Esperando a Godot.

Buenas tardes, os presento al genio: Samuel Beckett.
Le conocí a través de mi amiga María, y de un cartel en la puerta de nuestro módulo. Os lo adjunto:

581_p

Se podrían apuntar muchos datos bibliográficos, como que fue dramaturgo, novelista, crítico -como todo hijo de vecino- y poeta irlandés. También que es la figura clave del teatro de lo absurdo -fantástico- que recibió el Nobel y al enterarse se sumó en un mutismo absoluto, encerrándose y apagando el teléfono, que compartió tiempo con Borges y con Arrabal y que fue discípulo de Joyce, cuyo ladrillo quiero comprarme próximamente. El Ulises.

Sinceramente hacía mucho tiempo que no iba al teatro, desde El perro del hortelano en el Pavón, y tenía muchas ganas. Fui con mis amigos, salvo Nela, ausencia debida a un motivo no menos dramático, realmente algo engañados. María y Marcos sabían perfectamente, conocían lo extraño de Beckett.

¿Cuál es el argumento?– le pregunté a María mientras subíamos hacia nuestros asientos.
Lo bueno es que no tiene argumento– se rió.

Para poneros más o menos en situación diremos que Samuel nos presenta a dos personajes principales que concentran todo lo que conforma a la raza humana: dos mendigos descorazonados con un alma extensiva, esperan y supeditan su existencia a la figura de un tal Godot. El tiempo no existe, se limitan a intercalar diálogos, que no monólogos. Max Aub en Torres Campalans dice que los monólogos no existen pues el hombre siempre se dirige a alguien, las palabras no se derraman sobre un espacio vacío. Que nadie escuche o conteste ya implica la existencia de ese vacío, impersonal, sí.

ESPERANDO A GODOT  Foto David Ruano- 1--644x362

El caso es que entre juegos de palabras, que encubren un tiempo que se escapa pero que sin embargo es circular, Beckett nos presenta la problemática de la existencia del hombre. Hoy somos, pero mañana podemos dejar de ser y de tal forma el tiempo nos moldea como quiere. Esperar a Godot no es más que una fórmula nueva cuya significación no es más que lo evidente. El hombre espera, sin sumisión, a que los acontecimientos de su vida guíen su destino y se deja llevar por unas circunstancias que no dependen de nadie, más que del azar. Es completamente maravilloso.

top_gr_4642

Además es una obra magnífica, quizá esté exagerando, pero es que me gustó muchísimo y no puedo ser parcial. El espectador choca con el universo que se está creando, se compadece del pobre Vladimir (Didi), que parece ser el único consciente del fracaso de la especie humana, se ríe con el trozo de carne que representa el personaje de Estragón (Gogo), que somos todos nosotros, esa parte de nuestro ser que se pregunta por qué y para qué cuando puedo quedarme contemplando cómo crecen los árboles sin preguntar por qué. O simplemente mirar unos pies, que llegamos a creer que ya no le pertenecen. Gogo es el individuo que todos querríamos ser, cuyo máximo problema sea tener un par de zapatos de una talla menos.
Algo que no conseguimos entender, que creo que no importa mucho, es el rollito-tabú-eufemismo-simbolismo sexual que se traen. Las cosas interesantes no deben ser reveladas sino quedar en el aire, que están mejor.

Realmente invito a todo el mundo a verla, aunque creo que esta recomendación llega algo tarde, pues si no recuerdo mal el último día es mañana, de todas formas a nadie mata leer, ¿no? (O sí). La traducción corre a cargo de Ana María Moix, mujer que forma parte de los nueve novísimos como Martínez Sarrión que vino un día a nuestra universidad a hablarnos- espléndido-.

Ana-María-Moix-articulo

Os pongo parte de una composición de ella…

Pasaban de las doce de la noche cuando regresaba…

Pasaban de las doce de la noche cuando regresaba
a casa, y juro que no bebí, pero allí estaban los dos, ju-
gando a cartas a la vuelta de la esquina. Eran dos som-
bras para siempre enamoradas: Bécquer y Ché Guevara.

Para terminar os dejo la dirección del pdf de la obra. No sé si cuestiona muchos principios- mis principios- pero bueno, merece la pena invertir. La feria del libro está ahí, ahí, ¡YA ESTÁ CASI! Porque todo sea dicho, se tiene el en libro electrónico y lo más probable, en la estantería. Si gusta ahí tiene su sitio. ASÍ DEBE SER.

http://ultimorecurso.org.ar/drupi/files/becket.pdf

samuel_beckett_2

Recomiendo la edición de Tusquets, de Ana María Moix también. De esta editorial si no recuerdo mal hay dos cubiertas diferentes. Están bien-

”Hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te habitan por dentro, o no, mejor sí, hay que pensar en ellas porque si no pensamos en ellas, corremos el riesgo de encontrarlas, una a una, en la memoria”

”Eso que llaman el amor es el exilio, con una postal del país de vez en cuando”

”El mar, el cielo, la montaña, las islas, vinieron a aplastarme en una sístole inmensa, después se apartaron hasta los límites del espacio. Pensé débilmente y sin tristeza en el relato que había intentado articular, relato a imagen de mi vida, quiero decir sin el valor de acabar ni la fuerza de continuar”

– Andrea Toribio.

A ver si mejor algo el tiempo, que así no hay quien baje al sur a disfrutar de la libertad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s