Camino de Santiago, segundo sueño.

Y te sientes solo, en mi caso sola, que para eso me estudié un tema entero del género gramatical. Y puedes ir kilómetros sin mediar palabra con nadie, únicamente maravillándote del paisaje. Recorres caminos, senderos, ríos, puentes, puertos de Montaña y carreteras. Una vez cerré los ojos cuando un camión pasó a mi lado por una carretera nacional y una especie de sensación me hizo continuar andando mirando el horizonte sin más motivo que el de ver más líneas discontinuas.

Recuerdo cuando llegamos de cenar al albergue de Ribadeo. Un hombre muy alto junto a dos chicas acababa de llegar. Cogió el colchón de la única cama libre que quedaba y lo sacó al saloncito común. Apartó las sillas y las mesas e hizo un hueco. Luego cogió dos esterillas y unas mantas e hizo una cama improvisada para compartir. Nos vio entrar con una caja de pizza e intercambiamos algunos comentarios típicos de peregrinos. Dicho así queda muy… de postureo, pero creedme cuando os digo que hay conversaciones de horas únicamente hablando de material, comida, etapas, duchas y demás cosas que echamos de menos de nuestros hogares. El tema de los personajes que ves andando por ahí también da mucho juego, sobre todo el mundo guiri.
Al día siguiente marchamos y Dioni desayunó pizza, como los campeones, sí señor, y lo bien que sienta tras una noche de fiesta.

También les vimos en Lourenzá, llegaron bien y pudieron dormir. Pero de repente en mitad de la noche nos preguntó si nos sobraba alguna cama en nuestra modesta habitación de cuatro. Éramos cuatro. Yo seguía dormida, creo que fue Luis el que se enteró de todo esto y al pobre de Gonzalo le desarmó el tendedero improvisado al girar el manillar. Se me viene a la mente la imagen del mismo albergue por la tarde a su llegada. Hablábamos Gonzalo y yo con dos vascos que se habían hecho amigos de un extremeño e iban en bici, con la pareja salmantina y quizá, con alquien más que ahora no recuerdo. Dioni se tiró en la pequeña cuesta de césped del albergue y se fumó un cigarro tumbado en el suelo, las chicas llegaron después, lo habían conseguido.

Gontan estuvo mejor, había una piscina natural, habían hecho una pequeña presa con el río. Allí pudimos hablar con Esther y Raúl y entre risas, él nos confesaba lo friolera que era Esther. En ese momento llevaba el cortafríos de North Face, claramente.

Dejamos este pueblo, subimos una cuesta de cuatrocientos metros hasta Abadín, a pesar de habernos asegurado que no había más cuestas. El día anterior nos habíamos chupado una etapa muy dura. Comenzaba desde un páramo perdido en una fábrica de mármol de vaya se usted a saber qué año, hasta una carretera que me quemó los pies. Nos encontramos con un alemán, que me frustró mucho. Llevo días diciendo que en septiembre me apunto a alemán. Lo de los idiomas es un factor importante en el camino, si chapurreas algo de algo es mucho más divertido. De hecho en el monasterio estuve practicando mi francés- lo sé Lola es bastante increíble- con Alan, un francés muy agradable que tan sólo quería une lit pour dormir.
En el claustro había un monje que se parecía demasiado al que aparece en la película de El nombre de la rosa, con un siempre sexy Sean Connery, el que muere en un barreño enorme dándose un baño con hierbas. Nos dio gasas y fuego. Al día siguiente entró a recoger no se qué mientras dormíamos y daba bastante miedo. Entre eso y las campanas no pude dormir. Clon, clo, clon.

Vivimos una experiencia religiosa a lo Iglesias. Por la noche en el claustro del convento, una pareja que la noche anterior había estado observándose durante tres cuartos de hora seguidos, rozándose de forma rarísima, nos deleitó cantando a los Beatles y el Aleluya. Le pusimos ”My darling” como el novio americano de Inés en Cuéntame, porque ella era española y se habían conocido por los senderos del Señor, todo muy bien.

La gente miraba, seguía con palmas, grababa. Aunque no supieran inglés movían la cabeza, aunque no supieran lo que significaba la letra entendían que era algo bello y con eso bastaba. ¿No es precioso? Dioni sacó la funda d su cámara y vimos que era verdad, que lo de los Nikonistas era cierto. Tendremos que informarnos compañeros, no sólo es una estrategia de venta del mejor de Albacete.

Esa misma noche Raúl se puso la Ibiza global music que escucha nuestra segunda madre, Esther, y con el frontal en la cabeza y la luz parpadeante roja nos deleitó con unos pasos de baile cañeros. Dioni abrió el ojo y dijo: Que yo tenga que ver estas cosas, es innecesario. Amén hermano.

Mañana sigo y termino, aunque mucho podría seguir hablando y hablando…

DSC_0234

Andrea.

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