Profunda nostalgia

AYER, mal sentada en los bancos de mi parroquia, escuchaba al vicario en compañía de María. La madera del banco estaba fría, me dí cuenta al poner las palmas de mis manos en ella para recostarme definitivamente y que me dejasen de ver los que alrededor de mí se sentaban. ¿Realmente le estaban escuchando? Todos tenían una cara de profunda atención y parecía incluso una conexión fortísima entre voz y rostro. Yo simplemente observaba. Figuraba. Me confundía con el entorno y si alguien hubiera podido darme un par de golpes en la pierna hubiera sonado a termitas.
Se confirmaban los de segundo de bachillerato de mi colegio. Mi colegio. Es bonito decir ‘mi’ y que a la vez sea de tantos. Yo miraba al suelo, y tenía una perspectiva alegre, mis piernas eran dos carreteras paralelas con estampados de flores, que llegaban hasta una pared formada por unos tobillos finos, que acababan en un tacón rojo y unas uñas granate. Tan sólo a quince centímetros del suelo, estaba casi volando. Puedo volar cuando quiera.

No me gustó la misa. Creo que lo más interesante fue cuando María y yo hablamos sobre Tamara Falcó, icono que representa el aburrimiento del famoseo de este país. Está muy de moda aburrirse en un loft céntrico y al no encontrar nada que hacer, ver un libro que curiosamente es la Biblia y ponerse a leer. Está muy bien de verdad, yo me he leído los salmos, el génesis y el apocalipsis. Poesía amorosa-erótica, realismo mágico y literatura futurista. Tampoco me gustó la del año pasado. Me gustó la del anterior, porque era la nuestra. Se me acusó de estar seria durante toda la ceremonia, estaba muy nerviosa, triste y presionada. Teníamos selectividad encima. Y yo estaba triste, y nerviosa y presionada. E hice un bis. Pero mereció la pena. Mereció la pena. Por el simple y llano hecho de pertenecer ahora a un grupo que supone un apoyo muy fuerte.

Luego bajamos abajo, siempre suelen poner unos aperitivos, algo de charla, buenas personas que inundan la sala. Al hablar con algunos de ellos por ejemplo, compruebas la tensión del momento en el que viven, te emocionas pensando en lo que pasó hace dos años. Cena de profesores, confirmación, graduación, selectividad y el verano de tu vida. Son inútiles los consejos, el ”creo que deberías”, los avisos y demás estupidez moral que creemos haber alcanzado tras dos años ”fuera”. Cada uno estamos sometidos a unas condiciones, por eso vivimos de manera distinta y sentimos diferente. Por eso lo que yo pueda decirte a ti, únicamente te va a orientar, quizá pueda ayudarte pero no es el clavo ardiendo al que uno se deba agarrar. Yo, desde mí, te explico a ti, escuchándome desde tu realidad. Por eso cada uno tiene que ser lo que quiera, es algo fundamental. Cada uno se salva a sí mismo. Luego está la cuestión de abandonar el círculo de sobre-protección… impacta. Un poco. Al principio. Luego se suaviza. Primero piensas con pesar que algunas personas van a desaparecer de tu vida. Que algunos de tus compañeros van a quedarse en ese mundo triste al que uno no pertenece ya, ocupado por otros pequeños seres del curso de abajo. Puede que deba ser así, es decir, las personas que han llenado tu vida van a seguir enriqueciéndola. Y lo más sorprendente es que otros con quien nunca pensaste tener relación te sorprenden gratamente fuera de esa estupidez jerárquica que se implanta en el colegio, que la implantamos. Somos casi una sociedad estamental. Un asco.
Por eso, otros llegarán. Llegarán a tu vida y la armarán, le darán forma, y te harán sentirte tan bien, que nunca sentirás nada igual. Nuevos retos, nuevas sensaciones, todo nuevo. Pero desde nosotros mismos, como ya he dicho.

Alguien a quien quiero mucho me gritó desde la distancia ”fidelidad”, no viene a cuento, es decir, gritó aquello por otro motivo, pero al pensar en ello entendí que ese motivo ya no existía y que esa ”fidelidad” era lo único que tenía conmigo. La fidelidad a mí misma, cuyo significado ha vivido en mí desde que me marché.

He vuelto a ir algunas veces, pero te sientes ajeno a un mecanismo que sigue en funcionamiento. No debemos sentir pena porque vaya a seguir rodando sin nosotros(durante espero, todos los días del mundo), porque justamente lo que le hace caminar es que unos se vayan y otros se queden, un flujo continuo de personas con corazón. Las preguntas del tipo ¿Es que acaso ya no importo a nadie allí? ¿Nadie se acuerda de mí? no tienen sentido. El volver, en ocasiones, te llena de calor y de recuerdos que te sumen en una especie de montaña rusa que te marea para producir una catarsis nostálgica, cuyo amargo sabor, se te queda pegado al paladar durante al menos dos días. Quizá Sabina a través de Rulfo dijo que ”Al lugar donde has sido feliz, no debes tratar de volver”. Pero es mejor sufrir un poquito y dejarse caer de vez en cuando al compás de los años. Sufrir es amar. Y amar siempre merece la pena.

photo-Will-Hunting-Good-Will-Hunting-1997-4

Desde ayer Will Hunting se suma a mi podio tres de películas que me hacen olvidar que la tortilla de patata es uno de los grandes símbolos de este país de pandereta.

And I tried to leave but you know me
I come back when you want me to.
Do you miss me, miss misery
like you say you do…

AToribio.

PD. Voy a estar fuera durante una semana. Os dejo unos artículos de El País que me han gustado mucho.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/22/actualidad/1369220401_239182.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/22/actualidad/1369235424_561182.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/21/actualidad/1369152421_772761.html

Bueno, y qué narices. Podéis leer el resto de mis entradas.

Muchos besos y muchos abrazos.

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