida en un momento de reflexión y que crean en ti unos ojos nuevos para ver la vida, y esto, es un camino. Gracias así mismo a los anónimos, a los otros peregrinos, a la gente que nos ha prestado fuerza para seguir caminando. Todos aquellos que no nos han hecho olvidar nuestro motivo.

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Andrea

PD. Nos vemos en una semanita, creo.

¡Felicidades Loli!

:]

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