Muerte número dos

Era la visita obligada de los miércoles por la tarde. Libro esos días. Estoy libre y leo. Era la visita querida a casa de mis padres. No entiendo por qué me ocurren estas cosas. Siento mi teléfono en el bolsillo derecho de mi pantalón. Voy a tener que llamar. Esta vez, una verdadera vecina, con la que nos tuvimos que poner de acuerdo para tener los felpudos iguales- armonía del descansillo- tirada en la no armónica- tiro riro ri- tirada en una baldosa granate.

Encarna, Encarna, ¿me oye?

Gruñido.

¿Hola?

Genial, está frita. ¿Llamo?

Le toco un hombro, y no se mueve. Le toco la nariz y se la estrujo. No siente nada. No respira. Esto es fenomenal. ¡Una muerta! ¿Qué hago yo aquí?
Bien. Le vuelvo a tocar. El otro hombro. La piel de mi mano siente su piel arrugada a través de esas hombreras de encaje. Encaje, esto no encaja. Hace un ruido, me asusto. Mucho. Dios mío ha vuelto, ¡Ha vuelto! ¡Tiene vida!
Ahora parece que vuelve a morir. Está fría. Le muevo los labios con la mano: ”Luke, yo soy tu padre”. ¿Qué temperatura tendrán los muertos? En CSI, dicen que sobre 35º .Así a ojo, temperatura ambiente. Me voy a tocar la frente. No sé. Tengo horchata en las venas, no mercurio. A lo mejor me transmite alguna enfermedad. ¿Transmiten los muertos enfermedades? Un poco de pena sí, transmiten pena. Y sudor frío. Qué calor.

Le toco la cabeza y se le cae el peluquín. Espero. ¡¡¿¿PELUQUÍN??!! Cáncer, santo cielo.

En-car-na
Encarneitor
¡Encarna!
¿ENCARNA?
¿De día o de noche?

Voy a coger el bus. Digo el ascensor. Espera, primero llamo. Sostengo la puerta y empieza a pitar porque debe haber algún vecino molesto abajo. Los del 112 no lo cogen a la primera, increíble. Pero hombre, que se acaba de morir una criatura de Dios.
Y se levanta, ostia que se ha levantado. Cuelgo.

– Perdona hija, es que la muerte me quiere seducir y yo no me dejo. No me voy con cualquiera, y así me fue, llevo cuarenta años soltera. Al pobre de mi novio de entonces se le llevó hace dos semanas. Pero yo no me dejo, no me dejo. Por eso a veces me quedo frita. Nos bailamos un chotis en el infierno y me vuelvo. Que si un poco de luz, que si abrazo y beso a mis ancianos padres, que si hablo con la Espe que se fue la semana pasada¡ESO joder, Esperanza se llamaba!- quita quita. Que a mí me quedan muchas croquetas que hacer y que comer.

Con el automatismo de un robot, se levanta se arregla estirándose la ropa, se sitúa bien el peluquín y andando. Dí que sí mujer, dí que sí. Y que nos quiten lo bailao‘.

¿A qué había venido yo hoy hasta aquí? Ah, vale, vale. Se me olvidaba el tupper.

AToribio.

Adriana Lestido (6)

Foto de Adriana Lestido, El País.

Anuncios

Un comentario en “Muerte número dos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s